Belén, la ciudad donde nació Jesús

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A diferencia del espectáculo queofrece la Navidad en países occidentales, en Belén estas fiestas son mucho más austeras. La ciudad no necesita vestirse de gala para celebrarla

Belén es sin duda uno de los lugares más especiales para visitar en Navidad por ser el lugar donde la tradición atribuye el nacimiento de Jesús. Miles de personas de todos los continentes atraviesan los puestos de control militares de Israel para adentrarse en la ciudad bíblica, hoy Palestina, y disfrutar de Belén, lugar emblemático de Tierra Santa.

A diferencia del espectáculo que ofrece la Navidad en países occidentales en Belén estas fiestas son mucho más austeras. La ciudad no necesita vestirse de gala para celebrar la Navidad. No necesita árboles, ni un Papá Noel en cada una de las esquinas de las calles, ni tampoco a los Reyes Magos desfilando por la avenida principal. La propia ciudad con sus santuarios y su pasado hace que cualquier cristiano viva intensamente la Natividad del Señor.

En la Plaza del Pesebre o de la Natividad el viajero puede disfrutar de las tiendas repletas de objetos religiosos tallados en madera de olivo y observar cómo los tradicionales artesanos palestinos representan cuidadosamente los principales santuarios de Tierra Santa y las escenas del nacimiento de Jesús.

Belén, famosa por la industria de la madera de olivo alberga a verdaderos artistas que reproducen cruces, rosarios, belenes y otros objetos religiosos con este material que introdujeron los frailes franciscanos en la segunda mitad del siglo XVI.

Una de las más bellas de la cristiandad

En el corazón de la ciudad, frente a la plaza, se encuentra la Basílica de la Natividad,  erigida por Santa Helena sobre la gruta donde la tradición cristiana sitúa el  nacimiento de Jesús y que, a pesar de su actual deterioro, continúa siendo una de las más bellas de la cristiandad.

Los frailes franciscanos que viven en el monasterio contiguo, muestran amablemente el interior de la Basílica y en este magnífico itinerario se accede hasta la gruta del Niño conocido como el pesebre o altar de la Estrella. Cavado en una piedra rocosa, la Virgen María tras dar a luz al niño Jesús, lo colocó envuelto en pañales en esta concavidad, en forma de cuna.

“Estando allí se cumplieron los días de su parto, y dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en un mesón” (San Lucas 2,15).

En la actualidad un conjunto de candelabros rodean este lugar tan venerado por todos los peregrinos que visitan cada año la ciudad.

En la iglesia de Santa Catalina, aneja a la Basílica de la Natividad, cada 24 de diciembre los franciscanos deleitan a los palestinos cristianos y a los peregrinos con la emotiva y tradicional misa del Gallo.

Un centenar de frailes cantan el anuncio del nacimiento del Señor, mientras suenan las campanas y el órgano desgrana los primeros acordes intensamente festivos. En medio de lecturas y cantos navideños en diversas lenguas, el Patriarca de Tierra Santa, descubre la imagen del Niño Jesús, colocada sobre un tronco de olivo al pie del altar.

Una vez finalizada la misa comienza la procesión hacia la Gruta de la Natividad. El Patriarca con la imagen del Niño Jesús en sus brazos se sitúa frente al altar de la estrella y representa el momento en el que Jesús fue envuelto en pañales y colocado en el pesebre.

Un espectáculo fascinante que en los arduos años de Intifada (2000) sólo pudieron disfrutar las gentes de Belén y los franciscanos ya que la presencia de peregrinos descendió por completo durante esa época.

Hoy, las calles de Belén vuelven a estar atestadas de turistas que se unen a los betlemitas para celebrar el nacimiento del Niño Dios.

Actualmente y a pesar de que la ciudad cada vez alberga más musulmanes provenientes de lugares vecinos y que ya superan las tres cuartas partes de la población, el peregrino todavía puede encontrar en el “eterno pesebre del mundo”, la más cautivante sensación de una auténtica Navidad. EFE/Reportajes