Buscar las reglas del desorden

FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX
henriquezcaolo@hotmail.com
Entonces usted cree que ese grupo de “invasores” de las Islas Malvinas era una legión de “vivos provisionales”, un batallón de “forzados” de los regímenes militares de Brasil y de Argentina. – Sí; así es, doctor Ubrique. Además, se trataba de personas secuestradas con la complicidad de varios gobiernos.

Se les daba por muertos en los países donde habían nacido. Por tanto, estaban atrapados; a merced de unos captores de los cuales dependía su abrigo y sobrevivencia en esas regiones deshabitadas e inhóspitas. Puede decirse que eran individuos de “identidad precaria”, obligados a obedecer para continuar respirando. Podían morir lo mismo en un país que en otro; en el suyo o en el ajeno. ¡Unos presos indefensos destinados a ser canjeados, trasladados, vendidos, utilizados o desechados! ¿No le parece a usted una situación trágica? No eran delincuentes comunes; lo que llaman “carne de presidio”. Los maleantes se acostumbran a todo; saben que no los quieren en ninguna parte; a veces sufren el rechazo de sus propios parientes. Ascanio, obviamente, no encaja dentro de estos supuestos. Era un joven educado que luchaba por convicciones ideológicas, en un trance político excepcional para la República Dominicana y en medio de una intervención militar extranjera.

– Por eso le decía que en América damos vueltas en una noria política. Regresamos al mismo punto que creíamos haber sobrepasado. Tenemos que contar con las mudanzas políticas de las grandes naciones, con la pobreza de nuestras sociedades, con las costumbres perversas que nos hacen tolerar los abusos, o aplaudirlos, o cometerlos si tuviésemos ocasión propicia. He llegado a pensar que existen sociedades estancadas, mineralizadas o fosilizadas. – Los cambios sociales siempre son lentos, amigo mío. Repase usted lo que ha ocurrido en Europa: en 1917 estalla la revolución bolchevique; tuvo lugar en el marco de la Primera Guerra Mundial. En 1918 se hundió el imperio Austro-húngaro, Turquía dejó de ser una potencia beligerante, desaparecieron los zares en Bulgaria, en Rusia; Alemania se volvió una república. Sin embargo, en 1922 Mussolini ya estaba en el poder; en 1928 Stalin inició la socialización en la Unión Soviética; en 1933 Adolfo Hitler empezó a mandar. En 1939 sonaron otra vez los cañonazos de la guerra en Europa; terminaron de oírse en 1945.

– Pero no acabaron en esa fecha los sufrimientos de los pueblos; después de tantisimos millones de muertos en los campos de batalla, de los horribles centros de exterminio para judíos, comenzaron los regímenes totalitarios en Hungría, Checoeslovaquia, Bulgaria, Polonia, Yugoeslavia. La Guerra Fría abarcó el mundo entero, como sabe usted de sobra. Toda la América se vio envuelta en esa guerra retórica, publicitaria, de operaciones encubiertas. Todo lo que usted narra acerca de Ascanio Ortiz es parte de ese cuadro general. Por supuesto, también hubo guerras de guerrillas en muchos países. La revolución cubana triunfó en 1959; lo tengo bien presente porque he vivido allí. El gobierno lleva treinta y tres años en el poder. Los problemas amainaron a partir de 1989, cuando la gente logró derribar el Muro de Berlin. Es una historia de dolor, de sangre, de atropellos tan inverosímiles que es difícil contarlos.

– Bajo los efectos de algunos daiquiris usted habló de la mala suerte, de los sucesos favorables, de los sentimientos amorosos. ¿Le parece a usted que en las cuestiones sociales y políticas interviene el azar? Lo digo porque la coacción y la manipulación son habituales en la política. Las elecciones son a menudo amañadas, los candidatos se escogen según las conveniencias de este o aquel grupo social. Las campañas políticas, al igual que las guerras, son empresas dirigidas “contra el azar”. Su propósito es que suceda lo que los dirigentes quieren que ocurra. – Créame, el azar se escurre, sin que nos demos cuenta, por los intersticios de nuestras componendas. Cuentan que el físico Albert Einstein dijo una vez: “Dios no juega a los dados”; sin embargo, los partidarios de la mecánica cuántica prefieren creer que Dios ha instalado un garito, con toda clase de juegos de azar. Dios juega a la ruleta con los cuerpos celestes, con los micro-organismos, con los grandes mamíferos, con el clima, con los átomos de la materia. También con los proyectos de los hombres. Cálculo de probabilidades es el nombre científico que se utiliza para designar las “casualidades programadas”. El hombre ha conseguido poner rutas a los electrones, que es lo mismo que trazar un derrotero al caos. En política intervienen: gran número de voluntades humanas tratando de crear orden dentro del caos; otro número cuantioso de voluntades opuestas a las primeras; esto es, con otras concepciones del orden; y, finalmente, el caos mismo con todos los matices del azar. Pero nosotros nos empecinamos en buscar las reglas del desorden.

Santo Domingo, R. D., 1993.