Biocombustibles
El poder de las plantas

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En 1898 el ingeniero alemán Rudolph Diesel, acudió a la exposición de París para presentar al mundo su innovador invento, un motor de aceite pesado llamado con su mismo nombre y que en futuro cobraría gran importancia para el transporte. Pero quizás sea menos conocido el hecho de que el ingeniero Diesel fuera el primer autor del uso del biocombustible. Y es que Diesel hizo funcionar su invento con aceite de maní, algo que hoy podría considerarse como biodiesel.

De hecho, aquel ilustre alemán sostenía que el futuro de su invento se basaba en la biomasa, que es toda materia orgánica producida mediante un proceso biológico y que pueda ser utilizada como fuente para producir combustible y energía.

En América, el también muy destacado Henry Ford, mantenía una postura muy similar respecto a los combustibles vegetales, ya que los primeros vehículos que salieron de sus fábricas funcionaban con bioetanol.

Más de un siglo después de aquella efímera edad de oro, y tras la crisis del petróleo que todos conocemos, los biocombustibles comienzan a tomar más importancia y estar cada vez más presentes en la automoción.

El bioetanol y el biodiesel son los dos tipos más comunes de carburantes ecológicos, y se emplean en motores de gasolina y diesel, respectivamente.

El primero de ellos es un alcohol etílico deshidratado que en su mayoría se obtiene a partir de la caña de azúcar o cualquier biomasa. Brasil es el país que más bioetanol produce y donde existe la mayor porcentual de vehículo propulsados con este biocombustible. Casi el 50% del parque auto circulante del país suramericano utiliza una mezcla de gasolina y alcohol o bien bioetanol puro.

Si se utiliza en estado puro —sin diluir en gasolina—, el motor entrega una cantidad de potencia sustancialmente mayor que su equivalente de gasolina, con el añadido de que sus emisiones de CO2 se reducen drásticamente.

Pero el verdadero protagonista entre los combustibles ecológicos es el biodiésel, cuya presencia se hará presente, el próximo año en nuestro país, en los servicios públicos del estado con una flotilla de buses propulsados con este combustible.

El biodiésel está compuesto sencillamente de aceites vegetales como el de colza, girasol, soya y palma, entre otras muchas plantas oleaginosas. También se obtiene a partir de aceite de cocina usado, tras ser debidamente filtrado y depurado para eliminar residuos.

A diferencia del bioetanol, el biodiesel puede ser utilizado sin ningún tipo de problema en cualquier motor diesel: sirve igualmente para autos de gasóleo y para vehículos pesados o calderas.

Aunque en algunos países se venda en estado puro, en otros se comercializa diluido con gasóleo fósil —el convencional— en unas proporciones que rondan el 15% de aceites vegetales por el 85% de gasóleo.

Las razones de que esto sea así son principalmente dos: por un lado, las plantas que producen biodiesel no suministran suficiente cantidad como para poder venderlo en estado puro en las gasolineras. Por otra parte, los vehículos que lo utilicen sin diluir deben sustituir el tubo de goma que lleva el combustible del depósito al motor por otro de plástico. Aunque la mayoría de los vehículos fabricados desde los años 90 ya lo incorporan, venderlo mezclado es una forma de ofrecer un producto que pueda utilizarse con la seguridad de que no va a provocar ninguna avería.

BIODIESEL ¿FUNCIONA O NO?

Con una mezcla de un 12% de biodiesel en un auto de gasóleo,  no se percibirá sustanciales diferencias en el comportamiento del vehículo, aunque el consumo aumenta ligeramente, sobre todo en recorridos urbanos. Al estar situado su punto de inflamación en 110 grados centígrados, superior al del gasóleo, la potencia se reduce muy levemente, en base a un 1%. Esta pérdida se ve recompensada en parte por su mayor poder lubricante, que redunda en un funcionamiento más suave de todos los elementos del motor y una mayor durabilidad del conjunto.

Incluso, en motores viejos y con muchos kilómetros, se aprecia una notable reducción en los niveles de ruidos y vibraciones. Su único inconveniente real es que siendo más denso, el arranque del motor en frío será un poco más trabajoso.

No obstante, su principal virtud es la de ser más limpio que el gasóleo, ya que (diluido) contamina un 15% menos.

A pesar de ello, algunas organizaciones ecologistas han alertado de que en varias partes del mundo se están talando bosques para cultivar las especies oleaginosas de las que procede el biodiesel. Greenpeace, por su parte, acepta este biocarburante como la mejor alternativa, pero señala que lo realmente necesario es mejorar la eficiencia de los motores.

LOS MOTIVOS PARA PENSAR EN BIODIESEL

En primer lugar, el uso de biodiesel puro, al ser de origen vegetal, resulta inocuo con el medio ambiente, y no contiene prácticamente nada de azufre, así que también en nuestro país podremos utilizar los modernos motores sin el peligro de la mala calidad de nuestro diesel. Además, es una alternativa efectiva a los combustibles fósiles por ser una fuente renovable de energía.

Como tiene más átomos de oxígeno, mejora la combustión, reduciendo al mismo tiempo las emisiones de hollín, y las de CO2 son casi nulas.

Por otra parte, no contiene benceno ni otras sustancias cancerígenas, y si se derramara en el suelo, bastarían aproximadamente 21 días para que se biodegradase al ser totalmente inocuo para la naturaleza.

Dado que su punto de inflamación se sitúa en 110 grados centígrados, no se considera materia peligrosa, siendo más seguro su almacenamiento.

Por último, posee un alto poder lubricante, así que alarga la vida de los motores y es la única alternativa ecológica para hacer funcionar vehículos diesel.