Bataclan era el infierno de Dante, cuenta policía participó en el asalto

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Era “el infierno de Dante, sangre por todos lados, caminábamos sobre los cuerpos, resbalábamos en la sangre”, recuerda impresionado uno de los policías que participó en el asalto a la sala de espectáculos Bataclan de París, donde el viernes pasado una toma de rehenes dejó 89 muertos.

“A las 21h40, recibimos las primeras llamadas telefónicas diciéndonos que había dos explosiones en el Estadio de Francia y tiroteos en el centro de París”, recuerda este miembro de la Brigada de Búsqueda e Intervención (BRI), cuerpo de élite de la policía francesa, en diálogo con la AFP. A las 22H00, un primer equipo de la BRI sale de la sede de la policía judicial, situada muy cerca de la catedral de Notre Dame, “con un poco de material” y llega a la sala quince minutos después. “A las 22h15 estábamos en el hall del Bataclan”, recuerda el policía. Un policía de la Brigada Anti Criminalidad (BAC), otro cuerpo policial especializado, el primero en llegar al lugar, ya había matado a un yihadista en la planta baja de la sala.

“Al llegar no se escuchaba ningún disparo. Nos preguntábamos si los terroristas se habían escapado por la puerta trasera”, cuenta el policía que formó parte de la primera columna que entró en la sala. “Vimos muertos en la acera y luego en la antesala”. En el sector en el cual los espectadores asisten al espectáculo de pie, “había varias centenares de personas tendidas unas sobre otras, pidiendo socorro”, recuerda por su parte Denis Safran, médico de la BRI que formaba parte de la columna. “Vivos, heridos y muertos estaban mezclados”, agrega el médico

“Nunca había visto algo así. Una marea humana, el infierno de Dante”, insiste el policía. “Cada vez que abríamos una puerta encontrábamos rehenes. Y había que verificar que se trataba realmente de rehenes”, cuenta.

“Hubo un trabajo de limpieza muy rápido de parte de la BRI para asegurarse de que en la planta baja no quedaron yihadistas ni explosivos”, dice por su lado el médico. “A cada paso nos encontrábamos con rehenes por todos lados, entre el falso techo, bajo los canapés y cada vez debíamos verificar que no estuvieran armados y no tuvieran bombas”, dice el policía.

Una hora después de nuestra llegada, a las 23H15, “estamos ante una puerta cerrada, detrás de la cual un terrorista grita. Son dos, con un cinturón de explosivos que amenazan con hacer estallar. Quieren que retrocedamos, amenazan con decapitar a los rehenes, hablan de Siria”, continúa contando el policía.
Un negociador discute con ellos por teléfono, en vano. A las 00H18, llega la señal de asalto.