¿Borrón y cuanta nueva?

VINICIO CASTILLO SEMÁN
El 16 de mayo del 2004 quedará registrado en la historia de este país como uno de los momentos en que el pueblo dominicano ha ejercido su poder soberano en las urnas con más claridad y potencia, transmitiendo un mandato lleno de esperanza a favor de un ciudadano y de una coalición de partidos. Leonel Fernández, y fundamentalmente el PLD, cabeza de esa coalición, asumieron un compromiso histórico de rescatar a la nación del abismo económico en que lo había sumido el gobierno perredeista de Hipólito Mejía; pero, sobre todo, con el de castigar ejemplarmente la corrupción administrativa que se convirtiera en signo indeleble de ese gobierno.

Como bien apuntara el Presidente Fernández en su toma de posesión el 16 de agosto, lo que está en juego no es la tradicional y episódica escaramuza de investigaciones de corrupción que suelen producirse ante la asunción al mando de un nuevo gobernante; lo que está en juego en estos momentos es la existencia misma del sistema de partidos políticos y la credibilidad en la alternabilidad democrática con que la República ha navegado en la época post-Trujillo.

De lo que se trata, no es sólo si se van a dejar impunes los crímenes económicos cometidos por funcionarios del anterior gobierno, sino si con ello se le va a dar la luz verde a los actuales para que hagan exactamente lo mismo; lo que está por verse en los próximos meses es si las mafias organizadas en los distintos ámbitos donde interviene el Estado, van a lograr tener vasos comunicantes, convirtiéndolas en multipartidarias.

Lo que vamos a demostrar en los hechos, es si la experiencia y la enseñanza del colapso del sistema político venezolano no nos ha servido de nada, cuando la frustración de ese pueblo en la credibilidad de los partidos tradicionales AD y COPEY tuvo precisamente su epicentro en el borrón y cuenta nueva convenido entre ambos para repartirse y saquear la riqueza de esa gran nación.

Leonel Fernández y el PLD tienen ante sí, quizás, una de las últimas oportunidades para revertir ese proceso; de honrar a su fundador y líder inmortal Juan Bosch y hacer que renazca y se mantenga la fe de muchos dominicanos en el sistema de partidos y probar que éste tiene suficiente material humano para relanzarse y regenerarse, ahora sin la presencia de los grandes caudillos.

Pasados 90 días del gobierno, en cuyo interior ya se empiezan a oír expresiones de que, según las encuestas, el castigo a la corrupción no es un tema prioritario; los signos y el panorama que se avizora en esta materia ha empezado a preocupar a la mayoría de los ciudadanos que apoyaron a Leonel Fernández.

Se percibe claramente que funcionarios claves, obligados por ley a perseguir estos grandes crímenes económicos, lucen paralizados, con un temor inexplicable, frente a cualquier investigación en torno al ex-Presidente Hipólito Mejía y sus más cercanos colaboradores, lo que podría presagiar un trágico borrón y cuenta nueva. Ojalá y estemos equivocados.