Baní inmerso en sus fiestas patronales

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Pasado mañana, los banilejos volvemos a revestirnos de los ropajes de fiestas o de pensamiento hacia su comunidad  si están lejos, para recordar con más sentido secular que religioso, lo que es ya una tradición de siglos de recordar o venerar a la patrona Nuestra Señora de Regla.

 Desde hace 25 años, los banilejos,  junto con los sancristoberos y ocoeños, gozan de un obispado, que en ocasión de este aniversario, ha preparado su obispo Freddy Bretón un volumen con todas las incidencias  de la historia  de las bodas de plata, desde que en 1986 fuera establecida por el papa Juan Pablo II con su primer obispo, Príamo Tejeda.

 Por eso, en esta ocasión de las festividades marianas,  hay un sabor especial de júbilo al conocer los logros religiosos de una acción que, en su momento, contaba con ese desinterés tan particular  de la raza banileja cuando se habla de verdad de la fe y las creencias religiosas.

 Para el sábado pasado por fin volvió Baní a contar con un nuevo sacerdote ordenado  en su catedral, acontecimiento inédito por esa dura cerviz de nosotros los banilejos que se manifiesta hacia las cosas religiosas de envergadura.

 Ese libro, preparado por monseñor Bretón, es muy ilustrativo de un cambio muy sutil en la conducta, que me recuerda  aquellos  años difíciles de los 40 y 50 del siglo pasado, cuando los padres canadienses de Scarboro luchaban en contra de la inercia espiritual de los banilejos, que a duras pena lograron romper esa coraza de la indiferencia, para ir dándole forma a instituciones que después de la llegada del obispado han comenzado a dar sus frutos.

 Los banilejos, de una forma u otra, nos identificamos con el día 21, ya que aun estando muy lejos de la tierra nativa recordamos por momentos esa veneración,  salpicada de las alboradas musicales por la banda de los bomberos de la capital, o de otras instituciones oficiales, pero  en especial  la carismática Banda Municipal de Música. Por igual, se recuerda, o se disfruta, la música típica en la puerta de la Catedral, a la salida de las novenas,  junto a los gozos de la Virgen y al cambio  de clima con el soplo agradable de una brisa  otoñal que se complementa con las celebraciones  sociales de bailes y encuentros en los distintos lugares de la población.

       Para este año los banilejos disfrutamos desde la capital un rápido  y fácil acceso que ha convertido el viaje desde la capital o viceversa en un cómodo recorrido, que resulta más rápido llegar a Baní, desde la avenida Luperón, que ir desde esa avenida al Ensanche Ozama o a Los Mina.

 Además, en esta festividad, los banilejos acogen en su interior la alegría de que al fin se está procediendo a la construcción del acueducto de Peravia, que se abastecerá desde la presa de Valdesia, aportando un caudal apreciable de agua a toda la comarca, de manera que los padecimientos actuales, por el aumento poblacional, se resuelvan, y todos los barrios, tanto al norte  como al sur de la ciudad, vean abastecerse sus residencias con el preciado líquido, que ahora está ausente  desde que la población comenzara su crecimiento  acelerado por el incremento de habitantes que llegan de todos lados.