Calles y avenidas
Manuel de Jesús González

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Fue una de las inteligencias más preclaras del clero nacional. A su inquebrantable y prolongada labor de pastor de almas que se extendió por tres cuartos de siglo, agregó la función de maestro, escritor, poeta, músico, filósofo.

“Papá Chuchú”, como le llamaban sus más íntimos, tenía bien ganada fama de santo. Jubilado y muy enfermo, no se alejó jamás del altar y a pesar de su avanzada edad y quebrantadísima salud, todos los días oficiaba misa en cualquier iglesia o en la capilla que tenía en su casa de Santiago de los Caballeros, donde ejerció por más años el sacerdocio. Allí le veían “como a un verdadero Patriarca de la Iglesia”. Debido a su condición le resultaba difícil celebrar de pie el Santo Sacrificio, por lo que se le concedió el especial privilegio de realizarlo sentado. Pero no llegó a disfrutarlo.

Casi todos los dominicanos cantan su obra más afamada, el Himno a las Madres, que escribió Trina Moya de Vásquez, pero el canónigo Manuel de Jesús González Reyes es una figura olvidada, prácticamente desconocida. Una calle de Los Minas lleva el nombre de este reconocido orador sagrado que compuso la música del enaltecedor canto estrenado el 30 de mayo de 1926 en las iglesias del país, pues se consideró festividad religiosa. Ya el 19 de febrero el Congreso había decretado que el último domingo de mayo de cada año se dedicara  a tan especial fiesta.

Himno a las Madres.   El cántico se interpretó por niños y niñas de  las escuelas congregados en los templos de Santo Domingo y de  las provincias pero los cultos más suntuosos se efectuaron en el Convento de los Dominicos. Fue el reverendo padre Manuel Miranda, CMF, quien ese día puso música a las letras de la composición de la entonces Primera Dama, en medio de salutaciones, paradas de alumnos, ofrendas de flores blancas a la memoria de las madres muertas, Primera Comunión y misas a la Madre  del Amor Hermoso. El Arzobispo Luis A. De Mena ofició en el Convento y el padre Anastasio Alonso, Superior del Seminario, hizo una breve exhortación con motivo de la fecha.  El presbítero Manuel González no fue ajeno a la celebración, pero en calidad de tribuno y concelebrante junto al padre Bornia: “Leyó una bella pieza oratoria en la Iglesia Mayor” de Santiago donde la feligresía llevó en el pecho una flor simbólica, clavel rojo por las madres vivas y azucena blanca por las fallecidas.  Tiempo después,  el eximio clérigo fue escogido autor de la música, y a pesar de su fértil producción melódica, ésta es prácticamente la única faceta por la que algunos lo recuerdan. En la crónica de su muerte se destacó: “Cultivó las bellas artes, muy especialmente la poesía y la música. El parnaso dominicano debe a la inspiración del padre González hermosas composiciones poéticas y nuestro acervo musical bellísimas piezas, entre ellas, la música del himno a las madres, adoptado oficialmente con letras de la culta poetisa doña Trina Moya de Vásquez, en un concurso nacional que se celebró al efecto y al cual concurrieron connotados compositores dominicanos y extranjeros en el país”.

El decano.  En revistas literarias de su época aparecen versos y otros escritos de esta “figura eminentísima, vibrante escritor y notable orador eclesiástico” que nació en Santiago de los Caballeros el 1 de febrero de 1861, hijo de Francisco González y Dolores Reyes. Era tío de los insignes músicos Luis Rivera González y Manuel Rueda González.

Ingresó al Colegio San Luis Gonzaga en 1880 y bajo la dirección del padre Billini hizo sus estudios eclesiásticos. Recibió el diaconado en Cabo Haitiano en 1883 y el 1 de noviembre de 1884 el Delegado Apostólico Fray Bernardino d’Emilia le ordenó sacerdote. Cantó su primera misa el ocho de diciembre de ese año en la iglesia Regina Angelorum.

Fue párroco de las iglesias La Altagracia y Mayor de Santiago y estuvo breves años en Monte Cristi y Guayubín. Desempeñó los cargos de Consultor Diocesano Arquidiocesano de Santo Domingo, Vicario Foráneo de Santiago. Era Confesor Extraordinario de las Hermanas Mercedarias del Hospicio San Vicente de Paúl, de aquella ciudad. Monseñor Nouel lo nombró Canónigo Honorario de la Santa Basílica y fue también Visitador Diocesano en las provincias  Santiago y Monte Cristi en las que administraba el sacramento de la confirmación.

Durante la presidencia de Juan Isidro Jimenes fue diputado al Congreso, representando a Santiago. Además ocupó la posición de regidor, presidente del Ayuntamiento.

 Cuando el ilustre canónigo falleció el 2 de enero de 1948 en su residencia de la calle “Presidente Trujillo” esquina “Franco Bidó”, de Santiago, era el decano del clero nacional. Monseñor Eduardo Ross y el padre Eliseo Pérez Sánchez presidieron las honras fúnebres por su alma en la Iglesia Parroquial Mayor, asistidos por todo el clero de la región.

La calle.   El 9 de mayo de 1973, el Ayuntamiento del Distrito Nacional designó a la entonces calle “II” del ensanche San Lorenzo de Los Minas con el nombre de “Manuel de Jesús González” en honor “de quien fuera notable orador sagrado y músico, patriota integral de responsable actividad cívica contra la deleznable ocupación norteamericana de 1916 y autor de la música del Himno a las Madres”.

 Nace en la “María Trinidad Sánchez” y muere en la calle “5-A”.