¡Bienvenidos al hotel robótico!

En la imagen el velocirraptor robot recepcionista atiende a una cliente del hotel que hace el "check-in" a través de una máquina. Foto: cedida por Henn Na Hotel/Huis Ten Bosch
En la imagen el velocirraptor robot recepcionista atiende a una cliente del hotel que hace el "check-in" a través de una máquina. Foto: cedida por Henn Na Hotel/Huis Ten Bosch

¿Le gustaría alojarse en un hotel atendido enteramente por robots y máquinas automáticas, sin la intervención visible de ningún empleado humano, pero con su misma eficacia y cercanía?

Esta experiencia tan rara como sorprendente ya puede vivirse en el Henn na Hotel, un establecimiento de 72 habitaciones que abrió sus puertas recientemente y que está situado en el Huis Ten Bosch, un parque de atracciones temático que recrea los Países Bajos mediante copias de tamaño real de los antiguos edificios neerlandeses, situado en la ciudad de Sasebo, urbe portuaria de la prefectura Nagasaki, en el suroeste de Japón.

En la recepción del Henn na Hotel, cuyo nombre podría traducirse como “hotel raro o extravagante”, los huéspedes son recibidos por un dinosaurio velocirraptor mecánico similar a los de la película Parque Jurásico, por una sonriente y elegante mujer androide y por un pequeño y simpático humanoide recepcionista del sistema NAO, que trabajan con igual energía y precisión.

El dinosaurio electrónico de aspecto inquietante recibe a los huéspedes que hablan en inglés; la recepcionista androide de rasgos asiáticos, uniforme y pestañas parpadeantes atiende a los visitantes que se expresan en japonés; mientras que la compañía ha anunciado que pronto espera disponer de robots que se comuniquen con las personas en idiomas chino y coreano.

“Si usted quiere hacer el check-in presione 1”, dice el dinosaurio, y, entonces el visitante tiene que pulsar un botón en el escritorio y después rellenar un formulario electrónico con su información en una pantalla táctil, situada en una columna.

Por su parte, otro robot de información NAO, situado en un escritorio independiente, ofrece datos adicionales al huésped, completando el trabajo de los otros tres autómatas.

Después de registrarse a través de un panel táctil y de que un brazo robótico recoja algunas de sus pertenencias personales para guardarlas en una caja de seguridad, dos robots porteadores o conserjes robotizados trasladan el equipaje y conducen al visitante hasta su habitación, a la cual puede acceder, después de exponer su rostro previamente escaneado en la recepción a un sistema óptico de reconocimiento facial situado junto a la puerta.

En su cuarto, el visitante dispone en su mesilla de un conserje robot con aspecto de muñeca o “churry robo”, con el cual puede hablar y solicitarle verbalmente cosas como que encienda o apague la luz, le informe sobre el tiempo, le diga la hora o programe el despertador, así como una tableta electrónica táctil para efectuar llamadas telefónicas e informarse sobre los servicios del hotel, entre otros usos.

El hotel extraño tiene previsto ampliarse con otras 72 habitaciones e incorporar androides que se encargarán del servicio de habitaciones.

Los robots están equipados con sensores para circular por las instalaciones del hotel sin contratiempos, evitando chocar con las personas y salvando obstáculos, mientras que la seguridad del establecimiento la desarrollan seres humanos, que observan todo lo que sucede a través de cámaras de seguridad.

Durante su estancia y actividades dentro del Henn na Hotel, y a menos que solicite su presencia expresamente, es improbable que el huésped se cruce con alguno de la decena de empleados humanos que trabajan en el establecimiento, una medida que permite a la empresa operadora, Huis Ten Bosch, ahorrar un 25% de costes salariales.

El “hotel extraño”, que tiene previsto ampliarse con otras 72 habitaciones e incorporar androides que se encargarán del servicio de habitaciones, también resulta más económico para quienes allí se alojan, dado que el precio de una habitación individual oscila entre los 9 mil y los 16 mil yenes (de 73 a 130 dólares), según la época.