Bellaquerías

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Antes de que gobernaran, los entonces jóvenes del Partido de la Liberación Dominicana constituían una supuesta élite de intelectuales, tecnócratas, conocedores de la realidad nacional e internacional.

El campesino siempre apunta: no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir.

Cuando se arriba al poder luego de un largo ejercicio de la defensa de la libertad y la democracia, de subir escalones desde la base, la situación es diferente a la de aquellos a quienes les sorprende saber que esta mañana, hoy mismo, van a iniciar un período constitucional. La gente sabia sabe que asumir el poder es un compromiso que una vez aceptado obliga a quienes lo aceptan a buscar, actuar y hacer todo lo posible por ser mejor, sin decir que se es bueno.

Las bravatas de los peledeístas taparon actos tan execrables como el nombramiento de sus dirigentes como asesores de la Cámara de Diputados.

Esa decisión malsana fue seguida por la administración perredeísta de la Cámara Baja, que repartió entre más personas el monto de las asesorías, para “democratizarlas”. El doctor Joaquín Balaguer, si no recuerdo mal, habló alguna vez del gobierno de sus sueños de niño.

Imagino que quien sueña con gobernar no pensará en un ejercicio donde en cada esquina haya una fuente de helados de sabores y colores distintos, a cuyo lado se colocará un surtido de refrescos inagotable. A todos nos enseñaron, si fuimos a la escuela, que debíamos seguir el ejemplo de Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella, Francisco del Rosario Sánchez, Gregorio Luperón, Francisco Ulises Espaillat y estudiar y aplicar los sabios consejos y análisis del maestro Bonó.

Con el tiempo también supimos de otros ejemplos que debían ser descartados como modelos para vivir, trabajar, soñar y gobernar. El arte de gobernar no consiste en mantenerse en el poder, como decía Juan Bosch, pues ello lo descartaba como un buen gobernante y lo convertía en un inepto; sólo duró siete meses en el poder.

Gobernar es la tarea más alta que puede ejercer una persona que se respete y debe hacerlo, para beneficio de la mayoría, sin desmedro de la minoría. El gobernante debe tener un equilibrio tal que nunca perjudique a unos por complacer a otros.

Desde el comienzo de este gobierno: restableció las nominillas, otorgó tarjetas ‘comesolas’,  aumentó sueldos a los funcionarios, construyó un Metro que sólo opera para una parte de Santo Domingo, compró motos y montó un zafarrancho para aguajear con el barrio seguro y de allá acá aumentaron los ataques a tiros contra la Dirección de Drogas; desaguó la presa de Tavera de manera criminal, hizo cuatro reformas fiscales, aumentó los impuestos para hacer al gobierno más rico.

Continúan los tapones en la ciudad, hay mantenimiento de calles ni construcción de caminos vecinales; comunidades protestan por falta de agua, energía eléctrica, escuelas. No han resuelto un solo problema, no merecen gobernar más tiempo.