Bush-Kerry: post 11/9-pre 11/9

MANUEL E. GÓMEZ PIETERZ
Que en todos los órdenes el mundo cambió radicalmente a partir del once de septiembre del 2001, quedó palmariamente demostrado por los resultados de la reciente campaña electoral de los Estados Unidos. Contra todas las expectativas nacionales como internacionales, el Presidente Bush obtuvo cómodamente la mayoría tanto de votos populares como electorales. Más aún, su Partido Republicano obtuvo el control del Congreso. El instinto del ciudadano elector dio más peso a la seguridad que al bienestar; a la capacidad de decisión y riesgo, que al prudente temor a errar. Votó como ciudadano de una superpotencia seriamente amenazada por el terrorismo internacional que estampó su trágico sello y dejó sus huellas el 11/9.

El enorme peso legitimante de estas elecciones, resulta de la elevada concurrencia de electores, de la equilibrada distribución de las votaciones y en una evidente racionalidad en la opción del elector, que redujo al mínimo el sesgo emocional. Quienes votaron por un candidato no lo hicieron contra su oponente, sino por la preferencia de su programa político. Aquí no hubo “paliza”, sino racional ejercicio democrático en el que tanto el Presidente Bush como el Senador Kerry tuvieron una excelente participación. La nueva asignación de poder político resultante de estas elecciones, favorece sustancial y legítimamente al Presidente Bush y su Partido Republicano. Mediante el voto popular la mayoría de los norteamericanos ha aprobado sus decisiones políticas y en gran medida han dado luz verde a su guerra contra el terrorismo y a su empeño por potenciar la seguridad de la nación.

En opinión nuestra Kerry perdió porque basó su campaña en señalar reiteradamente como “erradas” o equivocadas las decisiones de Bush en la guerra contra el terrorismo; adoptadas según él, al margen de una amplia coalición y de la aprobación de la ONU. El Senador pasó por alto el 11/9 y el tremendo cambio que ese acontecimiento provocaría en un ordenamiento internacional cuyas instituciones tenderían a la obsolescencia. El 11/9 disparó una dinámica de cambio que pondría en crisis al mundo proeexistente, porque aún no ha perdido validez la ecuación: “cambio igual crisis”. Las crisis requieren líderes capaces de tomar oportunamente decisiones riesgosas sin temor a errar. Líderes que entiendan que en la urgencia de la crisis no existen ex-ante, buenas ni malas decisiones, sólo la capacidad, valor, arrojo, y visionaria intuición de quien las toma. Que resulten erradas o acertadas, ocurre después de tomadas.

El Senador Kerry perdió además, porque su continuo señalamiento de las “erradas decisiones” del Presidente Bush, llegaron al electorado como un mensaje subliminal de su temor a errar; y perdió además, porque su dura oposición contra un auténtico político del post-11/9, lo situaba cronológicamente en la obsoleta posición pre-11/9.

Con estas elecciones surgen unos Estados Unidos mundial e internacionalmente más fortalecidos. Sus hasta el momento intransigentes opositores de la Unión Europea se debilitan en consecuencia frente a un poderoso liderazgo, que por otra parte, los europeos necesitan. Porque los Estados Unidos tienen el poder y la capacidad de inducir por sí mismos las transformaciones que occidente requiere, y porque ningún Estado llámese éste como se llame: nacional, multinacional, o global, puede subsistir sin organización policial.

Creemos que la Organización de las Naciones Unidas será reformada desde sus cimientos, dotada de una nueva carta orgánica compatible con la visión de un mundo globalizado y con los recursos necesarios para responder eficazmente a las necesidades y emergencias de la realidades del nuevo siglo, y actuar como auténtica institución post 11/9. Para erradicar el terrorismo y sus causas. Proteger el medio ambiente, garantizar la perpetuidad de la biodiversidad, y erradicar la extrema pobreza; todos ellos, como prerrequisito de habitabilidad del globo.