Brasil: de “milagro” a estancamiento económico, social y político (2/2)

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Es evidente que Brasil debe enfrentar, drásticamente, esta crisis agravada por el alto nivel de inflación (10.45%), la alta tasa de interés de (14.15%) y la necesidad de hacer grandes cortes en los gastos públicos, lo que podría intensificar la contracción económica de 3.71% del PIB en el 2015 y una proyección de una contracción de un 2.81% para el 2016, que sería la mayor recesión en años consecutivos desde 1930-31.
En el primer año de Rousseff, a pesar de los altos precios en los bienes básicos, ya se sentía una debilidad en la balanza de pagos que terminó en un déficit de 10,688 millones de dólares y, con el proceso de la caída de los precios de los bienes básicos, este déficit se situó en 56,400 millones de dólares, al 30 de noviembre del 2015, según el Banco Central.
Podría decirse que múltiples factores conspiraron concurrentemente, tales como la desaceleración de la economía china (principal país importador de productos brasileños), reducción considerable en los precios de los commodities, decisiones presupuestales cuestionables, altos funcionarios del gobierno involucrados en escándalos de corrupción; factores que afectan el clima de inversión extranjera, reduciendo el consumo interno y aumentando, fuertemente, la polarización política.
Según algunos especialistas, la actual crisis económica posiblemente se alargue e intensifique durante el 2016, incrementándose la tasa de desempleo, una tasa de interés alta, la más de que toda la región, además de un grave problema inflacionario, que se estima en un 10.5% anual. Mi apreciación es que esta crisis podría prolongarse, por al menos, dos años más.
Uno de los aspectos más impactantes de la economía brasileña corresponde al sistema de pensiones, que divide a los trabajadores brasileños en dos castas: la de los privilegiados, que coincide con los funcionarios con generosísimas pensiones, y la de los trabajadores de la iniciativa privada y autónomos, cuyo tope máximo es muy inferior al del sector público.
La extrema polarización política complica la situación, la cual ha sido, seriamente, afectada por el proceso de corrupción de Mensalão y Petrobras. El escándalo del Mensalão estalló en 2005 y destapó el manejo de recursos públicos para uso político. En total, 37 personas fueron condenadas, entre ellos el exjefe de gabinete del Gobierno de Lula, José Dirceu. Afortunadamente, con la condena de Dirceau este escándalo no afectó a Lula.
La prolongada contracción de la economía brasileña supone otro duro revés para el gobierno de Rousseff. Su administración se encuentra fuertemente cuestionada por el manejo de las finanzas y por la crisis política que se desencadenó tras destaparse el escándalo de Petrobras, donde aparecen involucrados algunos importantes dirigentes del oficialismo y, en menor grado, de la misma oposición. Los investigadores estiman que los desvíos de dinero y los sobornos de la petrolera puede que se acerquen a los 8,000 millones de dólares en el 2015.
El peor error de Dilma fue no empezar a confrontar la crisis en su primer periodo y dejar que se acumulara, dramáticamente, con el desplome de los bienes básicos. Esto agravado por la Constitución, los gastos sociales son ajustados anualmente por la inflación, convirtiéndolos en gastos estructurales.
Indudablemente, los problemas económicos de Brasil son graves, y la única salida, aparente, es aumentar los impuestos y recortar gastos, pero se hace difícil de enfrentarlos debido a una situación política de una casi guerra sin cuartel y un electorado del que solo el 20% tiene confianza en el Congreso y el 29% en un partido definido, promoviendo una aceleración en la definición electoral, tres años antes de la misma. Para dar una idea, la Presidenta cuenta con solo un 14% de aprobación que difiere, grandemente, de la aprobación de 51% al momento de ganar las elecciones, hace apenas unos meses.
A pesar de todo esto, Brasil es un país que tiene enormes riquezas y que puede recuperarse rápidamente si se toman las medidas necesarias. La pregunta que queda: ¿Podrán hacerlo? Esa es nuestra firme esperanza hacia el hermano país, Brasil.