Cárceles de Haití: infierno de hacinamiento y muerte

.Estar encarcelado en Haití te volverá loco, si es que no te mata antes. Fuente externa.
.Estar encarcelado en Haití te volverá loco, si es que no te mata antes. Fuente externa.

PUERTO PRÍNCIPE.— Docenas de hombres demacrados, con pómulos hundidos y costillas sobresalientes, yacen en silencio en la enfermería de la prisión más grande de Haití, la mayoría demasiado débil como para ponerse de pie. El cadáver de un reo que murió de malnutrición está cubierto debajo de una capa de plástico.

En otras partes, hay prisioneros hacinados hombro a hombro en celdas tan llenas que tienen que dormir en hamacas suspendidas del techo.

A veces cuatro personas tienen que dormir en una litera. Los recién llegados a la Penitenciaría Nacional de Haití se abren camino a empellones para encontrar un espacio para dormir en pisos asquerosos, donde los reos están encerrados 22 horas al día y están obligados a defecar en bolsas de plástico, a falta de letrinas.

“Sin rodeos: Esto es el infierno.Estar encarcelado en Haití te volverá loco, si es que no te mata antes”, dijo Vangeliste Bazile, sospechoso de homicidio que está entre el 80% de los encarcelados que no ha sido hallado culpable de un delito pero está arrestado debido a una prologada detención previa a su juicio, en espera de una oportunidad para ver a un juez.

El hacinamiento, la mala nutrición y las enfermedades infecciosas que brotan en celdas han conllevado a un aumento de muertes de reos, incluyendo 21 en la penitenciaría de Puerto Príncipe solo el mes pasado. Aquellos que monitorean las prisiones del país están haciendo sonar las alarmas sobre las decadentes condiciones.

“Este es el peor índice de muertes prevenibles que he visto en todo el mundo”, dijo John May, médico de Florida que cofundó la organización sin fines de lucro Health Through Walls para mejorar las condiciones de salud en el Caribe y varios países africanos.

Prisioneros en la demacrada penitenciaría de Puerto Príncipe rodearon a periodistas de The Associated Press ansiosos de hablar sobre sus casos, quejarse de todo y de haber sido olvidados en ese horno hediondo.

Alrededor de un 40% de los 11.000 reos del país están encerrados allí en medio de una asquerosidad insoportable, a una cuadra de la sede del gobierno, y a muchos les atormenta la idea de estar detenidos indefinidamente.

“Realmente me asusta pensar que no voy a ver a un juez sino hasta que sea viejo”, dijo Paul Stenlove, de 21 años, sospechoso de asesinato que fue encarcelado hace 11 meses.

Las prisiones son lugares hacinados, lúgubres en muchos países. Pero el sistema penal de Haití es el más saturado del mundo, con un asombroso índice de ocupación de 454%, de acuerdo con un análisis reciente del Instituto para Investigaciones de Políticas Delictivas, de la Universidad de Londres. Filipinas está en segundo lugar, con un índice de 316%.

Los encarcelados, algunos de los cuales llevan ocho años esperando ver a un juez, tratan de mantener la cordura haciendo ejercicios, con una rutina diaria de lagartijas y levantando jarras llenas de agua sucia.

Otro juegan damas o dominó. Los prisioneros juntan el poco dinero que pueden conseguir para comprar pequeños televisores y radios para sus celdas. Pero con la malnutrición y la plaga de ratas en celdas hechas para 20 hombres que albergan a 80 o 100, es difícil enfocarse en otra cosa que la mera supervivencia.

“Aquí solo los fuertes pueden sobrevivir”, dijo Ronel Michel, prisionero en una celda demacrada, donde las paredes exteriores están manchadas con heces secas porque los prisioneros tienen que tirar su excremento por ventanas enrejadas. No todos los reos están desnutridos.

Algunos reciben alimentos de familiares que los visitan, mientras que otros tienen permisos de los guardias para tener contacto con gente que trae comida, cigarrillos y otros artículos.

Reporteros de la AP vieron a un reo con un fajo de dinero en efectivo parado cerca de la entrada principal ordenando tallarines y plátanos fritos de un puesto en la calle. Pero la gran mayoría de reos dependen las autoridades para comer dos veces al día, y reciben un poco más que las raciones de arroz, avena y harina de maíz.

Incluso el agua potable a veces escasea. Las autoridades de prisiones dicen que tratan de hacer lo mejor para llenar las necesidades de los prisioneros, pero muchas veces reciben pocos fondos del estado para comprar alimentos y combustible para cocinar, lo que conlleva a casos mortales de enfermedades vinculadas a malnutrición, como beriberi y anemia.

“Cuando el dinero demora en llegar, los prisioneros pagan las consecuencias”, dijo el director de la Penitenciaría Nacional Ysarac Synal.

El sistema penal de Haití es tan hacinado que los sospechosos son detenidos indefinidamente en otras prisiones igualmente hediondas, atiborradas, incluyendo celdas en cuatro estaciones policiales, donde la malnutrición es común.

Tres reos murieron recientemente de enfermedades relacionadas a mala nutrición en una prisión en la ciudad Les Cayes, en el sur del país. Se supone que la vida iba a mejorar un poco en estas prisiones.

En el 2008, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó a Haití que alineara a sus prisiones “inhumanas” con los estándares mínimos internacionales.

Tras un devastador terremoto en el 2010, países donantes y organizaciones humanitarias lanzaron proyectos con la meta de construir nueva infraestructura y mejorar las condiciones deplorables.

Una de estas mejoras fue el grupo de celdas “Titanic”, en la Penitenciaría Nacional, construido con 260.000 dólares del Comité Internacional de la Cruz Roja. Se suponía que la torre de cemento de esta instalación aliviaría el hacinamiento.

Pero unos años después de que abrió, posiblemente sea el grupo de celdas más hacinado de la prisión. “Solo mantenerlos vivos es una lucha permanente”, dijo Thomas Ess, jefe de la delegación de la oficina de la Cruz Roja en Haití.

El hacinamiento severo se debe parcialmente a la corrupción desenfrenada, en la que fiscales, jueces y abogados crean un mercado para las coimas, dijo Brian Concannon, director de la organización sin fines de lucro Instituto para la Justicia y Democracia en Haití.