Cada quien con su carga

Surge un tropiezo en la recién iniciada regularización de inmigrantes en su mayoría haitianos que por decenios ingresaron al territorio nacional sin el debido control. El Gobierno haitiano insiste en cobrar 2,500 pesos a cada persona como mínimo por la expedición de los documentos imprescindibles para el proceso, requisito que pocos podrían llenar. Se trata de extranjeros que en su mayoría se instalan de este lado para llenar plazas de trabajos duros y mal pagados, forzados en alto número a habitar en hacinamiento. Para superar esta limitante de orden económico, Haití y la comunidad internacional deberían decretar la gratuidad del papeleo que les toca, un desprendimiento humanitario que ya cumple la República Dominicana.

La presencia en condición de marginados e indocumentados de cientos de miles de haitianos en este país está siendo enfocada desde hace buen tiempo en un contexto que trasciende lo nacional, tras un largo pulso en el que siempre los dominicanos dejaron en claro que no aceptarían ninguna disminución en sus potestades soberanas para fijar reglas a todo ingreso o asentamiento en su territorio, comprometiéndose a respetar los derechos individuales de quienes cumplan con esas reglas. Vista de esa manera, la solución al problema social presente no sería posible si quienes han asumido la causa de los inmigrantes no cubren a tanta gente pobre la parte financiera que les corresponde.

RESULTADOS   DEL  EGO INSURRECTO

El país debe algunas de sus más sensibles dificultades a la “fuerza de voluntad” de muchos miembros de la colectividad sumidos en la cultura de hacer lo que les “venga en gana”. Ricos y pobres, por igual. La nación vive afectada por la frustratoria inclinación de una parte de la sociedad a ignorar leyes y normas de convivencia imprescindibles para conservar un orden productivo y lograr resultados en los esfuerzos por solucionar problemas de todos los tamaños

Las violaciones generalizadas a las leyes de tránsito, el impago en el uso de la electricidad y el consumo de agua potable, la evasión fiscal a diferentes niveles, los trucos de los grandes para incumplir obligaciones con el sistema de seguridad social, las violaciones a los requisitos para construir, los fraudes en elregistro de propiedades inmobiliarias… No se niega que el civismo es notorio en numerosos ciudadanos, pero ¡cuánto pesan los que actúan diferente!