Bosch: el PRD y el PLD

Con solo el ahorro del 10 por ciento que roban los funcionarios públicos en las compras de materiales, servicios y equipos, tendremos suficiente dinero para emprender importantes obras públicas necesarias para el desarrollo’’, así hablaba Juan Bosch una noche cualquiera de la campaña política de 1966.

Bosch, cuyo fallido gobierno de 1963 produjo en solo siete meses más de un escándalo de corrupción que involucró a uno de sus asistentes, Pedro Juan Laboy, y provocó la cancelación de uno de sus ministros, predicaba contra el uso indebido de los bienes del erario y abogaba por la aplicación correcta de la Ley de Gastos Públicos.

En su concepción del desarrollo, Bosch era un firme partidario del uso de recursos externos, del endeudamiento externo, en un país donde el gobierno de la tiranía de Trujillo había pagado la deuda externa.

El pago de la deuda externa fue, para el tirano, un negocio mejor que comprar ingenios y otros negocios para vendérselos al gobierno y luego comprarlos al gobierno pagando un precio de vaca muerta, el pago de la deuda permitió al tirano y a sus acólitos más cercanos repetir la acción de los conquistadores, quienes lograron canjear oro por espejitos, Trujillo sustituyó moneda buena, sólida, de circulación mundial, por papeles supuestamente respaldados en oro.

Aquella mañana de noviembre de 1973 cuando Bosch extrajo del bolsillo interior del saco un papel que decía: Partido de la Liberación Dominicana, luego de leerlo dijo y le llamaremos PLD que se parece a PRD. El buen publicista, el creador de frases publicitarias efectistas, el vendedor de milagros, veía más allá de la curva.

Desenrollaba así parte de su estrategia de recibir las bolas que pichaba su líder político: Joaquín Balaguer, a quien sirvió para las elecciones de 1970, sacando al PRD de la carrera por el poder y permitiendo que el líder reformista fuera reelegido sin problemas, lo mismo hizo en 1966 al estimular la violencia al pedirle al pueblo que fuera a votar con palos y piedras. Luego actuó de manera infame cuando puso una zancadilla al PRD al intentar desconocer el triunfo del partido blanco en 1978.

Ese tránsito subterráneo de Bosch, ese tránsito paralelo es una de las enseñanzas del maestro que muchos rechazamos y nos negamos a asimilar como modelo de ejercicio político, por considerarlas malsanas, como en efecto han resultado.

Esas y otras malas costumbres y marrullas han sido bien asimiladas por sus alumnos que quedaron en el PLD, con el tiempo se esperaba que modificaran la conducta política y pública del partido y de sus gobiernos, pero Danilo ha seguido la política de borrón y cuenta nueva de practicar lo que nunca se ha hecho: perseguir la corrupción, lo único bueno que hizo Bosch.