Barney Morgan: un consagrado pastor de almas y de notables obras de caridad

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Barney Newton Morgan, reconocido por una transitada avenida del ensanche Luperón, no sólo fue consagrado pastor de almas y sensible ser humano dedicado a las necesidades de los pobres dominicanos. Un año después de su llegada al país en 1929, se lanzó a las calles de Santo Domingo a socorrer a los damnificados del ciclón San Zenón, alojándolos en edificaciones de la Iglesia Evangélica Dominicana, de la que fue el Segundo Superintendente, después de Nathan H. Huffman.

Proveyó medicinas, ofreció atenciones médicas, procuró alimentos, ropa, construyó y reparó viviendas para las víctimas y en atención a entrega tan desinteresada y decidida, la Cruz Roja Americana lo designó tesorero de los fondos llegados a la República Dominicana. Fue quien administró, además, las donaciones económicas enviadas por agencias, denominaciones cristianas e instituciones particulares a los afectados del destructor fenómeno.

Residió en el país veinte años en los que fue maestro y predicador de razonamientos convincentes y acertados. Se desempeñó como catedrático de la Universidad de Santo Domingo, formó parte del Comité de Selección de Becas para Post Grado del Instituto Internacional de Educación, presidió el Instituto Cultural Dominico Americano y se integró a la vida social del pueblo a través de múltiples asociaciones.

El reverendo Hernán González Roca lo recuerda con admiración y gratitud y lo tiene como su personaje inolvidable desde los lejanos días en que siendo prácticamente un niño le visitaba en su oficina del Hospital Internacional o en su residencia de la calle César Nicolás Penson donde recibía de él apoyo religioso, económico, y el estímulo para que se mantuviera ocupado en el estudio.

“Era un trabajador incansable. Sabía apreciar y aquilatar la labor de los demás. Tenía palabras de elogio para sus subalternos, reconociendo los méritos que poseían las personas. Era franco, sencillo, humilde, cordial, con una permanente sonrisa en los labios. Pese a su preparación académica y al cargo que desempeñaba, era respetuoso y sincero en el trato con sus semejantes”, comenta el doctor González.

El religioso, quien ha ocupado los más importantes cargos directivos de su Iglesia, ha estudiado con tal intensidad la vida de Morgan, que puede considerarse su biógrafo oficial. Sus relatos abarcan también las actuaciones aquí de la familia del eminente teólogo, sobre todo de su esposa Carol Mary Mc Afee, a quien rinde homenaje el colegio Carol Morgan desde 1956 cuando cambió su nombre de Carver School para honrar a la que fue su maestra y directora del coro por muchos años.

Cuenta don Hernán que el Hospital Internacional mereció atención especial del doctor Morgan, pues “lo consideraba medio eficaz para el servicio a las personas que necesitaban cuidado y salud. El más mínimo detalle de la programación de ese centro de salud pasaba por sus manos, preocupándose porque todo resultara cada vez mejor. Se ocupó del mejoramiento y equipamiento de áreas tan importantes que en su época fue el mejor del país”, narra.

Definido como “un gigante con cara de niño”, Barney Morgan “no siempre transitó por caminos favorables”, según el reverendo González Roca. “Durante su ministerio de dos décadas, acota, luchó contra críticos y opositores dentro de la misma Iglesia, que no comulgaban siempre con sus planes escolares, del Hospital Internacional o de la Librería Dominicana. Pero su nobleza no le permitió descender a la intriga y fue perdonador”.

Significó, en otro orden, que al ilustre evangelista le tocaron los tiempos de la depresión económica de la postguerra y entonces la Junta para Servicio Cristiano acortaba cada año el presupuesto, cerrando misiones en África y Europa. “Morgan insistía en que en la República Dominicana había que continuarlas”, afirma González Roca.

Casado con Carol en 1925 –el mismo año que nació don Hernán-, el reverendo Barney Morgan abrió campos nuevos durante su gestión en esta Patria, refiere el religioso. “Incrementó el trabajo de crecimiento y desarrollo de la Iglesia, se dedicó a las construcciones del nuevo edificio del Hospital Internacional, del Templo de la Primera Iglesia y Villa Consuelo, en Santo Domingo, de la adaptación del templo de San Pedro de Macorís y la inauguración del de La Romana”, entre otras acciones. Añadió que en la dirección de Morgan “fue realizado el traspaso de las congregaciones metodistas wesleyanas a nuestra Iglesia, proyecto en el que realizó importante papel”.

Los Morgan procrearon tres hijos: Mary Louise, Stanley Mc Afee y Judith Ann.