CALLES Y AVENIDAS
La llegada de tragedias a El Conde

Por Ángela Peña
a.pena@hoy.com.do  
Durante sus años de esplendor, la calle El Conde fue motivo de sucesos trágicos, como el de la turista nativa de Estambul que se suicidó al lanzarse del quinto piso del hotel “Comercial” en 1957. La dama, según crónica de Radhamés V. Gómez P., sufría trastornos mentales.

 Mannus Varis de Kantzhian, tenía 60 años de edad y era natural de Turquía. Padecía esquizofrenia. Vino al país acompañada de la francesa Jannie Hannau, de 25 años, residente en Estados Unidos, al igual que la occisa, esposa del ruso Raphael Khantzian. Estaban en el hotel, localizado en El Conde con Hostos, desde el 15 de enero. El suicidio ocurrió siete días después.

 Las bocinas de los vehículos desesperaron a la suicida, cuyo cuerpo “desprendió en su caída uno de los cables que sostienen el letrero lumínico del hotel, un alambre del tendido eléctrico y se estrelló contra un poste del alumbrado. Fue a parar a la acera, con la cabeza en la cuneta de la calle El Conde. Murió instantáneamente”, escribió Gómez, que ilustró su información con una foto de la occisa y otras tomadas por Oscar del Rosario.

 Por esa vía corrió sangre derramada por los celos, la infidelidad, el dolor de un esposo burlado. El crimen que más se ha comentado a través de los años es el del poeta venezolano Eduardo Scanlan, a manos del general  Santiago Pérez, el 9 de marzo de 1887. El trovador y periodista cortejaba con pasión violenta a Emilia Ramírez, pero sus declaraciones a la mujer ajena eran del dominio público y llegaban a través de versos escandalosamente hirientes. Pese a que el hecho ocurrió en época remota, cada cierto tiempo algún cronista lo revive. Guido Gil lo refrescó en 1957 considerándolo argumento para una novela pasional, ilustrado con trazos magistrales del pintor “Hilario” que muestran a la víctima, Scanlan, cuando llevaba serenatas a la pretendida y ella lo escuchaba desde el balcón de El Conde, y después, al desplomarse por el disparo en el fatídico tramo comprendido entre Las Damas e Isabel la Católica.

 Pero como El Conde ha sido por tradición  lugar escogido por la intelectualidad para analizar producciones literarias, dar a conocer la nueva creación de un bardo, comentar favorable o despectivamente la obra de escritores consagrados o noveles, fue también testigo de agresiones físicas por aquellos que, quizá, se sintieron maltratados por la censura.

 Al parecer esa fue la razón por la que el 18 de mayo de 1955, el reconocido pintor Jaime Colson agredió al crítico de arte de El Caribe, Horia Tanasescu, en el bar “1 y 5”, en El Conde casi esquina Palo Hincado. El afamado artista llamó afuera al literato “y sin mediar palabra le lanzó una trompada”.

 Tanasescu declaró que Colson le golpeó “sin motivo aparente, injuriándole luego”. La reseña  apunta: “En los círculos artísticos de esta capital se comenta desagradablemente la acción insólita en nuestro medio del señor Colson, cuyo arte ha sido criticado por el doctor Tanasescu en las páginas de El Caribe”. El pintor se declaró culpable. Fue condenado a diez pesos de multa en el Juzgado de Paz de la Primera Circunscripción.

El Listín Diario del ocho de mayo de 1942 publicó que en la calle El Conde fue herido Alberto Gruning Maduro por su compañero de labores Rafael Rovira de la Cruz, “quien le infirió un botellazo en el ojo izquierdo y le produjo una grave lesión. Ambos son empleados de la secretaría de Educación Pública y Bellas Artes y habían tenido un pequeño disgusto en la mañana de ese día”.

Riñas por política  Las riñas o ajustes de cuentas políticos no podían ser ajenos a  El Conde, en cuyas esquinas, cafeterías, restaurantes, bares y hasta en el Cine se pusieron y quitaron gobiernos y el clamor popular se pronunció a favor o en contra de los hombres que decidían el destino de la Patria. Después del tiranicidio, cuando se apagaban las luces en el “Santomé”, la juventud aprovechaba para lanzar consignas contra Joaquín Balaguer, la familia del tirano decapitado, calieses y ex colaboradores del régimen.

En 1947, el luchador antitrujillista Pericles Franco fue detenido en El Conde y un sicario lo paseó por esa vía, golpeándolo, hasta la fortaleza Ozama. El dirigente y fundador del Partido Socialista Popular se había asilado en 1945 y retornó dos años después. En 1946 otro esbirro procedió igual con José Antonio Bonilla Atiles, pero inició la paliza en el Cine Rialto, en la Duarte, debido a que el ex vicerrector de la Universidad de Santo Domingo había publicado un artículo oponiéndose a la anunciada reelección de Trujillo.

Por Fidel Castro y los yanquis  Los dos ancianos estaban tranquilos y felices en sus impecables trajes blancos. Uno llevaba sombrero negro de pana y el otro, de Panamá. Hubiesen pasado como dos “Conderos” más apostados en la esquina con arzobispo Meriño si no surge entre ellos la discusión sobre el papel de los yanquis y Fidel Castro en Latinoamérica.

 “A eso de las 11:55 AM., al parecer, uno de ellos molesto porque el otro obstinado persistía en sus ideas, acosó al interlocutor con su pasión y los puños, llegando a pegarle en los lentes. El agredido se defendió manteniendo su actitud y a los gritos de dos vendedores de revistas, corrieron policías, transeúntes, y el tránsito se detuvo”, publicó La Nación del 13 de abril de 1962, sin dar los nombres de los apasionados analistas porque ellos se perdieron rumbo a la Meriño dejando a los curiosos y a empleados del Consejo Edilicio discutiendo y celebrando el suceso de “los dos viejitos que corrieron, uno detrás del otro”

Balazos a Luis Genao
El 11 de agosto de 1966, el periodista Álvaro Arvelo hijo reseñó en primera plana de El Caribe que “Luis Genao Espaillat, ex líder del Movimiento Revolucionario 14 de Junio”, había sido herido dos días antes, alrededor de la medianoche, en la calle El Conde.

 “Genao Espaillat, que se separó del 1J4 y denunció que esa organización política estaba controlada por comunistas, recibió en su cuerpo cinco balas de pistola calibre 45”, escribió el reconocido comunicador en una detallada información en la que aparece la víctima en su lecho de la clínica “Abel González”-

 Agregó Arvelo hijo que “el joven dirigente político acusa a César Rojas de ser la persona que lo agredió junto a otros tres elementos”. Ex militantes de la izquierda de esos años declararon a HOY que el acusado fue asesinado posteriormente en Nueva York.

 El herido manifestó, según la crónica de Álvaro, que “el ingeniero Fortunato Canaán, quien le acompañaba esa noche, le salvó la vida al impedir que Rojas le diera el tiro de gracia”. El relato del suceso que Canaán y Genao hicieron al  periodista resume que estos regresaban a sus casas tras haber tomado unas copas en el restaurant “Baitoa” y “cuando lo hacían fueron voceados por dos individuos que se encontraban parados delante del bar Panamericano en la calle El Conde esquina Sánchez”

 El recuento es extenso. Genao, expresa, fue herido en el brazo derecho. “Estando en el suelo Rojas le disparó cuatro veces más. Dos disparos en la región sacra y uno en cada muslo. En el momento en que se disponía a rematarlo, según lo contado a la prensa, Canaán se lanzó sobre Rojas desviándole la pistola y rompiéndole la guayabera, al ver a Genao sangrante en el suelo, Rojas y sus acompañantes emprendieron la huida. Canaán, dice el relato, lo montó en un jeep de la policía y lo llevó a la clínica”.

 Genao, quien según las fuentes sobrevivió y hoy “está muy bien”, dijo entonces que el atentado se debió “a motivos políticos y culpó del mismo a los comunistas que una vez más han demostrado que son cobardes e incapaces de pelear en igualdad de condiciones”, asegurando que “continuaría más activamente su lucha en contra del comunismo”

El luchador antitrujillista Pericles Franco fue detenido en El Conde y un sicario lo paseó por esa vía, golpeándolo, hasta la fortaleza Ozama. El dirigente y fundador del Partido Socialista Popular se había asilado en 1945 y retornó dos años después.

El reconocido pintor Jaime Colson agredió al crítico de arte de El Caribe, Horia Tanasescu, en el bar “1 y 5”, en El Conde casi esquina Palo Hincado. El afamado artista llamó afuera al literato “y sin mediar palabra le lanzó una trompada”.

Mannus Varis de Kantzhian, tenía 60 años de edad y era natural de Turquía. Padecía esquizofrenia. Vino al país acompañada de la francesa Jannie Hannau, de 25 años, residente en Estados Unidos.