CALLES Y AVENIDAS
Francisco Domínguez Charro

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POR ÁNGELA PEÑA
a.pena@hoy.com.doiodista 
“He sufrido de una manera increíble y estoy sufriendo aún. Estoy un día un poco mejor y luego caigo en un suplicio doloroso que no tiene fin. A veces me inyectan morfina de una manera feroz y no tengo los recursos suficientes para mantener el régimen médico que me tiene mejor.

Necesitaría cuatro o cinco pesos semanales o tal vez más para mantenerme en un estado de mejoría, porque las medicinas que me suelen mejorar bastante, no son baratas… Pero tengo mucha fe todavía y creo que me debe quedar resistencia orgánica para no caer totalmente… Yo estoy esperando lo que Dios quiera”

 Son fragmentos de la que fue probablemente la última carta de Francisco Domínguez Charro, uno de los más admirados poetas de San Pedro de Macorís, a su amigo Domingo Moreno Jimenes, escrita el 19 de marzo de 1943, seis meses antes de su partida a destiempo, cuando apenas contaba 32 años.

 El reconocido escritor, autor de antologías y amigo entrañable de contemporáneos del malogrado poeta de La Sultana del Este, Manuel Mora Serrano, piensa que además de la calidad de su obra, este destino trágico de “Paquito”, morir tan joven, padecer de tuberculosis, haber pasado tanto tiempo sufriendo en hospitales, despertaron en la juventud de entonces y de siempre una singular devoción por su poesía.

 Estudioso de la producción de aquel “muchacho trigueño, recia estampa del dominicano que ama a su Patria y que le ofrece lo mejor que tiene: su canto herido de dolor y angustia”, como lo definió Alfredo Cuesta, Mora Serrano exalta su potencial creativo y lamenta que no llegara a desarrollarse totalmente. “Freddy Gatón siempre me decía: ‘Se habla mucho de Domínguez Charro, pero Paquito fue una promesa, y quedó siendo una hermosa promesa”, cuenta.

 Francisco Comarazamy, Víctor Villegas, Moreno Jimenes, Freddy Prestol Castillo, entre otros, le hicieron interesarse en la figura y los trabajos de este bachiller en Filosofía y Letras que descuidó el estudio de la jurisprudencia por su vocación literaria, pero que tenía una cultura vasta. Fue también prosista, periodista, cuentista, novelista.

 “Aislado en San Pedro de Macorís y enfermo tempranamente, creó un fervor por sus poemas. “Viejo Negro del Puerto” y “Yo que nunca he visto los trigales”, sobre todo, lo sabían de memoria la mayoría de los bohemios de la época porque, contrario a los de ahora, las personas que no eran literatas se interesaban por la poesía, declamaban tanto esos poemas de Paquito, que iban de otros pueblos a San Pedro de Macorís para que él se los recitara”, refiere Manuel Mora.

 Lo ubica en “movimientos de izquierda, no políticos, porque en la “Era de Trujillo”, cuando él desarrolló su potencial, no podía manifestarse más que a través de la poesía, pero era de contenido social. Por ejemplo, hay poemas dedicados al “Tíguere”, al “Medio centavo”, agrega recitando retazos y manifiesta que en San Pedro hay una tradición de poesía social a partir de “Los Humildes” de Federico Bermúdez.

 “Tíguere! tú eres el cero social excomulgado/ que nunca ha ido a la escuela, / pero que te sabes de memoria el abecedario chino / de todas las carencias”, escribió Domínguez Charro. Al “Medio centavo” lo saluda: “Eres todo mi capital./ Mi única moneda… Y yo, por todo eso te amo, / prieto –medio centavo ennegrecido”. “Viejo Negro del Puerto” es como la señal de identidad del poeta. Generaciones lo cantan “deslizándose en silencio, en las noches del muelle”

 “Cantor de la vida del humilde”, por la obra del bardo desfilan “el escultor de yugos, carpinteros del ingenio, el pescador macorisano, marineros de los lanchones, obreros de ingenios, el azúcar blanca, y amarga, a pesar de ser dulce, y los habitantes del viejo barrio Lengua Afuera”.

Dejó inéditos una novela e infinidad de poemas. Otras publicaciones suyas son: Tierra y Ámbar, América en Genitura Épica, Pinceladas del Puerto, Este escultor de yugos, Canción del pescador, Canción del recuerdo trigueño, Alfabeto de Barrio, Oda de ayer y siempre al río Higuamo, Azúcar Blanca… La Universidad Central del Este recogió en un libro poemas y semblanzas  De Domínguez Charro en  “Poesía Junta” (1979)

 “Considerarse uno de los poetas más importantes de Macorís indica mucho, a pesar de que busqué en muchos portales extranjeros y de República Dominicana y no encontré nada sobre Paquito”, manifiesta el intelectual y abogado.

 En 1947 Moreno Jimenes le escribió un poema que publicó en minúscula separata, dedicado: “A ti, que tuviste un ahínco tan perfecto, que te fuiste sin irte, que siempre te presiento a mi lado, aunque muchas veces la fuerza de tu ausencia me mantiene solo”

En el cementerio
Con Francisco Comarazamy, Manuel Mora Serrano conoció la arraigada tradición de las visitas a la tumba de Domínguez Charro. “Una vez la visité y había flores, siempre hay flores en la tumba de Paquito, ese fervor por él no ha muerto, van personas de todas las ciudades”, aunque el ilustre difunto  no dejó descendencia.

 “Paquito” era bien parecido, según Mora. José Alcántara Almánzar dice en su “Antología Mayor” que era “de temperamento inquieto, apasionado”, y “trató el tema social y la poesía erótica con hermosura, tristeza evocadora y sorprendentes hallazgos expresivos”

 Hijo de Francisco Domínguez Prieto y Francisca Charro de Domínguez, nació en San Pedro de Macorís el 22 de Agosto de 1911 y murió en aquella ciudad el 15 de Septiembre de 1943. Fue compañero  de Pedro Mir y Carmen Natalia, con quienes compartió los primeros años de edad escolar, anota Alcántara.

Zoom

La calle
La calle “Francisco Domínguez Charro” está localizada entre las avenidas Independencia y Cayetano Germosén, en el ensanche Atala, poco digna de quien, a juicio de Mora “es uno de los principales poetas de San Pedro de Macorís, desde Gastón Deligne y Federico Bermúdez, hasta Víctor Villegas”.