Calles y avenidas
Juan Barón Fajardo y el dictador

La única hija sobreviviente y una sobrina de Juan Barón Fajardo Paulús desconocían que éste alguna vez fuese antitrujillista porque, al contrario, ambos personajes eran amigos de infancia que continuaron esa relación hasta el ajusticiamiento del tirano, tan estrecha, contaron, que “El Jefe” encargó a Joaquín Balaguer una calle para su fiel colaborador, no pensando que moriría primero. Cuando Barón Fajardo enfermó y quedó pobre, Balaguer le visitó en el ensanche Ozama.

 Nurys Antonia Medarda Fajardo y Marta Altagracia Ramírez Fajardo de Capello, que junto a Isabel Ramírez Fajardo representan la familia sanguínea que aún vive del reconocido munícipe, aparte de sus nietos, relataron que la casa donde nació Trujillo en San Cristóbal, “era de Juana Francisca Fajardo”, madre de Juan Barón. En ella se erigió el Monumento de Piedras Vivas, que según las damas se mantiene pese a que fue construido en honor al Generalísimo. La vivienda “tenía 16 puertas y abarcaba cuatro calles”.

 “Trujillo y Papá Bon eran muy amigos, personas de su tiempo lo consideraban trujillista empedernido. Cuando obligaron a mi abuela a vender la casa por 100 pesos, Trujillo metió preso a los responsables. El monumento es como un homenaje al lugar donde él nació, lo que no existe es la tarja”, cuenta Marta, además de otras historias y creencias de ese patrimonio en el que, supuestamente,  apareció una botija.

 Manifestaron, por otro lado, que cuando en el Club Obrero se celebraban fiestas “con lo más selecto de la sociedad, Trujillo asistía con Virgilio Álvarez Pina”, y  preguntaron: “¿Cómo podía ser enemigo de Trujillo?”. Recientemente se publicó una foto donde aparece el líder comunitario junto a Trujillo y Rafael Estrella Ureña, en 1930.

 Narraron que cuando su ancestro salió de Aduanas, donde le había designado Trujillo, el gobernante le preguntó: “¿Cuánto ahorraste en la Aduana?”. Pero comentan que no aprovechó ninguna posición para enriquecerse.

 Marta conserva en su residencia fotos, álbumes y muebles centenarios que pertenecieron a Barón Fajardo y su madre, y dos esculturas religiosas representando a Jesús crucificado y a San Antonio, obras de Antonio Fajardo, abuelo de Juan Barón.

 Conocen la procedencia y genealogía de sus antepasados, recuerdan al Barón Fajardo sociable, servicial, generoso, el más popular de Villa Francisca, al que los diablos cojuelos pedían dinero y licor en las comparsas callejeras del carnaval con este eslogan: “Barón Fajardo el barrigón / Que puso a Villa en condición”.

 Con amor, nostalgia  y cierta indignación detallan sus donaciones para el embellecimiento de las avenidas Duarte y Mella, el desarrollo de Villa Francisca y sus desvelos por la construcción del Club Obrero, parque Enriquillo, urbanización de Mendoza y el cementerio de la avenida Máximo Gómez. Lamenta Marta que habiendo sido Fajardo “el ideólogo del cementerio”, tenga que pagar anualmente más de dos mil pesos por el mausoleo. “Mi tía Guillermina Fajardo construyó el panteón y mamá compró el terreno donde él está enterrado”, comunicó.

Los Fajardo Paulús

  Nurys Antonia fue la más pequeña de Juan Barón Fajardo, fruto de su unión con Dominga Altagracia Pérez, de San Carlos. Evoca las fiestas navideñas y conmemoración del Día de Reyes que auspiciaba su padre en ese sector y en Villa Francisca. “Adornaba, bailaba, hacía rifas y regalaba juguetes que recolectaba en el comercio”, narra.

 Marta, hija de Rosa Julia (Totoi), hermana de Juan Barón, declara: “Mamá y Barón eran hijos de Felipe Paulús Nerys, curazoleño, pero él se tardó en reconocerlos y cuando vino el reconocimiento mantuvieron el Barón y se pusieron Paulús de segundo, por eso hay una hermana de Barón y de mamá, Teodosia,  curazoleña, cuyo primer apellido es Paulús”. Guillermina, su hermana de madre, llevaba Lorenzo Fajardo por apellidos.

 De Juan Barón Fajardo, expresan, “heredamos la honestidad. No sabemos pedir, Papá Bon murió pobre, no ya como era el Barón joven”.

 Juana Francisca, que sólo tenía hembras y al ver nacido a su vástago le abrazó exclamando: “Éste es mi varón”, de ahí el nombre, “tenía una vida cómoda. A mi hermana Isabel la ponían a jugar con morocotas para que el oro le llegara. Papá Bon era de los que compraban los bailes para ser la figura principal del salón. Era un gran bailador”.

 No era ambicioso, materialista ni hipócrita, afirman. “No hablaba mentiras ni fue oportunista. No se lucró del trujillato, si lo hubiera hecho sus descendientes viviéramos mejor”, significaron.  Añadieron que al aclarar el pasado trujillista de Barón Fajardo sólo les anima hacer prevalecer la verdad histórica “porque eso fue lo que siempre escuchamos”.

 Describen a su ancestro “apuesto, elegante, buen orador”, viviendo en la avenida Mella o en la Duarte, cerca de “El Trocadero”, y en la Félix María Ruiz hasta que, muy pobre, alquiló una casa en el ensanche Ozama. “Le dio un derrame y se postró. Lo trataba el doctor Dunlop. Mi tía Guillermina y mamá iban a llevarle la merienda”, contó Marta, activa educadora de exquisito hablar, bien documentada. Nurys Antonia es secretaria ejecutiva retirada. Heredó de su padre la excelente capacidad de exposición y dotes de bailarina.

La calle

Marta y Nurys consideran que la vía designada en tributo a Barón Fajardo “no es la que él se merece” y por eso ni ellas ni sus madres y tías asistieron a la inauguración. La quieren “en cualesquiera de los sectores donde él se distinguió”.

 El rótulo que tiene se presta a confusión. Dice sólo “Juan Barón” cuando se le bautizó “Baron Fajardo”. Juan Barón era el nombre de otro personaje de la historia dominicana cuya calle, en la Ciudad Colonial, absorbieron el Parque Colón y la Catedral Primada. En el caso de Fajardo Paulús, sólo han escrito sus dos nombres.