Bye, bye a la Muestra Internacional
o las angustias de su publico en el espacio público…

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POR CARLOS FRANCISCO ELÍAS
1/ LA CLASE MEDIA, COMPLICIDAD CON EL CINE Y LOS CHOQUES CON LA REALIDAD.
El tema no es la primera vez que se toca, pero esta vesz tiene una razón muy especial, todo lo que hemos visto en términos del público en la VI Muestra Internacional de cine de Santo Domingo.

Si bien la tradición de ver buen cine se perdió hace décadas en este país, lo que ha subsistido no ha sido suficiente para dar abasto con las inquietudes crecientes de un viejo público y nuevo público.

Las ciudades establecen sus complicidades con el cine, ciudades como Buenos Aires, Montevideo, Caracas, Sao Paulo, son ciudades latinoamericanas donde hubo y hay una tradición de ver buen cine, porque el cine siempre fue una fabulosa conspiración urbana de mejor salud clasemediera.

Claro en aquellas ciudades existían entes cinematográficos viejos, a veces natimuertos, que por tradición habían ejercido una gravitación excepcional en la población que se renovaba según generaciones y que ha hecho posible la permanencia del cine de calidad en aquellos países.

Ellos a diferencia de nosotros, tuvieron y tienen cinematecas, que no eran simulacros como la nuestra, generaban profesionales de cine que le expresaban al estado la necesidad de su existencia en buenos términos. La Cinemateca nuestra (de la que fui fundador en sus inicios) nació muerta de objetivos inteligentes que la justificaran socialmente, para no ser la cenicienta de la cultural estatal.

Si bien el problema ha sido la falta de recursos, nadie debe dudarlo, el drama ha sido también el concepto de feudo y desconocimiento del procedimiento institucional de lo que es una Cinemateca y su ámbito, para poder justificarse socialmente ante la población y los propios burócratas del Estado.

Con ella sus posibilidades, hemos tenido eso que los galos llamarían Rende-Vous manqué, cita fallida en el tiempo con proyecto que inevitablemente debe replantearse con firmeza y claridad.

Cuando pienso en la Calle Lavalle, aquel paseo de Buenos Aires, en pleno corazón, una calle llena de cines y bombones, creo que no se me ocurre expresión mas genuina para una calle de celuloide y furor, lo que una vez sucedió en este país nada comparable a la Lavalle claro, apenas fue a finales de la década del 60 y toda la década del 70, luego nos sumimos en un limbo especial hasta a la aparición en 1999, de modo sistemático de la Muestra Internacional de Cine de composición bien heterogenia, donde hay amantes del cine de evasión pura, en su concepto más puro, repito otros que tienen otras visiones del cine y de ese mismo proyecto, esta conjunción conciliatoria ha hecho posible un evento que la clase media dominicana urbana, lo que persiste de ella, ha adoptado como una necesidad y un cariño, pero en esta edición del año 2004 detrás de esa adopción hay otros fenómenos de sociedad que lo complementan.

Se observa un fenómeno particular de masa y desesperación, de catarsis social, de gente que busca en el cine la posibilidad de vivir otras realidades (peores o mejores), la entrada a ese confesionario oscuro de luces parpadeantes, que hace olvidar un poco la propia realidad, comentaristas televisivos de saco y corbata, que la ignorancia no disimula, son tantos, noticias económicas no muy buenas, la falta de un espacio real de reflexión.

Las películas de la Muestra Internacional d Cine vienen a compensar un espacio de reflexión que de repente se ve invadido por una extraña instancia de violencia en el comportamiento, del cual nos hemos percatado como un fenómeno nuevo, aquella masa en movimiento, mujeres en especial, con unas agresividades extravagantes, bien puestas, ellas mejor vestidas que los hombres en general (Los Carlos, Castro, Elías y Manolo Vidal ahora con cadaverito) palpitando corazones en aquellas olas de perfumes, ojos idos como es propio en cualquier ambiente donde de cine se trate. Cuando vemos todas estas actitudes en el espacio público sabemos bien, que en salas de cine de Muestra Internacional algún fenómeno ocurre, porque la reflexión, la evasión, el pensamiento, la frivolidad, todo se junta formando un todo que no es imposible separar, a la hora de un análisis.

Estamos entonces frente una realidad que amerita un análisis preventivo: sospecho un auge de las ofertas de cine, porque eso debe verse como una respuesta de sociedad ante todo lo que vivimos, porque lo cierto que es el mejor el cine ( un laberinto de oscuridad) que las promesas de la realidad que sabemos son difíciles de cumplir, que es mejor el cine, a tener que prender la televisión y aceptar como guía de nuestra tragedia disimulada, palabras y alharacas inútiles que estamos convencidos, paz no nos traen…

2/ LA HOMOLOGACIÓN SOCIAL, LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS…

En la tradición social dominicana de hace más de 40 décadas, había una clara diferencia entre los comportamientos sociales, era preciso incluso identificar desde el punto de vista urbano las formas sociales de los ciudadanos, porque según aquella vieja estratificación, en el uso del espacio público, los ciudadanos tenían un comportamiento, según lo ordinal de su clase social.

En la medida que hemos ido perdiendo noción de la normatividad social (es corto el espacio para explicar más sobre este fenómeno) lo que antes era una categorización según punto urbano o abolengo, hoy en una ciudad más grande y con un país más transformado, se reduce al gentilicio de Dominicano / Dominicana.

Me explico, en el imaginario social de este país ciertos comportamientos que hemos visto en la Muestra Internacional de Cine por unos asientos, solo eran posibles en otras esferas de clase social más baja, hoy eso no se puede decir. Estamos todos homologados, nos guste o no.

Esas escaramuzas por un asiento en un espacio público deben darnos que pensar, especialmente si sabemos que las catarsis positivas que el cine como fenómeno social produce, solo debe generar convivialidad, complicidad y reflexión y alegría, para solo poner un ejemplo.

Tenemos un problema con el uso de los espacios públicos, confundimos espacio privado con espacio público y acudimos al espacio público con la prioridad íntima del espacio privado, generando un caos a veces difícil de salvar.

Y esto lo digo, porque nunca pensé verme envuelto en acciones conciliatorias entre partes que despedazaban un asiento para su tribu social.

Cuando me veo entre dos damas fungiendo de referí improvisado en la lona del cine 8 del Diamond, no tengo más remedio que reflexionar y decir que algo pasa, que dicho comportamiento no es normal.

A veces no entendemos que el espacio del asiento de un cine es de carácter público que no hay necesidad de hacer un coliseo romano de muerte barata, por un asiento; acciones preventivas, nos han ayudado a resolver estas situaciones con calma y tranquilidad.

Pero todo eso, tiene un equivalente sustraído de la realidad que se vive y los dramas que la sociedad dominicana afronta.

La VI Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo será clausurada hoy, pero las películas serán exhibidas hasta el miércoles 20 de Octubre, al partir esta Muestra deja un furor de cine que ojalá nunca acabe, pero de igual modo, ojalá nos ayude a entender que si alguna razón social tiene el cine es la convivencia, el debate, la tolerancia y la libertad personal y especialmente: respeto del espacio público compartido…