Breve biografía de una bruja (primera parte)

O3
“La vida feliz nos llega al sostener un vínculo de amor.
La felicidad no es regalada, siempre viene de una relación de amor,
y el amor es el reflejo de la consciencia”.
 Karina Pereyra
 
 
Durante muchos años, perseguí la felicidad con desafuero mientras le provocaba una interminable cantidad de lesiones emocionales a mi propio corazón. En un momento cumbre de dolor, la compasión de mi hado me guió a un encuentro con una sabia que practicaba la astrología. Su nombre era Graziella, una enigmática mujer de apariencia dulce y agradable.
 
Tomada de su mano, empecé a cuestionar el amor que creía sentir y que me prococaba un insoportable sufrimiento. La naturaleza aguda e inteligente de sus planteamientos me hizo considerarlos, a pesar de que me decía lo que no deseaba oír: “Karina, el amor que causa pena, angustia y dolor, ¡no es amor!”
 
Siempre he admirado y seguido el pensamiento de Carl Jung, un psicólogo que investigó las religiones orientales, el rezo, los mandalas, el tarot, los arquetipos y el inconsciente colectivo. Hijo de un pastor y una psíquica, su visión era muy singular. Él dijo: “La astrología representa la suma de todos los conocimientos psicológicos de la antigüedad”.
 
En el año 1990, cuando Graziella regresó a Milán (su ciudad de origen), seguir las orientaciones de Brenda, una ingeniosa astróloga criolla que me hablaba de cosas maravillosas (que me permitían comprender un poco mejor la naturaleza de mi psiquismo), me hizo mucho bien.
 
Una cosa llevó a la otra y un martes de 1992 conocí a Yoryi, una especie de Merlín caribeño que estimuló mi interés por la magia y los rituales. En 1994, una impresionantemente lúcida catalana llamada Maragda, me ayudó a descodificar los arcanos del tarot que había conocido en mi visita a Florencia seis años atrás.
 
¡Estaba maravillada! En ese momento, decidí compartir con otros los recursos que me habían ayudado a salir de la oscuridad del sin sentido que escoltó mi camino desde la adolescencia. Renuncié a un fantástico trabajo en una multinacional farmacéutica, que me valoraba super bien y en 1996 junto a mi amiga Sheila abrí Misti-K, una tienda new age. La escritora, dramaturga y poetisa estadounidense Ntozake Shange dijo: “Donde hay una mujer, hay magia”.
 
Ser abiertamente bruja me trajo cierto grado de celebridad. La palabra bruja tiene su origen en Inglaterra y en inglés antiguo significa mujer sabia o mujer de conocimiento. La gente se extrañaba de que me atreviera a reconocer mi auténtica naturaleza. Cuando empecé a colaborar en el programa de radio de Jochy Santos, quizás el show más escuchado de todo el país, se oficializó mi titulación.
 
En su libro “Nociones y pociones: una guía práctica y segura a la magia creativa y los milagros”, Susan Bowes explica  que la magia, como se basa en la sabiduría de las leyes naturales, siempre se ha considerado un misterio femenino. Toda mujer lleva en sí una bruja, pero es necesario que en algún momento toque fondo o que su alma esté tan cansada, que le permita a la bruja oculta transformar y re-educar a la mujer herida.
 
El 13 de junio pasado, cumplí 20 años como astróloga, tarotista, mística, arbolista, maga, chamana, consteladora, ¡bruja! En todo este tiempo, he utilizado diversos caminos para despertar y ampliar mi consciencia y la de mis clientes; Misticismo, Psicoterapia, Constelaciones Familiares, Chamanismo, Arquetipos, Metagenealogía y recientemente Rituales Sistémicos.
 
Cada modelo ha enriquecido mi vida de un modo especial, devolviéndome valiosas partes perdidas de mí. En estas dos décadas, he formado parte de los movimientos de más de 32 mil personas, al mismo tiempo que he continuado quitando peso de mi alma y dando un buen lugar al dolor de mi propia historia.
 
 Ha sido un recorrido largo y difícil, pero finalmente he podido comprender que la realidad que vivo es el reflejo de la imagen que tengo de mí misma, por lo que a donde quiera que vaya y con quien quiera que me encuentre, allí mi propio amor estará esperándome.