Campaña negativa y guerra de encuestas se vaticinan para 2024

Campaña negativa y guerra de encuestas se vaticinan para 2024

La verdad puede ser golpeada en cualquier momento al intensificarse los esfuerzos por conquistar votos bajo el fuego de descripciones acomodaticias de la realidad, con el populismo cobrando auge y amenazada también de distorsiones por previsibles resultados de sondeos con preguntas esgrimidas para inducir respuestas a conveniencia de quienes los patrocinan.

Extraño sería además que expedientes por corrupción atribuidos a administraciones pasadas vayan a estar ausentes de pancartas y de la retórica cerril de quienes se proponen permanecer en el poder o conquistarlo. Por el contrario: están encendidas las exploraciones en busca de «manchas» adicionales de todos los colores.

Desde la crítica a la forma de hacer política se objeta el uso cada vez mayor de las encuestas -no siempre aplicadas con el rigor metodológico que certifica mediciones- como propaganda para capturar el voto útil, movilizar simpatizantes y desalentar a contrincantes. A esa conclusión llegó un estudio aplicado a procesos electorales anteriores por el Observatorio Político Dominicano de la Fundación Global Democracia y Desarrollo.

Coincidiendo con ese criterio, Rafael Toribio, ex-rector del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, se refirió a las encuestas más frecuentemente aplicadas en el país como «simples instrumentos de propaganda » en vez de ser utilizadas para trabajos políticos calificados a pesar de las honrosas excepciones.

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Peligro Real

De los riesgos atribuidos a que una guerra de encuestas abra espacio a manipulaciones y sesgos en competencia con el trabajo de las agencias acreditadas, surge la alarma por el vacío de regulaciones que se acojan los lineamientos que han tenido vigencia exitosa en otros países de Latinoamérica y Europa.

Sobre esto, el sociólogo aplicado a temas electorales, Vladimir Rozón, describió como grave omisión el que algunas encuestas sean divulgadas con confusión de credenciales en el lapso en que las campañas de precomicios están en sus mejores momentos y que se ofrezcan supuestos resultados sin información sobre el tamaño de las muestras ni precisión de márgenes de errores.

Se priva, en la mayoría de los casos al destinatario de los resultados, de informaciones esenciales sobre la entidad, del género que sea, que contrató a la firma encuestadora, sin texto ni configuración de las preguntas y callando el área de población en la que algún equipo de entrevistadores las aplicó.

También con ausencia del «porcentaje de personas que respondieron las preguntas y las que no». En un informe suscrito por Rozón se advierte que «todo esto indiscutiblemente refleja la necesidad de una legislación y una regulación ( ) ya que la falta de exigencias, y por ende de control de las encuestas, cada vez más se convierte en un problema que genera mayores consecuencias”.

Ha sostenido que: “Las encuestas tienen relevancia y más cuando se trata de sondeos electorales, especialmente en razón de su capacidad, en mayor o menor medida, de influenciar en la decisión final del voto. El único lineamiento al que están sujetas las encuestadoras y los medios de comunicación es al llamado de la JCE a no publicar propaganda o contenido electoral durante las 24 ó 48 horas previas al día de las elecciones y durante el día de las mismas».

Lo que vendría

En mayo pasado el escritor, economista y ex gobernador del Banco Central, Bernardo Vega, vaticinó que «la venidera justa política será una campaña negativa en la que los seguidores del Gobierno, aportando aun más recursos a los subsidios (para conquistar votos) harán recordar la corrupción durante los 12 años de Leonel Fernández al tiempo que se mantienen los sometimientos contra los funcionarios del PLD (recientes); mientras la oposición tratará de encontrar evidencias de corrupción y mal manejo por parte del Gobierno actual».

Sostuvo que en vez de promesas de solucionar problemas y mostrar diferencias ideológicas (que no existen entre estos partidos) la campaña lamentablemente será sucia. Su descripción del contexto político de ese momento lleva a suponer que el presidente Luis Abinader, lanzado a buscar la reelección, tiene a su favor el que el PLD y Leonel Fernández han estado en el gobierno durante varios periodos y «su desprestigio es alto» mientras el PRM solo lleva tres años en el poder.

La medición de la popularidad para ese mes, a cargo de la firma de encuestas Mark Penn que dirige Vega en el país, llamaba la atención a que al comparar posiciones de posibles aspirantes con miras al 2024 «apenas Abinader y David Collado, ambos del PRM, recibieron cerca de un 50% de simpatía»; Leonel Fernández reflejaba un rechazo de un 48% y Abel Martínez de un 42%.

Agregamos que se trata de un resultado que deja ver una inclinación del electorado hacia figuras que no hayan manejado por notable tiempo la cosa pública aunque Collado, el actual ministro de Turismo, ha conservado altos niveles de aceptación ciudadana en el transcurso de sus dos recientes protagonismos gubernamentales.

Remitiéndose siempre a las tendencias de opinión que su encuestadora sondeó hace siete meses, Vega describió al electorado dominicano en condición volátil (impredecible para el largo plazo) con una tercera parte de los que sufragarían declarándose sin simpatía por ningún partido ante organizaciones políticas «muy desacreditadas», con el PRM como el más favorecido pero con una aprobación por debajo del 50%.

Los aciertos

De la revisión a la aplicación de encuestas en los más recientes cuatrienios surgen como firmas encuestadoras más certeras en República Dominicana: Gallup, Penn, Shoen and Berland y Greenbeerg, todas contratadas por medios de comunicación y ninguna rebasando el margen de error (que expresa el grado de confianza en los resultados) de 3.1%; otras llegaron a desviaciones superiores al 7% a veces sin acercarse siquiera a predecir al ganador.

Hostilidades analíticas aparte, la Gallup ha sido reconocida mayoritariamente por observadores como irrefutable en predicción de resultados electorales en el país durante 20 años; en ocasiones con muy estrecha coincidencia con cifras oficiales. En el 2012 vaticinó con solo un 0.061% de error que Danilo Medina sería presidente y así ocurrió.

Con anterioridad, en abril del 2004 Gallup asignaba a Leonel Fernández un triunfo de primera vuelta de un 54.8% frente a Hipólito Mejía y el hoy candidato presidencial salió victorioso con el 57.11% con un margen negativo de 2.11%.

Con un logro continuista. en el 2008 Leonel prolongó el mandato con un 54% de los sufragios, con cercanía a la marca que la Gallup le predijo de un 52%. Para el perdedor, que en esos comicios tocó serlo al ingeniero Miguel Vargas Maldonado, el pronóstico fue de que solo alcanzaría un 37% y consiguió un 40.48% de los votos.

En el 2020, pocos días antes de las votaciones del 22 de mayo y después de una estela de mediciones marcando la tendencia que terminó correspondiendo, la predictora de resultados adelantó que el candidato presidencial Luis Abinader se iría en primera vuelta con un 53.7% y la fórmula que encabezaba con Raquel Peña para la vicepresidencia, obtuvo un 52.52 de los sufragios. Gonzalo Castillo y Margarita Cedeño quedaron en el 37.46%

Lo reciente

La posibilidad de que se repita lo de no necesitar una segunda vuelta para elegir al próximo presidente de la República, aparece proyectada por la última encuesta Gallup. RCC Media que sitúa al candidato reeleccionista Luis Abinader (PRM) con un 55.2% de los votos que se depositarían. Se impondría a sus más cercanos contrincantes: Leonel Fernández, de la Fuerza del Pueblo, con 27.4% de preferencia y a Abel Martínez (PLD) con un 16.6%.

Al preguntarse a ciudadanos con derecho al voto a quién supondrían el seguro triunfador para la próxima justa, independientemente de por quién sufragarían, el 58.3% proyectó a Abinader para el primer lugar; a Fernández con un 23,.1% y a Martínez con un 9.8%.

Faltando seis meses para el día crucial de las urnas la valoración del Gobierno lleva a los dominicanos a a conceder un 64% de aprobación y a un 56% a considerar la gestión de Abinader como «buena o muy buena».

Para algunos observadores la popularidad del mandatario podría ser erosionada por los resultados de sus políticas frente a Haití que ha asestado una severa disminución a las exportaciones hacia el segundo destino del comercio exterior dominicano en desmedro de importantes sectores productivos. Se le reprocha, entre otros puntos en contra el que después de más de tres años en el poder no lograra una mínima mejoría al sistema educativo y que tuviera que admitir una parte de responsabilidad en la trágica fragilidad del paso a desnivel de la avenida 27 de Febrero que costó nueve vidas. Las andanadas de una oposición que no se da por vencida incluye más insatisfacciones; algunas que por sentido común son extensibles, a sus predecesores.

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