¡Bien! pero háganlo

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Muchas buenas intenciones se quedan en el camino del infierno. Del dicho al hecho, hay mucho trecho.

El Gobierno está para resolver los problemas que se presenten a la sociedad y, especialmente, para preverlos.

El proyecto presentado por el Presidente de la República, doctor Leonel Fernández Reyna, para combatir la creciente, audaz y peligrosa delincuencia está muy bien diseñado y toca la mayoría de las instancias y grupos que deben trabajar en un programa como ése.

El Gobierno responde a necesidades y reclamos de la sociedad que se siente acorralada por la delincuencia, la cual actúa con una impunidad y una audacia propias de aquella anécdota que me contaba Julio Gautreau, mi padre.

Un amigo se encuentra con Zenón Ovando, un famoso matasiete del Sur profundo y le pregunta: Zenón, ¿no serías tú quien mató a… hace un momento? Zenón desenfundó su revólver y le dijo: huele. Fue la última palabra que escuchó el preguntón antes del ¡pum! del ruido del disparo. Eran, por supuesto, otros tiempos.

Ahora, como salidos de la nada, como si se tratara de un cultivo de verdolagas o moriviví, la delincuencia repolla en cualquier lado, en cualquier momento y en procura de cualquier objeto que se pueda vender.

La obligación de la sociedad es auto preservarse.

La primera obligación del Gobierno es la preservación de la vida, la salud y la tranquilidad públicas, para ello debe tener, y tiene, mecanismos que contribuyan a que se logren esos fines.

El proyecto presidencial es bastante completo, de eso no hay dudas.

Aunque todos los índices apuntan contra la Policía Nacional sostengo, desde siempre, que en la Policía la mayoría es gente buena y no actúa porque está atrapada dentro de un sistema, un método incorrecto, donde la politiquería se impone a la institucionalidad, pero de eso no se habla.

Si no hay respeto por la institucionalidad policial ¿cómo se le exige a los policías que actúen correctamente si ningún gobierno ha respetado las regulaciones internas del cuerpo? Ese proyecto, que insisto es bueno, debe ser explicado en detalles para que se eviten arbitrariedades y excesos de parte de alguna autoridad, no importa el rango.

El mismo comprende la importante fase de la prevención, en la cual deben participar todos los actores sociales, comenzando por los moradores de todos los sectores de cada uno de los barrios y urbanizaciones de cada ciudad.

Como parte de la prevención y ya que el Gobierno habla tanto de educación, se deben construir más escuelas, más aulas, debe haber disponibles más maestros, más y mejores atenciones de salud, especialmente la preventiva. Y no sólo educación escolar, sino también educación laboral a todas horas del día, en las noches y los fines de semana.

Prevención, no necesariamente, es poner un policía en cada esquina. Es preciso que haya confianza en que la autoridad resolverá los problemas dentro de lo que establecen la Constitución y las leyes.

Cualquier proyecto es bueno en el papel y se pintan pajaritos en el aire aunque no haya árboles donde se asienten las aves.

El país está lleno de leyes, decretos, proyectos, programas inconclusos.

La autoridad y la sociedad no debieron permitir que la delincuencia llegara tan lejos.

Llegó el momento de demostrar que “obras son amores y no buenas razones”.

“No basta rezar, hacen falta muchas cosas, para conseguir la paz”.