Candidatas vicepresidenciales: ¿moda o realidad?

Millizen Uribe

A juzgar por la “coincidencia” en la elección de candidatas vicepresidenciales que han hecho los partidos de la Liberación Dominicana (PLD), Revolucionario Moderno (PRM), Alianza País y Fuerza Nacional Progresista (FNP), se pensaría que las mujeres dominicanas están en el auge de su participación política.
Máxime, si se considera que a Margarita Cedeño, Carolina Mejía, Mary Cantisano y Daisy Sepúlveda se unen como candidatas, pero presidenciales, Minou Tavárez Mirabal, de la Alianza Por la Democracia (APD) y Soraya Aquino, por el Partido de la Unidad Nacional (PUN).
Sin embargo, es fácil desengañarse ante la petición del PLD, PRD y PRSC a la Junta Central Electoral (JCE) para violar leyes y resoluciones que reservan a las mujeres un mínimo de un 33% en las candidaturas, así como la candidatura a síndica o a vicesíndica en cada municipio.
Y es que aunque la Constitución establece la no discriminación, estas cuotas son necesarias porque en la práctica existen barreras socioculturales y condicionamientos históricos que impiden la equidad en la participación política de hombres y mujeres. Otro hecho que evita que nos llamemos a engaño es la participación de las mujeres en la estructura interna de los partidos.
Recientemente, el periódico El Día publicó un reportaje que revela cómo en el PLD, PRD, PRM, PRSC y Alianza País los hombres ocupan los primeros puestos de poder: Presidencia, Secretaría General, Secretaría de Organización y Secretaría Electoral.
En el libro “La sociedad del espectáculo”, el filósofo y escritor francés Guy Debord habla de esos estados sociales donde en vez de la esencia, reina la apariencia. Todo se convierte en una mera representación.
Eso se pretende con la participación política de la mujer. Muchos otorgan candidaturas vicepresidenciales porque, para los fines del marketing, es importante lucir respetuosos de los derechos de las féminas.
Empero, la falta de políticas públicas y bajos presupuestos para temáticas que inciden en las mujeres y organizaciones que trabajan con ellas, evidencian que falta interés, voluntad política y mayor compromiso con este sector.
Ojalá desenmascarar a los simuladores. Ojalá no premiar con nuestros votos a quienes están o buscan llegar al poder para perpetuar una desigualdad de género manifiesta en las altas tasas de feminicidios.
Y es que, como dijo Engels, los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento femenino. Al impedir y limitar la legítima y auténtica participación equitativa de las mujeres, no sólo pierden ellas, sino toda la humanidad.