Bolivia y Chile: dos lecciones políticas

Los acontecimientos que se han producido recientemente en Bolivia y Chile ponen de manifiesto que en América Latina se ha instalado un clima de inestabilidad que amenaza la vigencia del sistema democrático. No resulta fácil interpretar lo que sucede, pero hay claridad en cuanto al hecho de que no se trata de la clásica sedición militar a la que estábamos acostumbrados en el pasado, sino a un descontento cada vez más generalizado de la población con el funcionamiento de la democracia.

Pretendo de manera sintética sacar algunas lecciones políticas de lo ocurrido en Bolivia y en Chile.

La primera lección que saco de lo de Bolivia es la siguiente: si no quieres terminar mal, no te extiendas demasiado en el ejercicio del poder.

Evo Morales se la había ingeniado para gobernar su país durante tres periodos consecutivos.En el ejercicio de su primer mandato, consiguió en 2009 una reforma constitucional que lo habilitó por dos mandatos más, pero al agotar el segundo mandato logró que la Justicia interpretara que se trataba como el primero. Fue entonces presidente por tercera vez y durante ese mandato hizo reformar de nuevo la Constitución con el propósito de ir a un cuarto periodo. Pero ese intento tuvo que someterlo a un referéndum que perdió, pero no conforme con la derrota ignoró el rechazo popular y logró que los jueces interpretaran que seguía habilitado para postularse sobre la base de que la reelección es un derecho humano. Evo participó en las recientes elecciones y las consecuencias ya son del todo conocidas.

Si hay algo que aprender de lo que ha ocurrido en Bolivia es que pretender extender el mandato presidencial más de la cuenta produce una degradación de la democracia.

La segunda lección proviene de lo que ha estado ocurriendo en Chile y la resumo de la siguiente manera: si como Presidente lograste salir bien de un Gobierno, luego no intentes volver.

Entre el 11 de marzo de 1990 y el 11 de marzo de 2014 se alternaron en el ejercicio del poder en Chile Aylwin, Frei Ruiz-Tagle, Lagos, Bachelet y Piñera. Floreció la democracia en Chile y hasta 2010 el nivel de aprobación de los gobiernos superó el 50%. Desde 2011, siendo presidente Piñera, se inició un proceso de erosión del Gobierno, cuya aprobación cae por debajo del 50%, situación que se ha mantenido hasta el día de hoy. En 2014, resulta reelecta Michelle Bachelet, a quien le toca gobernar en un contexto de enfriamiento de la economía, escándalos de corrupción y amplias movilizaciones de la población solicitando cambios sociales. Ese segundo periodo termina con una clara desaprobación de la población (33% en 2017). Piñera logra la reelección en 2018 y en apenas un año y siete meses su Gobierno ha tenido que enfrentar la más grave convulsión social que Chile ha tenido en los últimos 30 años.

En resumida cuenta: volver, luego de irte, no es bueno.