Bicentenario del nacimiento de Théodore Chassériau

Bicentenario del nacimiento de Théodore Chassériau

Para los admiradores de Théodore Chassériau, 2019-2020 será el año conmemorativo de su nacimiento, y varias actividades recordatorias se celebrarán, siendo una de ellas, en París, la inauguración de la “Place Théodore Chassériau”, y, en Santo Domingo, una exposición de pinturas, dibujos, documentos, reproducciones, organizada por la Embajada de Francia.

He aquí la oportunidad de evocar la memoria de aquel magno artista, muerto a destiempo en 1856, émulo de Ingres y Delacroix, que, a la vez realidad y mito para la República Dominicano, es el único genio de la pintura universal, nacido en el país.
Los orígenes. Theodore Chassériau nació en El Limón, hoy municipio, el 20 de septiembre de 1819, fecha confirmada por documentos de estado civil y de bautizo, aunque historiadores discutieron la fecha, y Emilio Rodríguez Demorizi, gran estudioso y apasionado de Chasseriau, evocaba la posibilidad de que hubiese nacido, diez años antes….
La madre de Théodore Chassériau, Marie-Madeleine Couret de la Blaquière, francesa de origen, era hija de un acaudalado propietario, instalado en la cercanía de Samaná desde el siglo XVIII. Se piensa que la familia podría haberse trasladado a Samaná, desde la parte francesa – hoy Haití-, a causa de los peligros de persecuciones .
La propiedad materna, situada en el Limón, se llamaba Petitoa -fonéticamente “pequeño techo” en francés-. Allí había nacido Marie-Madeleine, allí se había casado jovencita con Benoit Chassériau –francés, antillano por afinidades y negocios ancestrales-, allí nació Théodore Chassériau, el cuarto de sus cinco hijos, el 20 de septiembre 1819.
El ensayista Jean-Marie Tasset se refirió de ese modo a la procedencia del artista: ”aquel joven pintor y grabador, nacido en Santa Bárbara de Samaná (Saint-Domingue), donde su padre era cónsul, Su madre era criolla y él guardará siempre la nostalgia del Trópico”.
( No cabe duda de que por nacimiento, Théodore Chassériau pertenece a lo que es hoy República Dominicana, aunque, por los acontecimientos políticos, sus padres –apegados a las islas antillanas-, sus hermanos, y él mismo debieron emigrar a Francia, siendo Théodore un infante, en 1822. El padre murió, Consul en Puerto Rico, en 1844. De la madre, se recuerda a una mujer bondadosa y religiosa. Ahora bien, Théodore Chassériau siempre cultivó lazos de índole filial, con sus hermanas, Adela sobre todo y amigas cercanas. Señala el investigador Bruno Chenique que “Théodore fue un niño mimado por su familia, activamente incentivado, por el padre en particular, a dar curso libre a su vocación de pintor”. Numerosos testimonios epistolares demuestran el estímulo paterno desde los dibujos infantiles de Theodore.
Los lazos afectivos con mujeres, casi sustitutos de la madre, inspiraron artísticamente al artista, y una carta testimonial de Clémence Monnerot expresa: “De 1837 a 1840, Théodore ha pasado todas sus noches en casa de mi madre.
Teníamos muchos vínculos con su familia (…). Adèle, Aline y yo, hemos sido, durante años, los modelos de Théodore. El dibujaba, de noche, debajo de la lámpara, y nos colocaba a su antojo. Adèle tenía brazos magníficos, están reproducidos en todas partes, y la pobre anciana que les escribe, de la edad de Théodore, ha posado para su María la Egipcia.” (carta de 1893).
Théodore Chassériau hizo dos retratos conocidos de su madre, ambos en el Museo del Louvre, una pintura y un dibujo. La pintura, un óleo sobre lienzo del 1836, representa a una señora todavía joven, de expresión ligeramente triste, de rostro armonioso. La primera monografía sobre Chassériau habla de un verdadero tipo de criolla (“créole”).
La experta Christine Peltre destaca la cita siguiente: ”¡Este impresionante retrato fue pintado por un adolescente de 17 años! Con razón, el famoso Ingres, su maestro, se asombraba de su precocidad y veía en él, el futuro Napoleón de la pintura, según sus propias palabras”. Varias pinturas y dibujos de las hermanas llevan la impronta de esta ternura familiar: el famoso retrato de las Señoritas Chassériau se considera excepcional obra maestra.
Uno de los murales de Théodore Chassériau, que, con más sentimiento, plasmó a la mujer, fue, en París, el imponente decorado (1844-1848) – destruido en gran parte-, para la Escalera de Honor de la Cámara de Cuentas, himno a la fecundidad siendo alegoría de la fertilidad de la tierra… En la Embajada de Francia, admiraremos algunas reproducciones de sus remanentes pictóricos, cedidos por Jean-Baptiste Nouvion, devoto descendiente de Théodore Chassériau .
La exposición. Destacamos muy brevemente el sitial de la presencia familiar femenina en la vida de Théodore Chassériau. Podremos ver mucho más en la muestra conmemorativa de la Embajada de Francia, el 8 de octubre. El Embajador Didier Lopinot quiso darle el máximo realce.
Documentos históricos, textos inéditos, dibujos originales – préstamo de Carmen Miranda-, reproducciones de cuadros desde el Museo del Louvre, la exposición es el fruto de una labor intensa de Anjali Mattoo, que coordinó el guión, los aportes y una museografía de Miguel Ramírez.

Publicaciones Relacionadas

Más leídas