Caribeando
Hablando con el teléfono celular, un mal necesario

Hablando con mi teléfono celular. He estado en- vuelto en un arduo trabajo. Pero eso, más que complicarme, me da satisfacción. Una sola cosa me ha desesperado y eres tú.

Eres un maldito que suena y suena a cada hora, a cada minuto, a cada segundo; que irrumpe en mis momentos de concentración hasta llevarme al más desgarrador estrés.

No te soporto. Ya ni te aguanto. Llamadas de gente que quiero, de gente que no quiero, de quien no conozco. Mensajes de promociones, de mis amigos, de la compañía cobrando la factura, de los estafadores que me dicen que me he ganado un premio y que solo debo llamar a un número… bla bla bla.  Te odio. Si sigues así, poco faltará para que te pise. Pero estoy consciente de la importancia de estar comunicado-como dice la canción, “Contigo porque me mantas, sin ti porque me muero”. -Ay diabólico aparato, ¿Quién te dijo que existieras?, pero qué bueno que existes, porque  te necesito.

Apenas tengo un par de meses contigo, y además de que no te soporto, ya te encuentro anticuado, pues otro que acaba  de salir al mercado, me está guiñando un ojo para que te dé un zumbón y lo compre a él.

Ay teléfono Celular, ¿Por qué no te mueres, tú y toda tu generación? Así mi sistema nervioso y el de todo el mundo volvería  a la normalidad. Bueno, aunque si lo haces me cambiarías la vida. Hace 20 años no te necesitaba y ahora no puedo vivir sin ti, aunque si sigo contigo terminarás matándome. ¿Qué hago?