Bush reitera no aceptará plan Congreso dejar Irak

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Hay muchas preguntas sobre las consecuencias de una retirada y la reacción del enemigo, que no han recibido suficiente escrutinio. El enemigo no va a distinguir entre tropas de combate y entrenadores militaresEfe Thomas Donnelly

Washington (EFE).- El presidente estadounidense, George W. Bush, dejó claro ayer que no aceptará las condiciones que buscan imponer los demócratas para la conducción de la guerra en Irak, en el marco de una lucha de poderes que no tiene visos de solución.

En un encuentro con la prensa, Bush dijo sentirse “decepcionado” por el rumbo que escogieron los demócratas que controlan el Congreso, al imponer un cronograma para el repliegue paulatino de las tropas estadounidenses en Irak.

El texto final del proyecto de ley de gastos -acordado anoche por los legisladores y que debe ser votado a más tardar el viernes- “ata las manos de los militares, añade millones de dólares en gastos no relacionados a la guerra y establece una fecha para la retirada de las tropas”, explicó.

Al reiterar su amenaza de veto, el mandatario acusó a los demócratas de politizar la guerra y señaló que aceptar su proyecto de ley “sería aceptar una política que llanamente contradice el juicio” de los comandantes militares.

La evolución de la guerra en la nación árabe, donde persiste la espiral de violencia, ha atizado el debate nacional sobre cuál es la mejor estrategia de salida y cómo efectuarla sin empeorar la inestabilidad en la zona. El resultado es una lucha de poderes entre el Congreso, que controla los fondos, y el Ejecutivo, que tiene la autoridad constitucional para la conducción de la guerra, en momentos en que los políticos tienen la vista puesta en los comicios de 2008.

La oposición, otrora acusada por Bush de ser “antipatriota” por criticar la guerra, ha querido destacar ante la opinión pública que el conflicto bélico solo ha aumentado las bajas estadounidenses e iraquíes y ha desgastado la imagen de Estados Unidos en el mundo. Pero en sus declaraciones de seis minutos, el jefe de la Casa Blanca aseguró que una apresurada retirada de las tropas “no es un plan para la paz”, permitiría que los terroristas encuentren santuario en Irak y “desataría el caos” en toda la región.

El acuerdo alcanzado anoche sobre la medida, que contempla unos 124.000 millones de dólares -incluyendo 90.000 dólares para los gastos militares en Irak y Afganistán-, establece que la retirada debería comenzar el próximo 1 de octubre para completarse seis meses después.

El líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, ha insistido en que el gobierno de Bush no quiere oír la verdad del “fracaso” de la aventura estadounidense en el país árabe.

“El presidente aparentemente permanece en un peligroso estado de negación sobre la situación en Irak y su impacto en nuestra seguridad acá en casa”, dijo Reid en un comunicado, en respuesta a la nueva advertencia del mandatario.

Agregó que el Congreso quiere entregarle a Bush un proyecto de ley que provee los fondos militares que necesita para la guerra y también “un final responsable” a una contienda que se ha cobrado la vida de más de 3.200 soldados estadounidenses.

Reid vende la propuesta demócrata como una fórmula para instrumentar una estrategia que sí funcione porque, asegura, una retirada de las tropas obligaría al gobierno iraquí a cumplir con una serie de metas para la estabilidad política.

Pero Bush y grupos conservadores afines no comparten esa idea porque creen que la salida de los soldados de Irak envía un mensaje equivocado al enemigo y, peor aún, solo augura la expansión del caos.

“Hay muchas preguntas sobre las consecuencias de una retirada y la reacción del enemigo, que no han recibido suficiente escrutinio. El enemigo no va a distinguir entre tropas de combate y entrenadores militares”, comentó a Efe Thomas Donnelly, analista de seguridad nacional del conservador American Enterprise Institute.

“Los demócratas no tienen los votos para superar un veto presidencial, no hay respuestas claras. Mientras tanto, los iraquíes están pagando un precio muy alto por nuestra incapacidad de ganar esta guerra”, agregó.

Donnelly se refería, entre otras cosas, a la pesadilla logística que supone la retirada de los 155.000 soldados en Irak, con todo el armamento bélico acumulado a lo largo de cuatro años de ocupación.

Según una encuesta reciente de ABC News y el Washington Post, la mayoría de los estadounidenses cree que Estados Unidos perderá la guerra en Irak pero, a la vez, está fuertemente dividida sobre si una retirada de esa nación es o no aconsejable.