Cara a cara con Johnny Ventura

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POR MARIVELL CONTRERAS
ste encuentro con Johnny Ventura es un monumento a la madurez profesional de este gran artista del mundo que para orgullo nuestro, nació aquí. Es también el fruto de una larga y meditada forma de ver y hacer en la vida y en el trabajo. Tuvimos que recortar tanto, que sufrimos; ya que cada frase y opinión del Caballo Ventura nos parece una fuente llena de sabiduría en la que cada cosa que se aprehende es un logro y cada corriente que se nos escapa es una perdida.

Con Johnny nos encontramos en territorio de paz, en su finca en Monte Plata. Conversamos rodeados de árboles, montañas y cubiertos por un brillante sol de domingo al mediodía que llamaba más a acompañar a su esposa Josefina y sus nietos en la piscina que a reflexionar en voz alta sobre una vida muchas veces contada y la mayoría del tiempo cantada.

Pero nos quedamos sentados uno al lado del otro, hablando, a veces deteniendo la humedad en los ojos para que no se hiciera llanto, conteniendo el corazón palpitante de respeto y cómplices en la ineluctable alegría que parece ser su misión de vida.

COMO EMPEZAMOS

Mi primera pregunta tiene que ver con la dualidad del comportamiento. Se acerca sonriente, un poco abatido por la secuela de su reciente enfermedad discal y bursitis. Viene en shorts y comprobamos lo realmente largas que son sus piernas –y flacas– y nos asevera.

“Nada más tienes que observar, todos los ambientes. Cuando no estoy en el escenario. Soy una persona muy apacible, tranquilo, muy calladito, muy que sé yo? (risas) Pero cuando subo al escenario y empiezo a oír música ya ese es otro hombre, otro ser realmente”.

MC: ¿Crees que tener la capacidad creativa que tienes y esa energía es un don o algo natural?

JV: “Mira para la gente que cree en Dios, si tendríamos que aceptar que es un don divino, es algo que Dios ha puesto en mí para que las cosas sean así y vivo dándole gracias porque me da una mente tan fructífera. En el otro aspecto, cuando subo al escenario yo mismo no entiendo cuál es el magnetismo que tengo que la gente reacciona tan positivamente. Yo los minutos antes estoy dentro de ese nerviosismo que produce la incertidumbre de no saber qué va a pasar, pero me sorprendo cuando salgo al escenario que la gente ya, como que se entrega. A mí me causa mucha sorpresa esa reacción y sucede todas las veces”.

MC: ¿Cuál es la percepción que tienes tú del hombre en sentido general, de lo que hacemos y de lo que hemos logrado?

JV: “Yo creo que el ser humano ha logrado mucho. Es más yo creo que va demasiado rápido (risas) Yo tengo miedo a veces con las tantas cosas que se están haciendo. Sin embargo, como ya te he dicho pienso que Dios es quien permite que esas cosas sucedan. Yo he visto la evolución del mundo tan vertiginosa, tan rápida, tan violenta, tan veloz con relación a lo que eran los inventos y las creaciones digamos de medio siglo atrás… Yo creo que ni los seres humanos podemos ir al ritmo de lo que se está creando. No hay forma de ir a esa velocidad”.

MC: Cuando se habla de velocidad siempre hay que pensar sobre todo cuando se habla de merengue, en Johnny Ventura, ¿por qué?

JV: “Siempre he creído que tengo un temperamento violento desde el punto de vista de la creación de la música. Es decir, si Jorge Taveras o Manuel Tejeda, le entregan un arreglo cualquiera a Rafael Solano y ese mismo una copia se la entrega a Johnny Ventura, cada uno de nosotros busca músicas para interpretar ese arreglo y lo grabamos, cuando lo grabamos tu oyes dos cosas diferentes. El maestro Solano es más sutil, más dulce. Yo soy mucho más agresivo. Y, recuerda que el director pone un ochenta por ciento en la ejecución de una música y eso lo pongo como ejemplo para decir de algún modo lo temperamental que soy en ese aspecto”.

CAMPO VS. CIUDAD

MC: ¿El otro día me sorprendí mucho de una afirmación que tu le diste a José Mármol, en el sentido de que el merengue antes se alimentaba del campo y ahora los músicos de tierra adentro se alimentan de la capital?

JV: “Están influenciados por los músicos de la ciudad, sobre todo de la capital. Yo pienso que los medios de comunicación han sido determinantes en ese asunto, todos ellos se retratan en los músicos de combos, o sea en vez de reafirmar su condición de típicos, lo que están haciendo es creando sobre una base falsa, que es la base de nosotros”.

Según su tesis antes el noventa y ocho por ciento del merengue que se hacía era traído por los creadores urbanos del campo, pero –todos somos testigos– está sucediendo lo contrario.

Johnny piensa que ha sido por la incidencia que tienen los medios de comunicación que “ha habido una influencia inversa, es decir, somos los de aquí los que imponemos los estilos”.

NO ES MERENGUE

Sostiene que los géneros musicales toman sus nombres de su base rítmica y que eso es lo que los diferencia a unos de otros y que “los merengueros típicos de hoy, tu no lo encuentras en la tambora, los merengueros típicos no están tocando con una base de merengue típico, no están tocando la tambora con una base, no están tocando el güiro con la topología del merengue típico”.

MC: En ese sentido déjame tirarte una ganzúa, ¿eso quiere decir que de alguna manera tu estás de acuerdo con las mil veces vociferada tesis de Crispín Fernández, de que el merengue A lo maco debieron ponerle otro nombre ya que cambiaron la base rítmica?

JV: “Cambió totalmente, en eso estamos de acuerdo Crispín y yo, ¿por qué? Porque no solamente la tambora cambió, cambió la güira también. Quizás nosotros tuvimos un poco de culpa, porque fuimos los primeros que empezamos a usar la güira y la tambora a ese nivel, pero nosotros hacíamos como parte del sazón, es decir, en un momento determinado, dos o tres compases, hacíamos eso y volvíamos a la base rítmica”.

Johnny Ventura dice que defiende su merengue porque a pesar de todas las modificaciones. Cambios e inclusiones de instrumentos que hizo, nunca tocó el patrón rítmico y lo gráfica diciendo las cosas que se le echan a un sancocho, pero que si no tiene agua…

No entiende como los grandes líderes del merengue de hoy permiten que se hable de la decadencia del merengue si sus figuras están en los primeros lugares y piensa que esto debería llevarlos a una reflexión acerca de si lo que están haciendo musicalmente es lo correcto.

MC: Sergio me dijo que el merengue no está en decadencia, sino algunos merengueros.

JV: “Ciertamente, pero no son algunos merengueros, es que incluso los merengueros que están más pegados salvo ligeras excepciones no están haciendo merengues. Cuando nosotros modificábamos violentamente el ritmo le poníamos otro nombre, cuando decíamos ‘un pelliquito y mándate a jui (huir) tiqui ti tiqui tan’, no lo llamamos merengue aunque la gente entienda que a eso le llaman merengue, si tu buscas la discografía no dice merengue, dice Biombo”.

Le comento que antes los discos venían con la identificación de su género musical y el me dice que todo eso se perdió cuando englobaron todo bajo el concepto de afroantillano y que eso pasó también con la salsa que antes era guaguancó, guaracha, son, son montuno, guajira y “ahora es salsa todo y realmente no es así, tu lo sientes en su base rítmica”.

MC: Evidentemente tú tuviste que echar dos grandes luchas por tu ritmo que es el merengue, primero la lucha interna de imponer un nuevo estilo y segundo pelear con ese mismo ritmo en un momento en que todos caribeños o los afro caribeños eran salsas, las estrellas de la Fania en su punto, o sea había un movimiento completo que evidentemente era desventaja, ¿cómo tu manejaste eso? JV: “Mira yo pienso que hubo algo de penetración y de la fuerza que tenía Johnny Ventura y el Combo Show y digamos El gran Combo de Puerto Rico que eran quizás las dos excepciones que no estaban en Fania, los únicos dos, incluso fíjate que íbamos a un espectáculo al Madison Square Garden , por ejemplo, donde estaban las Estrellas de Fania, el Gran Combo y Johnny Ventura, como tres cosas diferentes (risas), parece que era por la fuerza de penetración popular del Gran Combo y Johnny Ventura antes de que surgiera Fania como grupo, que yo sigo pensando que fue una de las mejores cosas que pudo pasar a la música latina, la creación de la Fania”.

Además de felicitar a Johnny Pacheco por esta gran iniciativa, Johnny nos dice que “en esa época nosotros también incursionamos en la salsa, porque era una de las cosas que nos ayudaba, como esos pitcher que tienen un repertorio amplio de cosas, pero de vez en cuando sorprenden con una recta dura también, nosotros también sorprendíamos con una buena salsa”.

Tampoco se dejaba amedrentar, Johnny fue de los que como su gran amiga y hermana Celia Cruz y la mayoría de los grandes artistas inmortales grabó son, bolero, guaracha, hasta boogaloo todo con el fin de mantener o recuperar “la fanaticada”.

Su historia en un libro

Huchi Lora dice en el prólogo que las páginas de este libro cuentan “la historia de un ‘tiguerito’… que no se dejó aplastar por su dura realidad, que se sobrepuso a todos los escollos y que logró no sólo alcanzar el éxito y fama, sino además algo mucho más difícil: mantenerlos durante décadas”.

Johnny Ventura nació el 8 de marzo del 1940 en Villa Juana. Es hijo de Martín Ventura y Virginia Soriano. A los 5 años se fue con su abuela Pina a La Vega donde estudió becado en el colegio Juan Pablo Duarte y  allí empezó “no sé ni cómo ocurrió” tocando redoblante en la banda de música y poco tiempo después ya era el batutero del mismo.