Barack Obama, riesgos y oportunidades

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Flip-flop significa en inglés cambio de opinión. En las contiendas electorales norteamericanas, los políticos utilizan este término para mostrar debilidad de carácter u oportunismo del contrincante. Por ejemplo, en las elecciones presidenciales de 2004, los republicanos etiquetaron al demócrata John Kerry de flip-floper para descalificarlo.

En las últimas semanas, el término ha resurgido en referencia a los cambios de posición de Barack Obama.

Durante las primarias, Obama empujó el discurso del Partido Demócrata hacia la izquierda con el tema de la guerra en Irak. Fue crítico de la ocupación y ofreció un rápido retiro de las tropas de ganar la presidencia.

La discursiva rindió frutos en las primarias porque ganó el apoyo de los sectores liberales blancos, y con ese aval, los votantes negros se volcaron a apoyarlo.

Pero sucede con frecuencia que cuando un precandidato gana las primarias con posiciones que agradan la base más radical de su partido, sea conservadora en el republicano o liberal en el demócrata, se mueve posteriormente hacia el centro para conquistar el apoyo de la mayoría del electorado.

Se esperaba que así ocurriera con Obama. Sin embargo, ha llamado la atención, e incluso ha generado la crítica de seguidores demócratas, la rapidez y dirección de los cambios después de asegurar la nominación.

En las primarias, Obama dijo que retiraría las tropas de Irak tan pronto llegara a la presidencia. Posteriormente dijo que evaluaría la situación y decidiría en función de las circunstancias. En los últimos días retornó a su posición inicial.

Durante las primarias dijo que recibiría financiamiento público y se regiría por la ley electoral que limita los gastos en campaña. Luego anunció que renunciaba al financiamiento público para recaudar exclusivamente fondos privados. Esto permite gastar sin restricciones en la contienda contra los republicanos.

En principio se opuso a que el gobierno interfiriera en la comunicación de ciudadanos sospechosos de colaborar con organizaciones terroristas.

Después de las primarias votó en el Congreso a favor de la ley de inmunidad para las compañías telefónicas que facilitan este espionaje.

Por mucho tiempo, Obama apoyó las medidas de control de armas de fuego. Después de las primarias se adhirió a la decisión de la Suprema Corte de Justicia de que la Constitución garantiza el porte de armas de la ciudadanía.

En las primarias fue muy crítico de NAFTA y otros tratados de libre comercio. Posteriormente dijo que esas declaraciones eran parte de los excesos retóricos de las primarias.

Más aún, recientemente, Obama afirmó su apoyo a la medida de George W. Bush de que el gobierno financie organizaciones religiosas que ofrecen servicios sociales a la población. Para los liberales, su bastión de apoyo, esto constituye una violación a la separación Estado- Iglesia que establece la Constitución.

En el análisis de estos cambios de posición, predominan dos interpretaciones. Una plantea que Obama se mueve hacia el centro para ampliar su coalición electoral con el apoyo de demócratas conservadores y votantes independientes. La otra atribuye  los cambios a un oportunismo político. Sus seguidores adoptan la primera, sus opositores la segunda.

¿Quién es Barack Obama? ¿Qué cree? ¿Qué hará en la presidencia? Son preguntas que los electores se hacen y continuarán haciéndose en la medida que se acercan las elecciones de noviembre. Las respuestas dependerán de lo que diga y haga el candidato en la campaña, y de cómo los medios de comunicación y la oposición interpreten sus palabras y acciones.

Para un político relativamente nuevo y joven, rodeado de cuestionamientos por su limitada experiencia gubernamental, y en desventaja por su raza y vínculos religiosos, los flip-flops constituirán un arsenal de ataque en manos republicanas cuando arrecie la campaña electoral.

De todas maneras, Obama opera en un contexto macro-electoral favorable. El descontento con la guerra y la administración de Bush, el alto precio de la gasolina, la debacle hipotecaria y el aumento del desempleo y la inflación facilitan, aunque no aseguran, una victoria del Partido Demócrata.