Batallas por ganar

A estas alturas nadie se sorprende de nuestras malas notas en educación, sobre todo cuando nos comparan con los países de la región o, peor todavía, con los del resto del mundo, una vergüenza con la que hemos aprendido a convivir como quien se resigna a sufrir toda la vida una tara de nacimiento. Pero cada vez que nos estrujan en la cara esas malas notas, como acaba de hacer el Ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Temístocles Montás, se alborota el ánimo nacional, y vienen de inmediato las recriminaciones al Gobierno, los actos de contrición y los mea culpa de los funcionarios, los empresarios se alarman en nombre de la llevada y traída competitividad, y con igual alarma y preocupación se expresan los académicos, intelectuales y todólogos a los que siempre se les solicita su opinión cuando nos llegan esas noticias tan deprimentes como lesivas a nuestra autoestima. Porque lo cierto es que a cualquiera se le cae el ánimo al suelo cuando le dicen que la República Dominicana ocupa el puesto 146 de 148 en lo relativo a la calidad de la educación primaria, o que las pruebas de la Unesco de lectura, matemáticas y ciencias revelaron que tanto en el 2011 como en el 2013 el país aparece en el peor de los lugares cuando se compara con los diferentes países de América Latina, es decir la última posición. Son datos que reducen a pura retórica la “revolución educativa” que con tanto entusiasmo proclama el Ministro de Educación, Carlos Amarante Baret, quien a pesar de ser tan buen propagandista del Gobierno del presidente Danilo Medina debería saber que su “revolución” es, todavía, un gran anhelo, un sueño por realizar, una inmensa tarea colectiva que apenas comienza, pues tenemos por delante demasiadas batallas por ganar.