Bajo las sombras de Carl Sandburg y las doradas espigas de los campos de américa

Bajo las sombras de Carl Sandburg y las doradas espigas de los campos de américa

«A través de praderas, hacia la difuminación azul y el aire oscuro «…
(Poema Limitado).
Carl Sandburg.
A : MVJM.
In Memoriam: Norberto James.
Que vivió en el Beechwood Road, de Nueva Ingleterra.

La urgente aproximación al gran personaje.

Un turista se interna en la Carolina del Norte profunda y nos indica cosas que ya sabíamos, que Carl Sandburg (aquel poeta telúrico y entusiasta de odas al nacimiento del gran capitalismo de acero de los Estados Unidos de América) había nacido en Illinois en 1878.

Fue de la liga socialista de Chicago, para el periódico de la liga llegó a escribir unas críticas de cine, por cierto en 1985, Doug Fetherking editó algunas de esas notas bajo el título en inglés de: Carl Sandburg at the movies: a poet in the silent era, 1920-1927 (Carl Sanburg en el cine: un poeta en la era del cine mudo).

Los tomos de la biografía de Abraham Lincoln, sus premios Pulitzer, su interés por la infancia, su anti belicismo, la gran ciudad, hizo una obra infatigable, que aún perdura: ningún turista me arrancará mis recuerdos…

Un recio recorrido por su obra, sin interés de opacar su brillo propio, recordando los tiempos del informalismo poético o las vanguardias poéticas norteamericanas, de fuerzas creadoras incontenibles a principio del siglo XX, nos retrata al ser reacio a la fama vana, al tejedor de un estilo rupturista (Poema Chicago, 1916), diverso en sus miras y de gran portento imaginario.

En medio de divinos monstruos uno de Nueva Inglaterra (Robert Frost, el eterno enamorado de los Abedules – Birch) o el Walt Whitman de Walter Hill, New York, cantor de las hojas de hierba al capitalismo naciente, Carl Sandburg también consiguió un sitial que su obra hoy puede exhibir con gracia y distinción.

Poetas como Sandburg, Edgar Lee Master, Vachel Lindsay, ambos coetáneos a Sandburg, en su tiempo ya eran conocidos como íconos de la pujante poesía del Medio-Oeste de los Estados Unidos y esa generación nunca pudo sustraerse en su totalidad al fenómeno pionero que estremecía el país de costa a costa: el nacimiento de una nación de extremo a extremo y el gran movimiento de masas, andamios, humo y hierro que todo aquello suponía.

Pero aquel sueño de destino manifiesto, no todos lo veían igual, Carl Sandburg era uno de ellos.

Las diferencias entre Whitman y Sanburg…

En cada mirada hay una América que nace, pero las odas de Walt Whitman, su gran entusiasmo salmódico a todo lo que mira en su entorno, le hace anunciar jubiloso una nueva era, entre el calor de las fundiciones y las cúpulas de los rascacielos.

Lo que Whitman hace en 1855, de modo vibrante y señero, Sandburg lo hace en 1928 con Good Morning América (Buenos días América) en su tono de aparente simpleza filosófica, donde flotan personajes dulces cargados de ingenuidad, en aquel mundo hostil y voraz que ya había dibujado en Chicago, que es un espacio poético crítico y mordaz, alejado de las grandes ilusiones fundacionales de las visiones de Walt Whitman, aunque los dos amantes de los estilos rupturistas de la rima u otras formalidades del lenguaje poético, que anticipaba estilos y nuevas formas.

Una adolescencia ilusionada. Con Carl Sandburg y su humanismo.

La biblioteca Lincoln del servicio cultural de la Embajada de los Estados Unidos, alguna vez estuvo en la Ciudad Colonial, allí estaban los clásicos de novelas y poesía de aquel grandioso país.

Doña María Ugarte conocía esa poesía y para mi curiosidad don Rafael Herrera Cabral, el eterno director del Listín Diario, me había hablado y recomendado la biografía de Lincoln de Sandburg y Good Morning América.

Esos dos, entre sus canas y sus voces, también son de mis queridos supremos muertos…
Un turista en Carolina del Norte nos «informa» todo sobre Carl Sandburg nos describe el paisaje y a vuelo de pájaro, dando por supuesto la ignorancia crasa de todos ante Sandburg, le mira de arriba hacia abajo y lo hace menor en tono y obra a otros cuyas voces propias, aun coincidiendo como generación, tenían otros derroteros: Robert Frost, rural y contemplador, fino y filosófico rumiaba lirismo y sentencia desde algún abedul de Nueva Inglaterra, pero su mundo era otro.

Sirva el texto para recordar aquellas flores de maíz, aquellas mujeres pletóricas de candor, aquellos niños y su bullicio de música escolar, el violín desafinado o la risa con eco de inocencia infinita, en todos esos perfiles miro a Carl Sandburg y la hermosa tristeza de sus tormentos.

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