Balaguer siempre fue amable con el rector Hugo, pero no le dio dinero

Balaguer consideraba que la enseñanza superior no era tan necesaria, que no había por qué ayudarla dándole dinero sino que el problema eran la educación básica e intermedia; mientras que nosotros, en la Universidad, entendíamos que había que enfocar el problema en términos globales, que toda la enseñanza era una continuidad…”

Hugo Tolentino explica de esta manera la interesante polémica que se produjo durante su rectorado en el que tuvo como vicerrector administrativo a Rafael Deláncer, tan honorable, a su juicio, como Mercedes Sabater de Macarulla, su vicerrectora académica. Ellos defendían una educación ramificada, plural, no circunscrita a la formación de bachilleres.

Fue un período de grandes riesgos para la integridad física de autoridades, estudiantes, empleados y profesores, de sucesivas visitas al irónico presidente de la República, de marchas por “el medio millón” en las que Hugo desfilaba a la cabeza del estudiantado, de cercos, de discursos amenazantes del mandatario hacia la familia de la UASD, de paquetes de armas que aparecían en el campus, de estudiantes presos.

La extrema izquierda no quería a Hugo Tolentino como rector. Sabía que él no se prestaría a la tolerancia “del excesivo juego político en que inmiscuían a la Universidad en aquel momento”, expresa.

Lo apoyó el Frente Universitario Socialista Democrático (FUSD) y “una parte de los Social Cristianos”. Se había lanzado a aspirar el cargo en el período anterior pero Juan Bosch, de una gran fuerza política en ese momento, apoyó a Rafael Kasse Acta. En esta ocasión ofreció su respaldo a Tolentino.

Dirigir el alto centro de estudios le costó también sobresaltos que le obligaban a vestirse rápidamente en las madrugadas por llamadas inesperadas de algún acontecimiento imprevisto en el campus. Sufrió dolores de cabeza, acechanzas, amenazas.

En lo que más se detiene, sin embargo, es en narrar los pormenores de sus constantes viajes al Palacio Nacional, a veces solo, en ocasiones junto al Consejo en pleno, en oportunidades recibido por el propio Balaguer, otras por funcionarios que el propio Hugo rechazaba con su cortesía habitual.

Su satisfacción de ese duro ejercicio es poder afirmar hoy que se cumplieron todos los semestres y exclamar: “Y tuve la suerte, porque fue suerte, de que no hubo heridos ni muertos por las fuerzas policiales durante el tiempo en que ejercí el mandato”.

Visitas a Balaguer. El rector visitó más de una vez al Presidente de la República pero en cada ocasión al mandatario se le iba gran parte del tiempo expresando al docente cuanto agradecía a su padre don Vicente y a su tío Rafael César el que le abrieran las páginas del periódico La Información en su juventud. Hugo, empero, aprovechaba para continuar en el despacho del gobernante la polémica pública sobre la importancia de apoyar económicamente la educación superior.

“Más de una vez me planteaba su concepción y yo la mía en términos cordiales”, exclama Tolentino.

A finales de 1974 o principios de 1975 el Consejo Universitario decidió hacer una marcha a la casa de Gobierno, Balaguer pensó que iba toda la comunidad “y pronunció un discurso amenazante expresando que no se iban a tolerar desmanes, tumultos, daños a la propiedad privada, y frente a ese altisonante discurso algunos miembros no acudieron a la cita pero allí estábamos la mayoría frente a las puertas del Palacio en horas tempranas de la mañana”, recuerda.

Aquella presencia tenía por finalidad tratar a Balaguer el problema económico que enfrentaba la Autónoma. Los esperó José Quezada, secretario Administrativo de la Presidencia, para anunciarles que los recibiría el vicepresidente Carlos Rafael Goico Morales y ellos mandaron a decir al presidente que era a él a quien querían ver. Quezada se retiró y regresó con el mismo mensaje y los académicos repitieron igual respuesta.

Entonces Balaguer les mandó a decir que los recibiría, pero que fueran al despacho de Goico Morales. Tras dos horas de espera el mandatario envió a buscar solamente a Hugo Tolentino.

“¡El doctor Tolentino Dipp es el rector de la UASD!”, reaccionó Hugo, quien consultó a sus acompañantes y estos le autorizaron acudir solo a la entrevista con el gobernante.

“Le expuse todos los problemas de la Universidad y me dijo que iba a contribuir con su solución y de forma olímpica nunca cumplió con su palabra mientras yo fui rector, aumentando el presupuesto”, dice enfático Tolentino.

Todas estas experiencias están plasmadas en artículos publicados en la prensa y en el libro “Los discursos desde la rectoría”. “Ahí está la esencia de mis posiciones frente al doctor Balaguer”, explica el ex rector. También se pueden encontrar “las tesis maestras que yo mantuve en torno a todo aquel proceso universitario y la filosofía que yo consideraba debía prevalecer en él”, dice refiriéndose al Movimiento Renovador Universitario.

“La última vez que vi a Balaguer me dijo que cómo no iba a satisfacer las necesidades de la Universidad si ahí estaba el hijo de Vicentico y sobrino de César, sin embargo, nunca me dio un centavo”.

En esa época se vinculaba mucho a Hugo Tolentino con el profesor Juan Bosch por el respaldo y el impulso que ofreció a su candidatura, entre otras cosas.

Tuve una gran amistad con él a partir de 1966, después de las elecciones”, comenta. Y añade: “Ahora bien, yo era un académico y no tenía la intención de pertenecer a ningún partido político, esa fue la razón por la que nunca me inscribí en el PRD que él lideró, lo vine a hacer más tarde, ya cuando existía la división entre él y José Francisco Peña Gómez, y fue para vincularme al PRD”.

Esa afinidad “y mi amistad con Peña Gómez, la cual se había reforzado durante el lapso que duró la revolución de abril, fue una de las razones de mi alejamiento con Juan Bosch, que no veía con buenos ojos que yo permaneciera vinculado a Peña Gómez mientras él le había perdido el afecto”.