Café con leche, una gran combinación

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MADRID (EFE).- Quien entre, a cualquier hora del día, en una cafetería en España, llegará a la conclusión de que la bebida nacional de los españoles es el café con leche: verá café con leche en todas las mesas y en gran parte de la barra.  Es evidente que el café ha ganado la batalla, al menos en el mundo occidental y con la notoria excepción de Inglaterra, a las otras dos bebidas que, como él, se hicieron populares en Europa allá por el siglo XVIII. Café, té y chocolate, procedentes de tres continentes diferentes: África, Asia y América.

Lo curioso es que los europeos nunca tomaron estas bebidas como lo hacían los naturales de sus lugares de origen. Lo primero que hicieron fue endulzarlas, con azúcar. Lo segundo, añadirles leche. Y ahí empezó la carrera de las tres bebidas entonces consideradas exóticas.

Los españoles, en principio, apostaron por el chocolate. Durante muchos años el chocolate fue, realmente, la bebida nacional, tanto a la hora del desayuno como a la de la merienda. Esto fue así hasta, más o menos, la mitad del siglo XX; a partir de ahí, el chocolate entró en franca regresión y se vio desplazado por el café con leche.

Se toma café con leche para desayunar; se pide otro café con leche a media mañana; hay quien lo toma con leche después de comer, momento en el que se impone el ‘cortado’, es decir, con apenas unas gotas de leche, lo que los ingleses llamarían ‘una nube’; a media tarde cae otro café con leche, y hay quien lo toma en la cena. El día español está lleno de cafés con leche.

Cafés que se acompañan con los más variopintos alimentos sólidos. Lo normal, la cátedra, es acompañar los cafés matutinos con churros, o con algo de bollería o, más frecuentemente, con la clásica tostada con mantequilla y mermelada, aunque gana adeptos el panecillo con aceite de oliva. Bueno, son cosas que van bien con el café con leche.

Más sorprendente es la costumbre madrileña de tomarse, a media mañana, un café con leche acompañado de un pincho de tortilla. No sé, parece que la tortilla pide una cerveza, o un vaso de vino, y no algo dulce como el café con leche, pero… La  verdad es que se ha visto más de una vez a gente que se está tomando su café con leche y pide una tapa de calamares, o de callos…

Pero que no falte el café con leche. Por supuesto, procedente de la cafetera express; en esta banda del Atlántico no se ha impuesto el café ‘americano’ y, si se toma solo, se prefiere el expreso, corto y fuerte.

Claro que, a la hora de pedir el café con leche, no hay, ni mucho menos, unanimidad: se pide largo de café, corto de café, con leche templada, con leche caliente, descafeinado de máquina, descafeinado de sobre… Normalmente, con azúcar. O con sacarina, que ahora la gente es muy mirada para esas cosas y no quiere engordar.

Café con leche. Una, hay que reconocerlo, magnífica combinación; un hallazgo. Es una pena que haya arrinconado al chocolate, pero las cosas podían haber sido peores: podíamos habernos aficionado al té, y al té ‘de escapulario’, que es el que ponen en las cafeterías. Mejor, sin duda, el café con leche… aunque habría mucho que hablar de la calidad del café de las cafeterías españolas.