Bush rehuye hablar Irak

WASHINGTON (AFP).- Un año después del inicio de la guerra en Irak, el presidente republicano George W. Bush se apoya mucho más en los atentados del 11 de setiembre de 2001 que sobre el conflicto iraquí para ilustrar sus cualidades de dirigente en su campaña por la reelección en la Casa Blanca.

Las crecientes pérdidas del ejército norteamericano en Irak y la ausencia de armas de destrucción masiva cuya existencia fue esgrimida para justificar la guerra, transformaron la victoria militar de Estados Unidos en un dolor de cabeza para Bush antes de las elecciones presidenciales del 2 de noviembre.

“Irak es un arma de doble filo para el presidente: es verdad que él capturó a Saddam Hussein pero las pérdidas estadounidenses suben como las pérdidas iraquíes”, destaca el historiador Allan Lichtman, de la American University en Washington.

Aunque la primera gran serie de anuncios televisados republicanos difundidos desde hace dos semanas en 17 Estados, considerados esenciales para la elección presidencial, hace amplio eco de los atentados de 2001 (que dejaron casi 3.000 muertos), ignoran por otro lado la situación en Irak.

Esos avisos republicanos evocan la recesión económica de 2001, los escándalos financieros, la lucha por el empleo, la educación, la salud, pero no dicen ni una sola palabra acerca de la presencia de 115.000 militares estadounidenses en Irak.

Aunque Bush haya rechazado modificar la fecha de transferencia de soberanía a los iraquíes prevista el 30 de junio, el futuro de Irak sigue siendo incierto, poniendo en más riesgo el éxito de la operación.

“El controla menos los hechos que no están a su disposición. ¿Será el poder realmente transferido el 30 de junio? ¿Seguirán los atentados terroristas y los ataques contra los militares estadounidenses?, se pregunta Eric Davis, profesor de Ciencias Políticas en Middlebury College, en Vermont.

George W. Bush sufrió ya un vergonzoso desmentido luego de haber anunciado el 1 de mayo de 2003 el fin de los combates mayores, durante una ceremonia cuidadosamente desplegada en un portaaviones.

Pero más de 260 soldados estadounidenses murieron en Irak desde que ese discurso fue pronunciado ante una inmensa banderola que decía “misión cumplida”.

Circunstancia atenuante, el 62% de los estadounidenses creen todavía que la invasión de Irak está enmarcada en la guerra contra el terrorismo, según el instituto Pew Research.

Y todavía queda por ver si una mayoría de estadounidenses terminará por unirse a las filas de quienes acusan a Bush de haber engañado al país sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.

El presidente descartó esa posibilidad el mes pasado, al nombrar una comisión de investigación para aclarar ese controvertido tema, pero será en marzo del 2005 cuando den sus conclusiones, es decir cinco meses después de la elección presidencial.

Rechazó las afirmaciones de sus adversarios que lo acusan de haber exagerado el peligro presentado por Irak, declarando que incluso los países contrarios a la guerra vieron a Saddam como una “amenaza”.

Bush tampoco deja pasar la ocasión para atacar al contrincante demócrata, John Kerry, recordando que votó en el Senado por la guerra en Irak.