Balaguer desconoció acuerdo 1938

El escritor Gustavo Guerrero en su entrega a HOY de octubre 17 pasado, titulado “El peligro haitiano”, describe con objetividad que solamente la dictadura de Trujillo ha desarrollado una política fronteriza coherente por nuestra soberanía frente a la agresividad haitiana.

Rechaza la acción de octubre 4 de 1937, aunque admite los perjuicios de la invasión territorial, robo de ganado, productos de cultivo, violaciones, etc. en perjuicio de agricultores, comerciantes y ganaderos dominicanos.

Nosotros agregamos a tan académico trabajo, para conocimiento de la juventud, que siendo Trujillo jefe del Ejército, en 1929 dispuso, con la aprobación del Presidente Horacio Vásquez la instalación de pequeños destacamentos militares en la frontera a fin de controlar el desorden existente.

El canciller haitiano, doctor Evremont Carrie, solicitó al Presidente Vásquez eliminarlos aduciendo que podrían crear conflictos entre los dos Estados

Trujillo al ser interpelado por Vásquez y sus ministros expuso, entre otras consideraciones, que había llegado la hora que los haitianos entendieran que la frontera tenía sus límites aunque todavía no geométricamente, como ocurrió en 1935-36 obra de la Comisión Mixta que dirigió el notable ingeniero don Flon Gautier, quedando “aparentemente” resulta la controversia con el Acuerdo Trujillo-Vicent en marzo de 1936, cuando Trujillo dispuso un vasto plan de desarrollo integral fronterizo.

No obstante el Acuerdo suscrito, los haitianos continuaron sus travesuras otorgándole Trujillo, una vez más por la paz en la zona, dos mil kilómetros cuadrados de terreno, advirtiéndoles a los abogados Julio Ortega Frier, Manuel A. Peña Batller y Joaquín Balaguer que tenían tres meses para resolver el problema pues de lo contrario él actuaría, como tuvo que hacerlo luego de agotar un discurso en Dajabón el 2 de octubre 1937 al cual los haitianos invasores y ladrones no hicieron caso.

Trujillo, al regresar a la frontera dos días después, indignado y colérico dispuso la acción entre grupos de militares y civiles armados con bayonetas y puñales eliminando los haitianos que se “resistieron” a regresar a su país.

Este suceso originó el acuerdo suscrito en Washington el 22 de enero de 1938 por los señores Manuel de Jesús Troncoso -Andrés Pastoriza y Abel Leger Hoffman Philip, el cual en su artículo No.10 señala: “Para impedir en lo porvenir toda posibilidad de nuevas dificultades las partes acuerdan que cada uno de dichos gobiernos adoptará las medidas necesarias para impedir que sus nacionales se introduzcan por las fronteras en territorio de otro Estado, sin el correspondiente permiso de la autoridad”.

Balaguer, por 22 años, “desconoció” este acuerdo luego de hacerlo conocer personalmente en el exterior, permitiendo la entrada ilegal al país de más de un millón de haitianos.

El acuerdo de 1938, por razones históricas y estar vigente, ha debido mencionarse como antecedente en el documento “Declaración Conjunta suscrito en Santo Domingo el 16 de enero del 2002 por los Presidentes Mejía y Aristide, al consignar en uno de sus considerandos: “La necesidad de dotar de documentos de identidad a sus nacionales y de establecer procedimientos para ejecutar las repatriaciones”.

La destacada “indolencia” y falta de “nacionalismo” con que se ha manejado la invasión de haitianos ilegales a pesar de los dos acuerdos antes citados, Balaguer en 22 años, el PRD en 11 años y el PLD en cuatro años, a la cual se agrega la interminable crisis económica que la política “neoliberal” nos obsequia, han llenado de infelicidad a nuestro pueblo merecedor de un mejor destino al ser un país rico mal administrado y agobiado por la pobreza, inmoralidad, corrupción y falta de justicia.

Las Sagradas Escrituras nos señalan en Lucas 12.2 “Porque nada hay encubierto que no haya de descubrirse ni oculto que no haya de saberse”.