Cándido Bidó: presente siempre

Cándido Bidó: presente siempre

Diómedes Núñez Polanco

El pasado miércoles, se inauguró, en la Galería Nacional de Bellas Artes, una exposición restrospectiva de la obra artística de Cándido Bidó, en ocasión de cumplirse el décimo aniversario de su partida definitiva. Ofrecemos fragmentos de las palabras que pronunciamos en sus funerales, en Bonao, el 9 de marzo de 2011:


En otoño de 1984, tendría Cándido una exposición, en la ahora casi centenaria Galería de Arte Katia Granoff, cuyo nombre actual es Galería Larock-Granoff. En aquel momento, yo era estudiante en España. Cándido me había ofrecido su bendición y 80 dólares a mi partida.


Quedamos de vernos en su exposición en la Katia Granoff, así que emprendí mi viaje en autobús desde España, hacia Paris, atravesando los puentes de Lyon, los ríos de Lyon… todo ello a las 3 de la mañana.
El paisaje fue un preámbulo para la exposición que guardó para mí aquella galería de París: una exposición cargada de Santo Domingo, en plena Europa. ¡Cuánto Bidó, en aquel lugar tan distante! Los colores, la transparencia y lo preclaro de su ser, todo plasmado allí, para orgullo de los dominicanos.


Ya años antes, siendo yo adolescente, nuestro artista plasmó para un libro mío, cargado de poesía inocente, varios dibujos y una portada, que el tiempo se ocupó de engavetar.


Sus temas sociales, su movimiento ecológico y el hecho de ser lo que Marianne de Tolentino llamó “personalidad profunda de Cándido Bidó, ciudadano del Caribe por origen, nacimiento y memoria”. Multiplicador de valores, de cultura.

Sus palomas expresan la vocación por la libertad, como la expresan las gaviotas de don Juan, los girasoles de Van Gogh… Siempre a favor de las mejores y nobles causas de su pueblo. En 1965 estuvo junto a los que forjaban la constitucionalidad y la soberanía perdidas. Sus armas de combate fueron el pincel, los colores…


No sólo deja al país y al mundo una producción artística singular, inmensa en cantidad y calidad, y un magisterio al servicio de generaciones. Es inconmensurable la significación del aporte de esta Plaza de la Cultura que hoy nos congrega, la academia que hace años forma a hijos de esta provincia y de la región del Cibao en las más variadas áreas artísticas y culturales, así como el Museo, convertido en uno de los más importantes de la República Dominicana.


A todo se agrega el concurso internacional Paleta de Níquel, con el patrocinio de Falcondo -XtrataNiquel.
Tan hondo ha sembrado Bidó en favor de su pueblo, que el símbolo de la Plaza se ha convertido en ícono de Bonao, como otras ciudades tienen sus enseñas monumentales.

Y recuerdo ahora las palabras que escribió para el catálogo de la exposición que presentó en Madrid, en 1986, dos años después de aquella muestra en la galería Katia Granoff de París. Ahí presenta sus orígenes, sus raíces, la sencillez de su pueblo, pero al mismo tiempo trasluce la vocación internacional, universal de su obra.

Pues en la medida en que es profundamente local, si ella expresa la hondura filosófica de su tierra y sus mundos, esa producción expresará su universalidad, como hay tantos ejemplos en la historia del arte y la cultura de todos los tiempos.


“Mi vida de artista – dijo entonces- ha sido una lucha incansable para transmitir a través de mis cuadros las cosas y la gente de mi pueblo natal y de mi país, la República Dominicana, que es tierra de hombres bravíos, pero también de poetas, pintores y músicos”.

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