“Caamaño maltrató el movimiento en Cuba”

DIALOGO CON

Domingo Alonzo Pérez

Una tarde, a finales de 1969, Domingo Alonzo Pérez (cuyo nombre de guerra era El Flaco) recibió instrucciones para viajar a Cuba, donde se integraría al grupo de hombres que se entrenaban en campamentos militares, bajo las órdenes del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó (Román).

La orden llegó directamente de Amaury Germán Aristy y de Billo: “Flaco, tienes que viajar a Cuba a entrenarte”. Empezaron los preparativos del viaje. Con Alonzo viajarían Víctor Veloz y Papito El Pelú y cuatro personas más, que aunque eran parte del grupo, desconocían los detalles de la misión que los llevaría a la isla.
“Tres de nosotros, Veloz, Papito El Pelú y yo, recibimos instrucciones de viajar a Curazao y de secuestrar el avión y llevarlo a Cuba. Yo era el responsable de la operación. Los otros cuatro compañeros no sabían nada”.

La operación fue rápida y certera, según relata Alonzo, quien le colocó un arma en la cabeza al piloto. Otro compañero activó una granada. La aeronave cambió de rumbo y aterrizó sin contratiempos en Santiago de Cuba, donde el grupo fue recibido por contactos del Gobierno revolucionario de ese país.

“Le pusimos un nombre a la operación, en pleno vuelo hacia Cuba: Guyana, augusto parao”. Cuando aterrizamos, no entregamos las armas hasta que nos cercioramos de que no había problemas. Nunca supimos el destino final del avión.

En territorio cubano, un oficial de enlace los condujo a una casa de seguridad. Posteriormente hicieron contacto con Caamaño y fueron trasladados a uno de los dos campamentos donde se entrenaba el grupo.
“Nos dimos cuenta de que los hombres del campamento estaban cansados de entrenar y el movimiento no arrancaba. Mostraban síntomas de cansancio y desconocían cuándo venían para Santo Domingo a combatir”.

La situación se complicó a principios de enero de 1972. Una mañana, mientras escuchaban el noticiario Radio Mil Informando, se enteraron de los trágicos acontecimientos que culminaron con la muerte de Amaury Germán Aristy y del grupo de combatientes que murieron en pelea con las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, el 12 de enero de 1972. El escenario fue el kilómetro 14 de la Autopista de las Américas, convertido en campo de batalla durante 15 horas.

“Dimos la voz de alerta. Los hombres del campamento se alborotaron. Nos quedamos fríos, mudos. Los muchachos estaban desmoralizados y preguntaban con mucha insistencia cuándo partiríamos para Santo Domingo”.

Alonzo relata que Amaury y Caamaño tuvieron un fuerte encontronazo en Cuba cuando el joven revolucionario se enteró a través de La Chuta y Ulises Cerón sobre supuestos maltratos, dejadez, abandono y encarcelación de algunos hombres en cárceles cubanas, por discrepancias.

Visita de médico. “Caamaño no convivió con nosotros en los campamentos, como lo hizo el comandante Che Guevara con sus tropas. Él iba de visita de médico. ¿Tú ves esos cadetes cuando salen limpios de la academia? Así iba él. Muy lindo. ¿Y cómo estábamos nosotros en los campamentos? Sucios y barbudos. Vivíamos en el monte, entrenando”
“Mientras nosotros no teníamos acceso a ver la luz de las calles, Caamaño vivía en la ciudad, en La Habana. Sus hijos estudiaban en La Habana”.

Alonzo menciona varios nombres a quienes Caamaño “pateó” en Cuba. Menciona a Matos Moquete, Tácito Perdomo. “Fue una pila de gente que se patearon allí (en Cuba)”.

Los testigos de los hechos: Julio Enrique Montaldon, Gustavo Alonzo, Julio Delgadillo, Jhonny Weber y José Ignacio Marte Polanco. Napoleòn Marte

Cuestiona a Narciso Isa Conde, quien en su reciente libro “Revelaciones” no dice por qué nunca se unió a la lucha de Caamaño. “Hoy en día dice que es comunista, que son revolucionarios, que son de todo. Él dice que se reunió con Caamaño en una piscina, pero no dice por qué no se unió al grupo estratégico y se puso a las órdenes del Coronel de Abril”.

“Mi guía no era Caamaño, era Amaury. Yo le conocí cuatro fases: El Caamaño de Palma Sola, el Caamaño de los Cascos Blancos que nos retorcía los brazos en El Conde, el Caamaño de Abril y el Caamaño de Cuba”

De Claudio Caamaño refiere que fue a Cuba a convencer al coronel Caamaño de que desistiera de la expedición guerrillera, pero Caamaño no le permitió retornar a Santo Domingo y se quedó a entrenar allá.

“La historia no dice lo que hizo Caamaño con los hombres y mujeres en Cuba. Caamaño maltrató el movimiento revolucionario en Cuba, duélale a quien le duela. Al que diga que no, le preguntaré ¿Tú lo viviste como nosotros? Yo lo viví”.

“Caamaño se daba una buena vida. Nosotros, no. Nosotros vivíamos la vida de un verdadero guerrillero, con 90 libras al hombro, haciendo, preparándonos militarmente, preparándonos para operaciones. Caamaño no se entrenó con las tropas dominicanas en Cuba”.

Divergencias en el movimiento. Julio Antonio Delgadillo (Ramón) es miembro del grupo que viajó a entrenarse a Cuba. Tres días después de estar en La Habana, una persona con barba le preguntó: ¿Sabes quien soy’”. “No señor, no tengo idea”. Su interlocutor lo miró fijamente: “Yo soy el coronel Caamaño, pero aquí mi nombre es Román”. Le estrechó la mano y le prometió recogerlo al día siguiente para llevarlo al campamento.

Lo recogieron y fue llevado al campamento de entrenamiento. Días después conoció a otros hombres que se sumaron al movimiento. Recuerda que en la primera fase de su entrenamiento Caamaño participó 15 días con los hombres del campamento.

“El número máximo en el campamento fue de 33 hombres. Pero no era un grupo compacto, porque siempre había diferencias. Siempre hubo rompimientos y gente presa. Hubo mucha gente presa”.

La aparición de Billo en el escenario complicó la situación. Siempre estaba al lado de Caamaño, susurrándole al oído. “Billo andaba como arete a la oreja con Román y donde quiera que Román se movía, ahí estaba Billo”.

Recuerda que le preguntó a Caamaño por qué lo trasladarían a un campamento y la respuesta de Román fue:“¡Mire, buena mierda, vamos a ese campamento porque me sale de los cojones!” Julio se escabulló escurridizo. En otro incidente en el que se cuestionó a Caamaño por su intención de fusilar a Catalino de la Cruz, quien estaba bajo arresto, Román enfrentó a Joaquín Matos y le gritó “¡Usted también se va, buena mierda!”.