Caribeando
De presentaciones y el negocio de la  música 

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La idea era traer a un cantante que tiene un público cautivo. Es alguien que no te llenaría un estadio, pero que atraería el suficiente público para Night Clubes como el “Maunaloa”, en dos presentaciones, o “La Fiesta” del Jaragua, en una.  No voy a mencionar el nombre de este artista, el respeto que siento por su trabajo me lo impide. No obstante, quiero decirles que mis ilusiones de ser productor de eventos musicales, se desvanecieron, o como decimos los dominicanos, “se me abrió el pecho”.  Todo estaba bien estructurado.

La factibilidad era alta. Había un inversionista dispuesto, y algunas diligencias de patrocinios nos aseguraron el éxito. Pero caí como “Condorito” cuando supe que los honorarios de la estrella no correspondían con la magnitud del evento. Sólo el “Estadio Olímpico” o “Palacio de los Deportes”, plazas que él no llenaría, me llevaría a quedar bien con todos los compromisos, y como es justo, ganar un dinerito.

Por más reajustes que hice, el proyecto estaba destinado a fracasar, lo que ha puesto a dar vueltas a mi cabeza. Ahora vivo preguntando, ¿Dónde están los beneficios que dejan estos artistas? ¿Será que soy tan incompetente para no encontrar la fórmula? ¿Cómo es que en este país se invierte tanto dinero en traer figuras internacionales? La República Dominicana ha sido escenario de las más diversas presentaciones musicales.

En el año pasado y lo que va de este, se han presentado más artistas que nunca en esta plaza, y no logro saber cómo se ha hecho. ¿Será verdad que estas presentaciones son un buen negocio?  Lo que puedo decir es que los números me dicen lo contrario. La matemática, además de perfecta, en esta ocasión se ha mostrado odiosa.