Béisbol y plátano ¡campeones!

La República Dominicana acaba de convalidar su tradición de potencia beisbolera, tras ganar invicto la tercera edición del  Clásico Mundial de Béisbol, una competencia cuatrienal protagonizada por 16 equipos profesionales de Asia, Europa, América Latina y el Caribe, luego de intensas clasificaciones regionales.    Se trata de una victoria que consolida la confianza y el patriotismo en una nación generalmente pesimista; un triunfo que estimula el desarrollo deportivo integral de la juventud, especialmente de aquellos jóvenes desheredados de la fortuna que sueñan con ser ligamayoristas. 

Ha sido un laurel oportuno, fruto del talento que no es una cosa sino un proceso largo y tortuoso;  una concreción invicta a través de la cual quedaron aniquilados los mejores: Estados Unidos, Venezuela, Puerto Rico; bajaron de las nubes a la sorprendente Holanda, sin mencionar la pela a la imberbe Italia; atrás, salvándose del plátano, elevado por nuestros entusiastas peloteros  a símbolo cuasi fálico de la fortaleza dominicana, los colectivos de Japón, Cuba, Taiwán y un corto etcétera. El béisbol profesional es un deporte lúdico, que a pesar de la amplia aceptación que disfruta en Norteamérica, Latinoamérica, Asia y el Caribe pretende universalizarse a expensas del Clásico Mundial de Béisbol, patrocinado por  Major League Baseball (MLB), la poderosa organización profesional de Estados Unidos.

La República Dominicana es el primer país de Occidente que gana la copa mundial, pues Japón obtuvo sendos galardones en las ediciones iniciales correspondientes al 2006 y 2009. La nuestra ha sido una victoria convincente, un aldabonazo que consolida la cultura beisbolera dominicana nacida a finales del Siglo XVIII. Recuérdese que el Licey  cumplirá 106 años y el béisbol organizado llegará a seis décadas. El proceso consiste en que nuestros peloteros han descubierto como volverse cada día mejores por su país.

¡Felicidades!