Cambiando las perspectivas sobre la vida

Miles de personas han sufrido ya traumas psicológicos que no han enfrentado sanamente ante estos desastres naturales que provocan, más allá de pérdidas humanas y materiales, la pérdida de fortalezas internas que permiten luchar, gestionar y demandar la satisfacción de las necesidades más sentidas y sobre todo la crisis en el estado emocional de la población impactada, reflejada a través del insomnio, tristeza, y desesperanza, entre otros.

Como resultado de un desastre natural, muchos atraviesan experiencias traumáticas, sufren pérdidas dolorosas, se enfrentan a graves adversidades de la vida diaria. Las experiencias traumáticas provocan terror o un miedo intenso, horror, impotencia y reacciones físicas al estrés (palpitaciones aceleradas, sustos fuertes, temblores en el cuerpo).

El impacto todavía queda. Aunque el trauma haya finalizado puede llegar a presentar, una serie de reacciones psicológicas ya que son experiencias tan intensas que cambian las perspectivas sobre la vida. Estas reacciones reciben el nombre de síndrome específico del desastre y/o reacciones del estrés post traumático.

Los niños y niñas son psicosocialmente el sector más sensible entre la población afectada, los niños y niñas sufren más intensamente que los adultos aunque tienen mejor pronóstico de recuperación.

Al comienzo, el proceso de duelo es difícil, pero a medida que el tiempo pasa, buscamos razones para tener esperanza. La esperanza basada en absolutos y en un futuro eterno, ofrece una perspectiva motivadora y consoladora. En los Salmos se nos dice: “Hubiese perdido mi corazón, si no hubiese estado seguro de ver la bondad del Señor en esta tierra de los vivientes”.

Habitualmente el duelo se refiere al estado de aflicción relacionado con la muerte de un ser querido y que puede presentarse con síntomas característicos de un episodio depresivo mayor.

Sin embargo, el término duelo y procesos de duelo puede también aplicarse a aquellos procesos psicológicos y psicosociales que se ponen en marcha ante cualquier tipo de pérdida.

Todos estos factores estresantes pueden originar igualmente reacciones desadaptativas con manifestaciones de índole depresiva y emocional como tristeza, llanto, desesperanza, impotencia, rabia y culpa, además de disfunción importante a nivel social y laboral. Podemos entender el duelo y procesos de duelo como el conjunto de representaciones mentales y conductas vinculadas con una pérdida afectiva.

Se entiende que las personas afectadas por desastres naturales necesitan para su recuperación emocional un período mínimo de 6 a 24 meses.

 Es importante señalar la escasez de experiencias de intervención en estos casos y de investigación sobre los efectos psicosociales en personas afectadas por desastres naturales. Es por esto que se hace apremiante, concientizarnos de que el duelo es un proceso natural que experimentamos luego de sufrir una pérdida significativa, y que aunque el duelo es difícil y doloroso, no tiene que inmovilizarnos. Podemos aprender a ser pacientes con nosotros mismos y con otros durante períodos de dolor al entender  por lo que se está atravesando.