Cambios políticos y formación docente

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No es difícil que las autoridades de educación y los rectores de las universidades del país lleguen a un acuerdo en relación con temas como el de la revisión curricular y el de política de admisión. Donde podrían surgir unas que otras dificultades en lograrlo es en la elaboración de un nuevo perfil del maestro porque ésta necesariamente implica el establecer para quién se es, se sabe y se hace.

Durante décadas, el Sistema Dominicano de Instrucción Pública figuró entre los peores financiados de la América española y el Caribe (todavía ocurre algo parecido muy a pesar del aumento de la inversión en educación del 2,2% del PBI en el 2013 al 4% del PBI a partir del año 2014 en lo adelante).

Los resultados de las pruebas internacionales en las que estudiantes dominicanos de los niveles básico y medio han participado han evidenciado un precario desempeño de parte de ellos en matemáticas, lenguaje y ciencia; situación ésta, que ha dado lugar a que muchos de nuestros colegas piensen que es debido a la baja formación de los docentes, sin tomar en cuenta la poca disponibilidad de recursos económicos con que ha contado y cuenta el sector de educación. La verdad es que necesitamos de más y mejores maestros. Todos estamos de acuerdo en que se debe elaborar nuevos perfiles de egresados de las facultades y escuelas de pedagogía y en revisar los planes de estudios de las carreras que ofertan esas instituciones para que en los mismos figuren el aprendizaje de lenguas extranjeras y el adiestramiento en el manejo y uso de tecnologías de la información, Pero, ¿cómo lograrlo? A la luz de ésas y otras circunstancias, debemos tener muy en cuenta que los títulos de licenciados, maestros y doctores en ciencias de la educación y en sus diferentes menciones son otorgados por las universidades, autónomas por naturaleza y por ley.

El Ministro de Educación, licenciado Carlos Amarante Baret, después de cuestionar la formación de maestros en las universidades del país, anunció que la dependencia estatal bajo su dirección traerá especialistas extranjeros para reforzar las capacidades de los profesores nativos que participan en los programas de formación y capacitación de maestros. Nos parece que esas opiniones no toman en cuenta otras consideraciones. Las propuestas para mejorar las capacidades del profesorado deben basarse en enfoques contextuales, en las que se tengan en cuenta todos los factores que contribuyan al buen desempeño del maestro en las aulas de clase. Señor Ministro, ¿dónde usted cree que nos formamos los que hemos intervenido en todos los procesos de reforma de la educación y en todos los programas de formación y capacitación docente de las últimas décadas? ¿En las universidades Yale, Cambridge, Harvard o en la UASD, PUCMM, y UNPHU? Que conste, que no estamos renegando la necesidad de capacitarnos cada día más. Prueba de ello es que muchos de nosotros todavía estamos presentando tesis doctorales en área del saber que aquí antes no se conocían como el de calidad, evaluación, acreditación y planeamiento universitario. El aumentar la calidad de los servicios de educación requiere de grandes inversiones en el sector que en ocasiones los gobiernos no están dispuestos a llevarlas a cabo, ya sea por decidía o porque urge satisfacer otras necesidades. En materia de formación y capacitación docente hemos avanzado bastante. Al final de la “era de Trujillo” apenas un 4% de los profesores de escuelas públicas estaba en posesión de un título universitario. El oficio de maestro era muy mal renumerado, a pesar de que requería, como hoy requiere, de mucha entrega y dedicación. El docente es hoy un profesional como otro cualquier. Su estándar de vida ha mejorado bastante. La palabra vocación ahora se escribe con b.