Balaguer, ciego y octogenario recupera la presidencia

Balaguer, ciego y octogenario recupera la presidencia

El viernes 14 de enero de 1977, el periódico El Nacional ofreció la primicia del viaje secreto del presidente Joaquín Balaguer a Miami, Florida, a bordo de un jet de la Compañía Dominicana de Aviación (CDA), la línea bandera nacional, que despegó a las 8:00 de la mañana desde la base área de San Isidro y estuvo de regreso alrededor de las 9:30 de la noche de ese mismo día.

En una acción relámpago el septuagenario mandatario voló hasta esa ciudad para someterse a exámenes de la vista en uno de los mejores hospitales oftalmológicos estadounidenses, el “Bascom Palmer Eye Institute”, recomendado por el doctor Juan A. Díaz Espinal, su oculista local, quien lo había chequeado el 8 de enero en su consultorio situado en la casa No. 2 de la calle Enrique Henríquez casi esquina Mariano Cesteros, en el Distrito Nacional y determinó que era necesario que fuese examinado en una clínica con tecnología avanzada de Estados Unidos, España o Colombia, donde se le pudiera hacer una angiografía retiniana para corregir con cierta premura el deterioro progresivo de su visión.

El tema se convirtió en foco de discusión un mes más tarde cuando el secretario general del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), doctor José Francisco Peña Gómez, y el presidente del Movimiento de Salvación Nacional (MSN), licenciado Luis Julián Pérez, alertaron a la opinión pública sobre el menoscabo de la salud del presidente Balaguer y la probabilidad de que, ante esta situación, se diera un incremento de la influencia de los militares en la conducción del Estado.

El líder perredeísta trató el asunto a mediados de febrero a su paso por Nueva York, de tránsito hacia Europa, durante una reunión que sostuvo con los dirigentes de la seccional de su partido en la Gran Manzana, en la cual aseguró que “Balaguer está casi ciego y quiere mantenerse en el poder recurriendo a las Fuerzas Armadas”.

El dirigente del MSN, por su parte, hizo su planteamiento el jueves 24, al observar que una falla en la vitalidad corporal del gobernante provocaría la instauración de una dictadura militar en el país y que por razones humanas, patrióticas y políticas se le debía desear una pronta mejoría, ya que su colapso “podría determinar una caída en el curso de la vida democrática del país”.

Dijo que esa posibilidad pudiera compararse con las circunstancias en que se gestaron las condiciones para el ascenso al poder de Rafael Leónidas Trujillo Molina en 1930, luego de que, en octubre de 1929, el presidente Horacio Vázquez se viera precisado a internarse en el hospital universitario Johns Hopkins, de Baltimore, Estados Unidos, originando “el laborantismo y la tirantez entre los diferentes grupos, lo que determinó la gestación del régimen dictatorial de Trujillo”.

Julián Pérez deploró el secretismo imperante en torno al quehacer del jefe del Estado por la incertidumbre que pudiera crear en una nación que merecía tener un gobernante saludable y fuerte que garantizara la celebración de elecciones puras y diáfanas el 16 de mayo de 1978 y se llenara de gloria tres meses más tarde, convirtiéndose en “el primer presidente constitucional que entrega el poder a su sucesor”.

Esas declaraciones motivaron sucesivas refutaciones de los secretarios de Estado de la Presidencia y las Fuerzas Armadas, profesor Pedro Pablo Villanueva y mayor general Juan René Beauchamps Javier, quienes, como acompañantes permanentes del mandatario en sus actividades diarias, negaron que se estuviera quedando ciego o padeciera algún problema de salud.

El primero enumeró -de manera escueta- las tareas habituales que realizaba Balaguer con normalidad, mientras el segundo se concentró en enfatizar su pasión por la lectura, diciendo: “Él siempre ha sufrido de la vista, desde jovencito”, y respecto a su actividad cotidiana: “el Presidente hace su vida normal tanto en la oficina como fuera de la oficina, y ustedes lo ven todos los días”.

El jefe militar atribuyó la propagación de rumores a sectores políticamente contrarios al gobernante que no se daban cuenta de que había concluido la época de las dictaduras en un país que -a su juicio- se encontraba “inmensamente organizado” y experimentando un gran desarrollo político, económico e institucional, apoyado en una Carta Magna que contenía mecanismos para garantizar la apacible sucesión presidencial y en unas Fuerzas Armadas conscientes de sus obligaciones con la ciudadanía.

Sin embargo, las palabras de ambos ministros perdieron su eficacia persuasiva durante el acto que siguió a la rendición de cuentas en el Congreso Nacional, efectuado el 27 de febrero de 1977 en la Feria Ganadera, donde el primer ejecutivo de la nación mostró dificultades en identificar a sus acompañantes y desplazarse en ese escenario, aun contando con la asistencia del jefe de su Cuerpo de Ayudantes Militares, general Eligio Antonio Bisonó Jackson, en el rol de lazarillo orientador de sus pasos para evitar tropiezos notorios.

Balaguer internado tras achaques

Debido a la situación descrita, la salud del caudillo reformista fue tema de interés durante todo el año 1977, a tal punto que el conocido abogado constitucionalista doctor Nelson Reyes Cerda, congresista por el conservador MSN, sometió en el mes de junio a la Cámara de Diputados una moción que planteaba la formación de un equipo de facultativos para que evaluara y determinara el grado de su discapacidad visual.

Igualmente, desde Santiago, un político de accionar mesurado como el secretario general del Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC), doctor Lucas Antonio Rojas Villavizar, solicitó el jueves 8 de diciembre a los voceros oficialistas que explicaran al pueblo dominicano el real estado de salud del mandatario, porque procedía, en caso de que estuviera enfermo, que se le respaldara hasta que concluyera su período de Gobierno y se preservara la institucionalidad democrática.

La inquietud del dirigente socialcristiano fue prácticamente ignorada, pese a que dos días antes había circulado una impactante novedad noticiosa, transmitida por Radio Mil Informando, que aseguraba que el jefe de Estado había sufrido una parálisis parcial mientras escuchaba a personalidades del municipio de Sánchez, provincia de Samaná, que lo visitaron en el Palacio Nacional.

El silencio oficial perduraría invariable hasta que -un mes después de finalizado su período de Gobierno- las agencias internacionales de noticias informaron desde España que el viernes 22 de septiembre de 1978 había sido internado en el Instituto Oftalmológico Barraquer, de Barcelona, donde se le hizo un riguroso examen de la vista.

Poco después llegarían más detalles de la estadía de Balaguer en la capital catalana con la entrevista telefónica hecha por Noticiario Popular al destacado galeno dominicano Freddy Lithgow Viñas, integrante del equipo médico que le prestó asistencia durante toda una semana, quien señaló que fue sometido a diversas exploraciones oculares en procura de detener el avance de la dolencia que dañaba su nervio óptico desde principios de 1977.

Al frente de dicho equipo estuvieron los hermanos Joaquín y José Ignacio Barraquer Moner, especialistas en trasplantes de corneas y trastornos de refracción, quienes -junto al también cirujano santiaguero Fernando Estrella Durán- determinaron que el paciente no necesitaba de momento ninguna clase de intervención quirúrgica, sino revisiones constantes que se iniciaron poco más tarde en Boston, como informó el presidente del Senado de la República, Juan Rafael Peralta Pérez, durante un almuerzo ofrecido a la prensa el martes 3 de octubre de 1978 en el hotel Jaragua.

Balaguer con ceguera obtiene el poder

El 17 de junio de 1979 el expresidente Balaguer reveló al periodista Ruddy Leonel González Campos, del diario matutino El Caribe, que sus dos ojos estaban afectados de glaucoma, desde 1965 cuando recibió el primer diagnóstico en un hospital de Baltimore, Estados Unidos, y que su mal había empeorado durante la campaña electoral de 1978 por el incremento de su ritmo de trabajo y sus múltiples viajes en helicóptero, tras desoír las recomendaciones de descanso de sus médicos, quienes también, habían advertido sobre el daño que podía ocasionarle las vibraciones de la aeronave.

Aunque el 18 de noviembre de 1980 se intentó curar en Boston esta enfermedad crónica, mediante cirugía, ya la atrofia en las pupilas del estadista avanzaba indetenible; siendo en esas condiciones que regresó al país a reorganizar su organización política y ponerla en forma para que compitiera frente a los perredeístas, desafiando la gran popularidad de su candidato presidencial, doctor Salvador Jorge Blanco.

En la lucha política enfrentó con fiereza a quienes lo cuestionaron por su padecimiento visual y se ufanaban en decir que estaba acabado y le había llegado la hora del retiro. Durante un mitin efectuado en Elías Piña, el 16 de octubre de 1981, calificó ese argumento de “especulación ridícula”, asegurando que se encontraba en buenas condiciones de salud. “Ni el país ni mi propia conciencia me perdonarían que aspirara irresponsablemente a una posición para el ejercicio de la cual no me encuentre físicamente capacitado”.

Agregando que se consideraba apto “para el desempeño de las funciones para las cuales pudiéramos ser eventualmente electos” y que la campaña en su contra tenía como objetivo “presentarlo como físicamente incapaz» y «hacer creer que el poder lo desempeñaría su vicepresidente (Fernando Álvarez Bogaert)”.

Recordó que durante los doce años en que ejerció el poder demostró que sabía valerse por sí mismo “y que no fuimos ni seremos jamás, instrumentos de voluntades o de intereses ajenos”. Además de haber sido la “cabeza dirigente de una administración que abrió sus puertas democráticamente a cuantos desearon contribuir con su asesoría y buenos deseos a la solución de los problemas nacionales”.

De esa manera -cubierto por los argumentos citados-, la noche del jueves 26 de noviembre de 1981 anunció al país que sería nuevamente candidato presidencial de su partido en 1982, aunque tendría que lidiar con la férrea objeción a su repostulación del Partido Quisqueyano Demócrata (PQD) del general retirado Elías Wessin y Wessin, que el 4 de diciembre anunció que la impugnaría como “una cuestión de principios”.

Conviene recordar que perdió los comicios de 1982 pero ganó la presidencia cuatro años más tarde, apoyado en una política de alianza que le permitió conseguir los votos determinantes del PQD y su adversario Wessin y Wessin, para superar al candidato del PRD, licenciado Jacobo Majluta, utilizando una estrategia de comunicación que destacaba su política de construcción (grandes avenidas, presas, multifamiliares, miradores, etc.), con un mensaje gracioso de un personaje llamado don Chencho (Pedro Medrano), que generaba entusiasmo con su frase: “Balaguer ofreció y dio”, creado por el insuperable compositor y publicista Ramoncito Díaz, quien también popularizó la frase: “Esto lo hizo Balaguer”, para señalar alguna de las obras de gran impacto que hizo el fenecido mandatario.

El viejo caudillo reconquistó el poder en 1986 con 80 años, prácticamente ciego y al amparo de la frase: “Yo no he dicho que vine al Gobierno a ensartar agujas, vine aquí a gobernar por mandato del pueblo”. Se mantuvo en la primera magistratura hasta 1996 con sus piernas debilitadas a causa de una flebitis que dificultó su caminar, pero no menguó su lucidez mental; pudiendo dominar su discapacidad visual para crear una gran cantidad de poemas y textos sobre historia y literatura, como “Huerto sellado: versos de juventud” (1980), “Entre la sangre del 30 de Mayo y la del 24 de Abril” (1983), “La Isla al revés” (1983), “Los carpinteros” (1984), “La venda transparente” (1987) y “Memorias de un cortesano de la Era de Trujillo” (1988).

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