Boggs y Sandberg serán inducidos hoy al Salón de la Fama

POR JOHN KEKIS
COOPERSTOWN, N.Y. (AP).- Mientras crecían, Wade Boggs y Ryne Sandberg eran como cualquier otro niño enamorado del béisbol, jugando juegos imaginarios y soñando.

“En el patio, cuando uno jugaba, siempre imitaba a los grandes”, dijo Boggs. “Siempre digo Reggie Jackson y Pete Rose. Esos tipos”.

“Tenía una línea pintada en el garaje que indicaba el jonrón, los árboles y las mesas del patio eran jardineros”, dijo Sandberg. “Jugaba con una bola de golf de plástico. Recuerdo que ponía los brazos en el aire cuando daba un hit y eso que yo estaba solo”.

Cuatro décadas más tarde, esos sueños de infancia culminarán con el más grande de los honores – la inducción al Salón de la Fama hoy. También serán exaltados el comentarista de los Padres de San Diego y ex intermedista de los Yanquis de Nueva York, Jerry Coleman y el famoso Peter Gammons.

“El Salón de la Fama no es algo que se fija como meta”, dijo Boggs, un cinco veces campeón de bateo de la Liga Americana con los Medias Rojas de Boston, que se convirtió en apenas el 41er jugador elegido en la primera oportunidad. “Es algo que evoluciona”.

Tanto para Boggs como Sandberg, las cosas evolucionaron lentamente al principio.

Boggs, quien bateaba a la izquierda, era un niño raro que no atraía mucho la atención aunque terminó su cuarto año de bachillerato bateando de 33-26. Fue elegido en la séptima ronda por los Medias Rojas y luego pasó más de cinco temporadas en las menores.

Aunque ganó un título de bateo y terminó entre los primeros cuatro bateadores cuatro veces, los Medias Rojas no lo invitaron a los entrenamientos de primavera después que casi se quedó sin ganarse el título de bateo jugando tercera base en Pawtucket en 1980.

“Lo único que me dijeron era que no bateaba con poder y que estaba en una posición de poder y que no iba a jugar en las mayores si no bateo con poder”, dijo Boggs, quien también jugó con los Yanquis y Tampa Bay, retirándose con 3,010 hits. “Les tumbé el pulso en 1981 cuando lideré la liga en bateo y no me subieron en septiembre. Tuvieron que tomar una decisión relacionada conmigo”.

Los Medias Rojas decidieron mantenerlo.

Boggs aprendió su swing de su padre, Winfield, una estrella de softbol. Bateó .300 o más 15 veces, terminó con promedio de por vida de .328 y fue el único jugador en el siglo 20 con siete campañas seguidas de 200 hits.

“Fue una de esas cosas en las que cuando alguien te dice que no puedes hacer algo, sales y trabajas el doble para lograr las cosas”, dijo Boggs, un hombre que creó mil hábitos para jugar, como comer pollo antes de cada partido.

“El pulir mi habilidad me ayudó a alcanzar la base, batear para promedio y anotar carreras. Ese era mi juego. Sabía que podía conectar una línea la mayor parte de las veces que hacía swing”.

Aun con todos sus logros de bateo, Boggs atesora sus dos Guantes de Oro ganados con los Yanquis.

“Siempre odiaba oír a la gente decir que yo era un buen bateador pero no era un buen tercera base”, dijo Boggs. “Y la única manera de conseguir la etiqueta de jugador completo es ganar un Guante de Oro. Me tomó mucho trabajo. Cuando Don Mattingly me llamó para decirme que había ganado el Guante de Oro, comencé a llorar en medio de la cama. Nunca lloré después de ganar un título de bateo”.

Mientras Boggs era un pateador estrella en el liceo y podía haber jugado fútbol colegial, Sandberg estuvo a punto de ser firmado para jugar como quarterback en Washington State, en vez de ser un torpedero de liga menor.

“Firmé una carta de intención. Tenía todas mis clases escogidas y hasta contaba con un compañero de habitación”, dijo Sandberg. “Todos mis viajes a las universidades eran como estrella de fútbol”.

Aparentemente, los ejecutivos de Grandes Ligas pensaron lo mismo ya que no fue escogido hasta la ronda 20 del draft amateur de 1978 con los Filis de Filadelfia.

Aunque Sandberg, de seis pies y dos pulgadas, comenzó en el siore, eventualmente fue movido a segunda y como Boggs, dejó su marca.

“Escuché muchos comentarios de que era demasiado grande para la posición porque no era el prototipo de intermedista que todo el mundo conocía”, dijo Sandberg, quien fue cambiado por los Filis en enero de 1982 hacia los Cachorros de Chicago por Iván de Jesús.

El cambio le dio a Sandberg la oportunidad de jugar todos los días y rápidamente calló a los escépticos. Cuando los Cachorros adquirieron a Ron Cey de los Dodgers para jugar tercera base en 1983, Sandberg se convirtió en el intermedista regular y ganó el primero de nueve guantes de Oro seguidos.

“Realmente me gustó la transición desde tercera”, dijo Sandberg, quien fue elegido al Salón de la Fama en su tercer intento. “Me gustaba estar en el medio del diamante y hacer la doble matanza”.

Y después de un momento que lo marcó en el Wrigley Field, se dio cuenta que podía ser tan bueno como cualquier otro.

El 23 de junio de 1984, Sandberg se fue de 6-5 contra los Cardenales y empujó siete carreras, pegando jonrón en el noveno para enviar el partido a entradas extras y empató el juego más tarde con otrocuadrangular – ambos contra Bruce Sutter, uno de los mejores relevistas en la historia. Los Cachorros ganaron una entrada más tarde.

“Ese juego me llevó a otro nivel”, dijo Sandberg. “Realmente entendí lo que mi dirigente Jim Frey me había dicho en esos entrenamientos de primavera, de que podía ser un jugador de impacto y capaz de tener grandes partidos. Todo encajó, podía ser grande”.

VERSIÓN DIONISIO SOLDEVILA BREA