Blindaje extra para el personal

El policía que va a la calle a relacionarse con la comunidad en cumplimiento de deberes como guardián de la ley es también un ser humano que confronta necesidades y siente las presiones del alto costo de la vida. Porta un arma de fuego de cara a la delincuencia pero no una billetera apropiada para asumir a cabalidad los gastos personales y de familia. Su vulnerabilidad ética se traduce continuamente en alto índice de agentes que participan directamente en hechos delictivos o se venden a patrocinadores y ejecutores del crimen. Los boletines oficiales de expulsión de miembros de la Policía por diversas causas denigrantes expresan dramáticamente que las filas policiales son en sí mismas débiles en el papel de la protección ciudadana con el agravante de que el mecanismo interno que debe prevenir inconductas no logra los resultados que más convienen al país como valladar contra las desviaciones de las tropas.

Es necesario alcanzar prontamente en este país una clara correspondencia entre los niveles de responsabilidad de los mandos medios y subalternos de que se vale el Poder para proteger de la criminalidad al ciudadano y la remuneración justa que reciban para garantía de que las funciones de orden público están sólidamente fundadas en la efectividad profesional y el apego a la honestidad; con autoridades haciéndose merecedoras de la confianza colectiva.

Infuncionalidad de restricciones

La agricultura y la ganadería no tienen en sequías y deforestación que agotan ríos y canales unas únicas adversidades. También marcha contra la producción del campo el proceso urbanizador sobre suelos de primera categoría. El descuadre por utilización no reglamentada de terrenos avanza en dos direcciones: se construye sobre espacios cultivables en desprecio a lo baldío disponible; y se tolera la ilegalidad de cultivar en áreas protegidas.
Los límites al uso de superficie y dominios rurales se convierten fácilmente en letra muerta. Con facilidad aparecen depredadores sobre áreas que deben ser intocables. En más de una ocasión ha sido la sociedad la que ha tenido que levantarse a protestar y a exigir respeto a los recursos naturales. De lo contrario ya no existirían ni Valle Nuevo ni Los Haitises; que siguen en peligro.