Brasil, de “milagro” a estancamiento económico, social y político

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A partir de la segunda mitad del 1990, Brasil entró en un proceso que produjo un notable crecimiento económico que le permitió sacar a millones de personas de la pobreza y ser el único país latinoamericano en formar parte del grupo más poderoso de las economías emergentes: Grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).
Los grandes cambios estructurales comenzaron en la presidencia de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), desempeñando un papel fundamental en el extraordinario crecimiento en la producción de bienes básicos. Inácio Lula da Silva (2003-2010) llega al poder prometiendo mantener los cambios estructurales, pero ampliando los programas sociales, el acceso al crédito, así como a la producción y los servicios. Redujo, dramáticamente, la pobreza, duplicó la clase media en esos siete años.
Lula inició, a un paso relativamente rápido, una dramática ampliación de la inversión social, incrementando el programa “Bolsa Familia”, planes de salud e indexando por inflación el sueldo mínimo de los trabajadores. En otras palabras, manteniendo los salarios mínimos relativamente altos y protegiéndolos de la inflación, continuó fortaleciendo uno de los más amplios planes de retiro, política que fue continuada en el gobierno de Dilma Rousseff. Entre los aspectos negativos que tanto el presidente Lula como Rousseff, permitieron tenemos: 1. mantuvieron una política fiscal proteccionista en el sector manufacturero, disminuyendo el potencial competitivo de la industria brasileña, 2. nunca plantearon una opción alternativa sobre los pasos a tomar en caso de una crisis en los precios de los bienes básicos ni aumentaron, adecuadamente, las reservas en los tiempos de bonanza, y 3. permitieron que los gastos sociales se incrementaran en extremo
Durante los dos periodos de gobierno de Lula, hubo un crecimiento sostenido de la economía mundial con promedio superior al 4% anual, altos precios y demanda constante de materias primas y suficiente liquidez financiera en los mercados internacionales. Estas condiciones, y la implementación de políticas públicas de impactos positivos en los sectores más vulnerables de la población, permitieron que se hablase de Brasil como el milagro económico y social de la región.
Con el respaldo de Lula, la excelente situación económica doméstica e internacional y la extraordinaria ampliación de los proyectos sociales, salió Dilma Rousseff como presidenta de Brasil, posición que ocupa actualmente, iniciando su segundo periodo. (Rousseff inició su carrera política como guerrillera durante la campaña contra la dictadura militar).
A partir del año 2009, Brasil experimentó un estancamiento en su economía. Al mismo tiempo, aparecen en los medios de comunicación escándalos de corrupción que salpican la gestión gubernamental de Lula y de su sucesora, Dilma Rousseff, situación que se acentúa en los últimos años.
La presidenta Rousseff y el Congreso aceleraron fuertemente los gastos sociales. Solo en el capítulo de pensiones se gasta 11.6% del PIB, el más alto del mundo después de Japón, debido a que muchas personas se jubilan a los 60 años (mujeres a 55 años) y son indexadas al costo de la vida. Hubo también un cambio en la Constitución que protege los gastos cercanos al 80% del presupuesto, limitando, drásticamente, la flexibilidad en el manejo fiscal.
El aumento real en los gastos sociales fue del 3% del PIB en el último año de Lula, en la actualidad es de 10%, un aumento del 300% en siete años.
Dentro de las dificultades económicas actuales de Brasil, existe un dato positivo, su deuda externa es apenas de 67% del PIB y con reservas extranjeras de 357,016 millones de dólares a noviembre del 2015. Sin embargo, debido a los grandes problemas económicos y políticos, las compañías de calificación de riesgo, Fitch y Standard & Poor’s, bajaron la calificación de los bonos a la categoría “Basura”. Un elemento importante para esta variación: la caída del Real en un 31%, puesto que encarece la deuda externa y combinado con la crisis hace que aumente el riesgo de retraso en los pagos.
En la próxima entrega, abundaremos en los aspectos más relevantes que tratan de dar sentido al deterioro de Brasil.