Buen balance para el gobierno

BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
Los principales logros del gobierno en estos primero tres meses y día han sido, como han señalado voceros de importantes sectores de la nación, devolver la tranquilidad necesaria a la economía y llevar al ánimo público confianza en el equipo de gobierno y en el futuro de la nación. Pero que no se confunda, nadie ha hablado ni puede hablarse de soluciones definitivas, de panaceas, ni de cosas parecidas. Tampoco creo que el equipo de gobierno espere ese tipo de registro de parte de los distintos sectores de opinión pública. Basta con que se le reconozca el esfuerzo serio que se advierte en importantes áreas.

También hay que decir que el esfuerzo no ha sido igual en todas las áreas, ni la creatividad, ni la decisión. Creo que el gobierno, con sobradas razones, se ha concentrado en la economía y en poner la casa en orden.

El ritual democrático de hacer una valoración de las gestiones de gobierno en sus primeros 100 días no busca, ni mucho menos, encontrar soluciones a los problemas encontrados o heredados. Esta sería una pretensión irracional. Lo que sí se pretende es escudriñar las tendencias, sopesar la calidad de las decisiones y, sobre todo, averiguar si hay o no un plan maestro que guíe la formulación de medidas y de políticas.

Como observamos al inicio de estas notas, sobresale el hecho de que la administración del Presidente Fernández se ha concentrado en la búsqueda de salidas a una crisis económica y financiera asfixiante, que llevó a miles de pequeños y medianos productores a la quiebra y que puso a más de un gran comercio y de un gran productor, un gran distribuidor, al borde de la desaparición.

Cuando Fernández llegó al Palacio Nacional, el 16 de agosto, la economía dominicana era un caos. El peso dominicano sufría de una devaluación abrupta que, a su vez, desencadenó una inflación galopante e incontrolable. Las finanzas, las públicas y las privadas, estaban desencajadas, los ejecutivos, los empleados y los trabajadores vieron cómo sus salarios perdían  capacidad de compra. Y lo peor era que el gobierno lucía desconcertado, incapaz de ajustarse y cumplir los convenios negociados a regañadientes con el Fondo Monetario Internacional.

La economía dominicana perdió más de 10 años de crecimiento económico. El producto interno bruto se redujo de manera abrupta, la pobreza creció en sectores de clases medias bajas y se hizo más intensa entre los grupos empobrecidos. Todavía se escuchan las preguntas que se hacía en algunos organismos internacionales: ¿cómo pudo la economía dominicana perder su dinamismo, su crecimiento y la fortaleza de sus distintos sectores?

Era evidente, pues, que el esfuerzo inicial del nuevo gobierno tenía que concentrarse en la economía y en las finanzas. Al cabo de estos 100 días el peso se apreció de tal manera que la preocupación ahora es que siga esa tendencia; se buscaron fórmulas más adecuadas para abordar el gran déficit cuasi fiscal del Banco Central, se negoció un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, se disminuyó el ritmo de crecimiento de la inflación y se llevó confianza a los inversionistas locales y extranjeros.

Se trata, obviamente, de apenas un inicio. Pero debe decirse que en el área económica y financiera ha sido un inicio positivo.

Ahora faltan, en este campo, la adopción de medidas intensas y pesadas, sobre todo fiscales y de restricción del gasto y de la inversión pública. Estas son medidas necesarias que la población deberá asimilar, pues sin ellas será imposible sentar las bases para iniciar otro período de crecimiento económico.

En estos primeros 100 días las autoridades también han formulado una política de subsidios focalizados que parece responder a un esfuerzo bien pensado y serio. La correcta ejecución de esta política permitiría un respiro a los sectores más deprimidos de la población y contribuiría, al mismo tiempo, a empezar a poner un necesario orden en el sector eléctrico.

Los peledeistas siempre tienen a su favor un sentido del orden, aun cuando esta vez empiezan  a verse las consecuencias de la masificación partidaria. La administración pública, despedazada y empobrecida, empieza, poco a poco, a tomar un camino diferente.   

Los problemas de la sociedad dominicana son muchos. Nadie puede, por lo tanto, esperar que un gobierno, ni dos, ni tres, puedan solucionarlos. Pero lo que sí podemos esperar los dominicanos –y creo que es lo que tenemos que presionar para que así sea–  es  una planificación inteligente y sensible que permita identificar los problemas  fundamentales y ponerle la voluntad para encararlos.

Pero no solo requieren estos problemas planificación e inteligencia al encararlos. Necesitan también una gran dosis de valentía para enfrentar las maneras y los estilos de un status quo que los beneficiarios no quieren desmontar y, por qué no afirmarlo, necesitan de ideas y políticas progresistas, avanzadas, fundamentadas en la justicia social y en el bienestar del hombre y de la mujer como principal objetivo de todo acto de gobierno.
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