CALLES Y AVENIDAS
Juan Alejandro Ibarra merece más

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Las calles que le rinden homenaje en el ensanche “La Fe” y en “Los Alcarrizos” son pequeñas comparadas con los múltiples aportes, donaciones, iniciativas y obras sociales y religiosas que apoyó aunque por lo que más se le recuerda es por la urbanización de Villa Francisca.

Juan Alejandro Ibarra vino a la República Dominicana siendo apenas un adolescente y al poco tiempo dio muestras de su gran capacidad emprendedora y de un optimismo que venció las adversidades. Muy joven se entregó a los negocios y triunfó en todas sus empresas, pero cuando murió, sus facetas más reconocidas fueron las del bienhechor y filántropo.

Transformó a Villa Francisca con las facilidades económicas que ofreció a los interesados en construir “modernas viviendas en lo que antes eran casitas pobres y viejas. Muchas de sus calles ostentan los nombres con que las bautizó”.

Su labor de modernización y ensanchamiento urbanos se extendió a los barrios San Carlos, “La Fe” y “Villas Agrícolas”. Estas últimas eran parcelas para pequeños agricultores que inicialmente se conocieron como “Villas Agrícolas e Industriales” y que se dividieron en los sectores Uno y Dos.

Ibarra construyó la carretera que originalmente conducía al balneario de Boca Chica, donde también erigió edificaciones. Obsequió terrenos para el parque “Enriquillo”, en 1928, y para una iglesia que se levantaría frente a esta plaza, llamada “Julia Molina” en el trujillato.

Entre los primeros proyectos que materializó Juan Alejandro Ibarra, quien se estableció en el Distrito Nacional en 1880, están la fundación de uno de los primeros bancos privados de la República, las primeras “cajas de ahorro” y el primer “Monte de Piedad”

Donó terrenos, además, para el “Sanatorio Antituberculoso”, el cementerio de la hoy avenida Máximo Gómez, la “Fábrica de Aceite de Maní de Ciudad Trujillo” y la logia “Flor del Ozama”

Creó el “Premio Juan Alejandro Ibarra”, que cubría la inscripción universitaria a los cuatro bachilleres dominicanos que obtuvieran notas sobresalientes.

Experto urbanista, fue regidor del Ayuntamiento de la entonces “Ciudad Trujillo”

Virtudes
Al enumerar estos méritos en 1950 cuando sus restos fueron trasladados al país pues su deceso se produjo en La Habana, Cuba, donde viajó por motivos de salud, El Caribe, La Opinión y La Palabra destacaron sus virtudes.  “Sabía cooperar en todo lo que fuera. Fue un capitalista que gustaba de ofrecer su óbolo a las causas nobles. Su proceder era conocido de todos los que llegaban a sus puertas en distintas misiones”, escribió La Opinión.

Juan Alejandro Ibarra, según La Palabra, “hizo todo el bien que pudo, se dio por entero a la humanidad y deja su nombre nimbado de luz. Espíritu amplio y generoso, vida ejemplar y digna. Amigo de todos y enemigo de nadie. Muere dejando un grato recuerdo de su paso por la vida y una familia honorable. Este honor, poco común, que cabe a sus deudos, es ejemplo enorgullecedor para el mundo. ¡Dios lo tenga en el sitio que corresponde a los buenos!”.

Datos biográficos
Los datos biográficos de Juan Alejandro Ibarra son escasos. Las crónicas apenas consignan que nació en Puerto Cabello, Venezuela, el 21 de octubre de 1871 y falleció en La Habana, Cuba, el 11 de febrero de 1943. Sus restos fueron inhumados el 11 de febrero de 1950 en el nuevo cementerio de la entonces avenida Tiradentes (hoy Máximo Gómez)

Extienden el pésame “a su hijo Antonio Ibarra”.

Destacan su participación activa tanto en el odfelismo como en la masonería, donde alcanzó el grado 33.

“De profundos sentimientos católicos, hacía peregrinaciones a Roma, Tierra Santa, el Nilo, Jerusalén, de donde venía cargado de presentes para sus amigos”. Visitó Europa, Asia, África, América del Norte y del Sur. “Dio la vuelta al mundo”, agrega.

En una “Cápsula genealógica” que publicó Antonio José Ignacio Guerra Sánchez, escribió: “Al presbítero Bernardo Pichardo Betancourt se le atribuye la paternidad de Juan Alejandro Ibarra”

Las claves
Aunque hay una pequeña calle “Juan Alejandro Ibarra” en Los Alcarrizos, la más antigua y conocida es la que nace en la avenida John F. Kennedy y termina en la calle “42” del barrio “La 40”.