Banda de Ohio: cuídese de  amigos

Uno de los presidentes más recordados de los Estados Unidos responde al nombre de Warren Gamaliel Harding, primero por ser el producto de la primera elección presidencial luego de terminada la Primera Guerra Mundial y segundo por las circunstancias en que terminó su mandato y su vida.

Harding era un granjero proveniente de una familia clase media de Marion, Ohio, de buena formación académica, con gran facilidad para hacer amigos y dueño de un carácter afable y moderado.

Cuando cumplía los 38 años de edad, fue electo vicegobernador de su estado natal, logrando implementar hasta 17 enmiendas en beneficio de la población, con lo cual conquistó una extraordinaria popularidad, que más tarde le sirvió para alcanzar la representación senatorial al congreso de Washington.

Ayudado por su esposa Florencia, una colaboradora suya con la que se había casado a la edad de 26 años, Harding continuó su carrera política ininterrumpida, hasta lograr el mandato popular para gobernar la nación durante los años 1921-1925 en compañía del poco expresivo Calvin Coolidge.

Como presidente, Harding inició su gobierno con franco proceso de recuperación tras la resaca de la guerra: estimulando el comercio nacional e internacional, promoviendo la imagen pública internacional del país y sobre todo velando por el sostenimiento del equilibrio macroeconómico.

Igualmente tuvo gran acierto al designar a prominentes figuras en posiciones importantes de la administración pública como fueron los casos de: Charles E. Hughes, Secretario de Estado, Hervert Hoover, Secretario de Comercio, Andrew Mellon, Secretario del Tesoro, William H. Taft (expresidentes de la República) Presidente del Tribunal Supremo, entre otros.

Sin embargo, el presidente también designó en posiciones no menos importantes a diversos amigos, compueblanos y “canchanchanes” políticos cuya fama mayor era su gusto por le lujo, el póker y el buen vino, al tiempo que carecían de la más mínima conciencia de Estado y sentido del Compromiso público, por lo que pronto se convirtieron en el dolor de cabeza del presidente, hasta el punto que en una ocasión éste llegó a decir “Estos amigos… son los únicos que me mantienen caminando por las noches”

Y no era para menos, toda vez que se hizo del dominio público que su jefe de la Oficina de Veteranos se había apropiado de nada más y nada menos que 250 millones de dólares; que el asistente especial del Fiscal General estaba vendiendo indultos y permisos de inmunidad a nombre del presidente, a los más famosos gansteres de la época y que su celador de bienes enajenados estaba amasando una incalculable fortuna proveniente del soborno.

El escándalo fue tal, que en todo el país se les bautizó como “la banda de Ohio” porque todos provenían del entorno barrial y hasta familiar del presidente. Pero lo peor del caso no era la onda corrompida de estos señores, sino la falta de carácter y aún de valor en el gobernante para detenerlos, que más bien terminó entrando en un profundo proceso depresivo del que nunca se pudo reponer a pesar de los intensos tratamientos antidepresivos a los que se sometió.

Finalmente el presidente pereció víctima de un fulminante paro cardiaco y sin terminar su periodo de gobierno. Desde entonces a todos los gobernantes del mundo se les recuerda la triste experiencia de Harding y se les advierte imperativamente, ¡Cuidado con los amigos!