Buen paso de los diputados

De los legisladores siempre se esperará que ejerzan sus funciones sustrayéndose de sectarismos partidarios por integrar un poder primordial del Estado que debe estar distanciado de contradicciones que repercutan negativamente sobre el país. Deben asumir la representación de la sociedad y sus legítimos intereses sin caer en subjetividades políticas al abordar los asuntos que llegan a su hemiciclo. Los cambios de bandería impulsados por contradicciones entre liderazgos no pueden llevarse de encuentro las prioridades de agendas orientadas a impulsar la marcha del desarrollo en diversos aspectos.

Ayer, finalmente fue aprobado en la cámara baja el préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo por 90 millones de dólares que cubrirán inversiones en marcha para colocar a la Ciudad Colonial en condiciones más favorables al turismo local y del exterior. La aceptación definitiva, aguardada con expectación, no podía estar al albur de los cambios de chaqueta entre bloques congresuales tentados a disputarse la supremacía. Los legisladores tienen que cuidarse de no echar en un mismo saco los créditos que el país toma. No es lo mismo endeudarse para cubrir déficits presupuestales por excesos de gastos corrientes aplicados a ganar capital político pagando elevados intereses que hacerlo con garantías de retorno a la economía y sacando provecho de las facilidades que brindan organismos multilaterales.

“La Cuaba” que le echó su pueblo

Careciendo de asfaltado en casi todas sus calles, lidiando con un deteriorado suministro de agua potable y azotados por apagones de muy larga duración, los moradores del distrito municipal de La Cuaba, en la provincia de Santo Domingo, viven sometidos a una amarga realidad de la que solo podrían salir si el Gobierno dispone obras que hagan más habitable al terruño y salven a la administración local .
El director distrital, Henry Buret, dispone de una partida presupuestal de RD$1,184,000 mensuales para hacer todo lo que se pueda, a soga corta como muchas otras autoridades edilicias del país; al frente de una colectividad que ha crecido caóticamente, caracterizada por la pobreza de la mayoría de sus habitantes; ocupándose a cuentagotas y a duras penas de prestar los servicios inherentes a su investidura.