Calles y avenidas
Las Hermanas Roques Martínez

El ejemplo del abuelo que cada noche reunía a los empleados domésticos para alfabetizarlos pudo haberlas inspirado para que escogieran el sendero de educar como principal motivo de sus vidas.

También fueron modelo de solidaridad, desprendimiento, patriotismo, filantropía, tenacidad, valor y una generosidad incomparable en el arduo ejercicio del magisterio.

El reconocimiento a su entrega es una calle que las ha reunido, y como no las identifica, pocos saben que se trata de las abnegadas María de Lourdes, Minetta  y Flor Itha, las “Hermanas Roques Martínez”, como se designó una vía en “El Millón”. Emprendedoras, pioneras en las más variadas áreas del saber, formaron incontables generaciones de bachilleres en el colegio “Santa Teresita” que fundaron el tres de marzo de 1931 y que han mantenido vigente sus descendientes. Hoy es dirigido por Amalia Incháustegui de Hernández, hija de Atala, la hija única de María de Lourdes, que también ocupó esa posición.

De estas tres mujeres admirables hablan con satisfacción y justo orgullo las dos damas, junto a Martha Amalia y Carmen Despradel Roques, Cristina Roques Ortiz y María Cecilia Roques Báez, sobrinas, y Lourdes Ramírez Roques, una de las cuatro hijas que procreó Itha.

Aunque a las tres hermanas las unió la enseñanza, sus personalidades eran distintas, y como cerraron sus ojos al mundo en diferentes momentos, cada una tuvo actuación única en circunstancias cruciales del acontecer reciente. Sus perfiles se ofrecerán por separado.

En el ambiente de la dictadura de Trujillo, sin embargo, Minetta, Itha y Lourdes fueron el apoyo decisivo de sus hermanos que lucharon contra el régimen. La familia, cuentan sus parientes, quedó prácticamente sin hombres, el espíritu indomable de las aguerridas tres maestras permitió que sobrevivieran a las adversidades de la tiranía.

“Tía Naná”, como llaman  a Minetta, fue sostén, refugio, protección,  para muchos hijos de revolucionarios que enfrentaron al gobierno balaguerista. Lo mismo representaron las tres para la prole de antitrujillistas perseguidos. Cuando Ricardo, el hermano abogado de obreros, sindicalistas y otros desprovistos de recursos financieros se declaró desafecto a la satrapía, ellas lo ocultaron durante años y Minetta organizó la espectacular escapada en ruta hacia el exilio. Después se hizo cargo de la esposa y los hijos del desterrado.

Ideas liberales

El nombre lo escogió la madre de las resueltas chicas “para que Santa Teresita protegiera ese colegio, porque había sido ejemplo para la juventud”. Lo fundó Minetta, en la calle Sánchez de la Ciudad Colonial, con once alumnos.

Pero al enterarse de su capacidad educativa, Trujillo pidió a la muchacha dirigir la escuela “Julia Molina” porque un centro que llevara el nombre de su progenitora debía ser de indiscutible calidad escolar. Lourdes quedó entonces al frente de la institución a la que luego se unieron Itha y las esposas de tres hermanos Roques Martínez: Altagracia Báez, María Antonia González y Carmen Ortiz.  Minetta asistía en sus tandas libres.

Entre las novedades introducidas por las hermanas, sus descendientes recuerdan el juramento a la bandera, respeto a los valores y símbolos patrios, solidaridad con el compañero caído, ingreso mixto, de hembras y varones, el uso de pantalones para las niñas, “y que el colegio era laico. Nunca dieron importancia a la religión, la política o la clase social de los alumnos. Allí estudiaban ricos y pobres, antitrujillistas y trujillistas”, expresan.

Agregan que pese “al carácter liberal, democrático, de las hermanas, acogieron a todo tipo de niños porque los consideraban un elemento a educar y ellos eran lo más importante en sus vidas. Recibieron por primera vez pequeños con necesidades especiales”.

Además de maestras, fueron madres. Rememoran que cuando asesinaron a Minerva Mirabal, Manolo Tavárez, su esposo, entregó a Minetta a su hija Minú.  Tras el ajusticiamiento de Trujillo, por otro lado, la señorita buscó en su casa a “Oscarcito”, hijo de Antonio Imbert Barreras. En los 12 años de Balaguer, cada vez que  apresaban a Carmen Mazara, esposa de Maximiliano Gómez, Minetta se hacía cargo de sus hijos Guido y Fabricio, narran.  Ella fue también “correo” o enlace entre Antonio Imbert y Luis Amiama cuando se encontraban escondidos por su participación en el tiranicidio.

“Cuando la UASD se tambaleaba económicamente, el colegio también” porque allí estudiaban casi todos los hijos de profesores y autoridades de esa academia.  Un señor Smester fue a retirar a sus hijas porque lo despidieron del empleo y la señorita Minetta le dijo que no iba a tirar a sus alumnas a la calle. En una tarjeta anotó: “Saldo año escolar”. Con el tiempo, este padre volvió a saldar esa deuda.

Un ejemplo que avala su libertad de criterio religioso, en otro orden, es que allí llevaron sus hijos los judíos de Puerto Plata, afirman.

Nunca, aseguran, se interrumpió la docencia. Las puertas de la dirección permanecían abiertas y a diario se colocaba “un montoncito” de dinero para los estudiantes sin merienda.  El uso del pantalón en las niñas, manifiestan, fue muy criticado. Pero lo solicitaron las propias alumnas, se sometió a concurso, “pasaron por urnas y votaron. Ellas mismas lo diseñaron”.  El Santa Teresita se destacó mucho en los deportes. “Siempre fueron campeones, desde la José Reyes, con la señorita Mercedes”.

Estas tres hermanas, que fueron además ardientes defensoras de los derechos femeninos, tuvieron también el recinto en las calles Conde, José Joaquín Pérez, Bolívar, César Nicolás Penson, en ocasiones separado por niveles, otras unificado, como está ahora en  la Federico Henríquez y Carvajal.

Son miles los ex alumnos sobresalientes. Citan a Milagros Ortiz, Ivelisse Pratts, Mary Pérez de Marranzini, hermanos Mejía Ricart,  Lisandro Macarrulla, Roberto Cassá,  Guillermo Pérez, Michael Camilo, Geo Ripley, Willy Pérez, León Bosch, Inés Tolentino, Neus Sicard, Alberto y Canqui Howellemont, Manolo Prince, Rafael Mencía, Fidelio y Carlos Despradel, Juan Basanta, Roberto Obando, Frank Guerrero, Cecilia García, Sonia Silvestre, Lourdes Ramírez, Milagros y Félix Germán, Iris Peynado, Carlos Veitía, Mary Lois Ventura, Mónica Despradel, Lourdes Ramírez, Orlando Scheker, Luis y José Miura…

De sus tres ilustres antepasadas, estas hijas, nietas y sobrinas dicen. “Ser Roques de una tercera generación implica un compromiso que a veces pesa, pero que nos hace sentir orgullosas todo el tiempo”.

Zoom

La calle

Desconocen de quién fue la iniciativa ni cuando se inauguró. Se enteraron por cientos de ex alumnos que las llamaron entusiasmados para darles la noticia. “Nos tomó de sorpresa, pero representa la historia del Santa Teresita, y las tres trabajaron juntas”. Nace en la avenida 27 de Febrero y se extiende hasta la Gustavo Mejía Ricart.